El médico que le toma el pulso a las emergencias

El médico que le toma el pulso a las emergencias

Laureano Quintero, director médico del HUV, con la mochila lista para ir en busca de sobrevivientes

Laureano Quintero

Hace ochos años, en la provincia de Kunming Shi, Yunnan, China, con otros cuatro médicos del HUV, dictó clases a 120 estudiantes de diferentes áreas en cirugía y medicina interna.

Foto:

Cortesía Grupo Salamandra

13 de agosto 2017 , 08:03 p.m.

‘Gracias por dejarnos vivir una Navidad más’, dice la carta que desde hace 22 años llega al Hospital Universitario del Valle. La envían los cuatro sobrevivientes del vuelo 965 de American Airlines que se estrelló en Buga con 164 pasajeros a bordo, un 20 de diciembre.

“El primer sobreviviente de American Airlines que encontramos se llama Mauricio Reyes Dorronsoro, de 19 años; la segunda fue Michelle Dusan, de 5; el tercero fue Gonzalo Dusan; la cuarta, Mercedes Liliana Ramírez y el último, Gonzalo Dusan hijo. Esos nombres, a uno, nunca se le olvidan, fueron las cinco personas que trajimos a Cali, pero una de ellas falleció”, dice el médico Laureano Quintero, director médico del HUV.

“Recuerdo las palabras de Mauricio. Tan pronto llegamos le tomé la mano y le dije –Soy cirujano, vamos a sacarte de acá- El abrió los ojos y dijo –Por qué se demoraron tanto- Ellos se estrellaron como a las 9:40 de la noche y al primer sobreviviente lo tuvimos en Cali como a las 12:45 del día siguiente”, agrega, sin dejar de mirar su computador, donde ha archivado cada uno de los eventos donde ha participado, como cirujano, o como docente. 

Ese evento sucedió hace 22 años y usted recuerda a los sobrevivientes con nombre y apellido.
“Nunca se olvidan esos pacientes, ni esas personas. Maicol Claros es el nombre del último cuerpo que tuvimos que buscar, todos los cuerpos de American Airlines fueron recuperados, pero faltaba ese, ya casi no había esperanzas. Era un muchacho muy joven, los familiares dependían un poco de lo que la gente decía, que estaba caminando por ahí, que estaba vivo. Solo hasta que les entregan el cuerpo, la gente entiende, la gente puede cerrar ese capítulo, si no, una mamá nunca va a renunciar, nunca va a aceptar la muerte hasta que no ve el cuerpo de su hijo. Esa época fue muy dura para todos, era Navidad”. 

El médico Quintero se gradúo en la Universidad Javeriana de Bogotá, es especialista en cirugía de la Universidad del Valle, tiene una especialización en gestión de la salud con énfasis en EPS de la Icesi y la Universidad CES de Medellín y tiene una maestría en Desarrollo sustentable con énfasis en emergencias y desastres de Univalle, en asocio con la Universidad de Tulane, de Estados Unidos y hace tres tomó el programa de subespecialización solo en cirugía de trauma, lo que a diario se hace en el HUV. Y como docente se ha movido por Bangkok, El Cairo, Alejandría, Nairobi, también lo han llamado de China, Marruecos, México, Ecuador, Brasil, Argentina y Perú para que dicte cursos.

Su cara es, quizá, la más conocida del HUV. Su primera vinculación con este Hospital, el más importante de todo el Suroccidente Colombiano, fue en 1991, donde llegó como residente de cirugía y donde estuvo como jefe de urgencias durante 10 años. Y del que también ha tenido que salir.

“Me han sacado varias veces. Estaba de director médico y, de un día para otro, me dijeron que tenía que dejar el cargo, hubo cambio de directores y venían con su propio equipo. En la última etapa sí hubo una confrontación muy fuerte y declarada contra una administración porque las cosas, pienso, no se estaban haciendo correctamente - No la que acaba de pasar, muy anterior- Me pidieron la renuncia. Yo he sido profesor todos estos años de la Universidad del Valle y como la Universidad enseña en el Hospital, he podido entrar todos estos años al Hospital, nunca me he desvinculado”.

Dicta clases los lunes, jueves y viernes a las 6:00 a.m., asiste un promedio de 30 personas entre internos de medicina, personas que se especializan en trauma, residentes y médicos de planta.

“Regresé en la etapa más compleja y más oscura del Hospital, porque estaba al borde del cierre, todo el mundo lo comentaba - Lo van a liquidar, lo van a cerrar porque no tiene cómo funcionar- Entonces, tocó buscar un grupo de gente que quisiera trabajar muy duro y, afortunadamente, el grupo humano de este Hospital es demasiado valioso y organizamos ese equipo. Cuando nos reuníamos, muchos pasaban por ahí y nos decían –No insistan más que el Hospital ya está muerto, no insistan más que ya no hay nada que hacer- Alguien me dijo -Esos compañeros suyos que están trabajando son los jinetes del Apocalipsis porque esto ya se lo llevó el diablo- Yo lo mire y le contesté -Son los jinetes del renacimiento, porque van a permitir que el Hospital salga adelante- Y ahí vamos, poco a poco, falta muchísimo, pero creemos que se va a lograr”.

Dice que este Hospital es un estandarte distinguido porque atiende a la gente que busca las alternativas más complejas: Los casos más complejos de cáncer, los casos más complejos de trauma, los casos más complejos de enfermedades pediátricas, los casos más complejos en ortopedia y hasta los casos más inverosímiles, como el del hombre que se quedó dormido con las piernas sobre la carrilera del tren.

Laureano Quintero

Desde hace un año, otra vez al frente de la dirección médica del HUV.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO


Eran las 5:30 a.m., a finales de los 90, cuando una llamada telefónica despertó al doctor Quintero. Le pedían que fuera hasta el municipio de La Cumbre, a unos 40 minutos de Cali, a sacar un hombre herido debajo de un tren. Como la ambulancia no pudo llegar hasta el sitio y lo dejó a un kilómetro de distancia, se montó en una ‘brujita’, esos carros de balineras que se ven en el Pacífico colombiano y que se deslizan por los rieles de la carrilera.


Todo el tiempo dio instrucciones por teléfono, el tren había destrozado la pierna del hombre y le había rozado la otra.
“Miré la situación rápido, miré la pierna, había que amputar. Le dije -Soy cirujano, estoy preparado para sacarte de aquí, necesito tu permiso- A las 6:20 a.m. estaba haciendo la amputación. Lo que le quiero decir es que estos elementos muestran lo difícil del asunto, es extrapolar el Hospital y brindar oportunidad de vida a la gente fuera del Hospital”.

Hace 12 años hubo una balacera en el Hospital, entraron a rematar a una persona e hirieron a una enfermera que estaba en urgencias y se le murió en el quirófano.
“Otra situación terrible la de junio pasado, la de nuestra residente de medicina interna que sufrió ese golpe mortal y se nos murió porque otra estudiante, al intentar suicidarse, le cayó encima. Uno presencia el triunfo de la muerte que, finalmente, siempre nos va a ganar la batalla, pero uno quisiera que no nos ganara la batalla con mucha frecuencia. Creo que esos son momentos muy duros, como cuando se te muere un niño que llega con un balazo”. Lea Sigue en estado crítico

Pero también le ha ganado la batalla a la muerte, como en Haití y en Ecuador, cuando los terremotos del 2010 y del 2016.

En Ecuador escucharon con el equipo de rescate unos gemidos en la parte baja de un edificio, el espacio era muy estrecho como para entrar.

“Empezamos a pedir sondas, llegaban en una hora y los gemidos eran débiles, la gente no podía esperar una hora; entonces, toca meterse, con los riesgos que eso implica. La tierra nos caía encima, el espacio era tan estrecho que el casco, con luz, no me dejaba mover la cabeza. Tocó quitarse el casco y entrar, ahí sacamos dos personas. Le dije al bombero -Cuánto tiempo tengo- Me contestó –Doctor 15 minutos para entrar y salir, si no, esto se puede caer- Para eso nos entrenaron, porque usted no puede ir y esperar a que le traigan la gente, somos grupos muy pequeños, a uno le toca meterse a la acción por completo y uno no sabe qué se va encontrar. Lo que yo vi fue un edificio encima de un señor atrapado”.  Lea El único temor​

¿Cuándo pasan esas tragedias a usted lo llaman, o usted se va?
La del tren nos llamaron, en el caso de los terremotos nosotros censamos qué tan grave es, vemos el impacto y salimos. Cuando una persona es herida se dice que existe la hora dorada del trauma, lo que haga usted en esa primera hora es crítico para que la persona viva o muera, a veces no tiene una hora, solo 10 minutos, si el disparo es muy grave, si la puñalada es muy grave. En los terremotos existen las 24 horas de oro del desastre, en las primeras 24 horas hay mayor chance de encontrar sobrevivientes, si usted pasa de 48 horas el chance de sobrevivir cae dramáticamente; las primeras 24 horas son horas de certeza, las siguientes 48 horas son horas de esperanza y después del cuarto día, son milagros, se encuentran, pero son milagros. En Haití, 7,3 de magnitud, arranque; en Ecuador, magnitud 7,8, arranque. En Armenia, el terremoto fue el 25 d enero de 1999 como a la 1:00 p.m., nosotros estábamos aterrizando allá a las 5:00 p.m. Usted puede llevar agua, víveres, equipos médicos hasta 15 días después, pero si usted va por sobrevivientes, tiene que llegar en las primeras 24 horas que son tan críticas. Lea Tramitan traslados

¿Cero nervios?
Hay que controlarlos. Lo que uno siempre tiene es el estrés y la tensión y el día en que uno esté muy confiado, que cree domina eso, ese día le va a pasar algo. Siempre hay nervios, siempre se está con el corazón acelerado, cuando se baja de un helicóptero siente mucho sudor, mucha tensión, creo que eso es bueno, el día que uno esté relajado pasa algo.

¿Hay gente en el HUV preparándose como usted?
Sí, claro, estamos formando más personas permanentemente para que sigan, médicos, enfermeras, personal de atención prehospitalaria y voluntarios, siempre vamos a los sitios de tragedia con alguien que aprende. A Ecuador fue un grupo comando de cinco personas, un ingeniero de rescate, un médico militar con experiencia en estos asuntos, un paramédico navegante, el jefe de misión que era yo y una persona sin mucha experiencia, era su segunda misión, pero tiene que aprender.

¿Esa vocación la ve en los nuevos estudiantes?
A
bsolutamente, todos quieren entregarse, todos quieren participar. Cuando la avalancha de Mocoa organizaron buses, viajes, voluntariados. Cuando hay terremotos y desastres, la solidaridad humana aflora notoriamente; el ser humano tiene muchas cosas que la gente cuestiona, pero la solidaridad es incuestionable.

Laureano Quintero

Ha estado como docente en China, donde volverá este mes.

Foto:

Cortesía Grupo Salamandra

Cuántas generaciones de médicos ha logrado educar?
No se, en los últimos 20 años he tenido la fortuna maravillosa de tener a los estudiantes de Univalle y a través de ella, la recepción de muchas otras universidades. Lo primero que yo les insisto es: Uno nunca sabrá lo que tiene que saber, siempre hay más cosas que aprender y el día que uno cree que ya domina un arte o alguna cosa en esto, ese día se va a equivocar. Cada que llega un herido aquí grave uno discute con los otros profesores y ve que no es tan sencillo y los hemos manejado 20 años, cada que llega un herido complejo lo discutimos y empezamos a mirar cuál es la mejor forma, se sigue aprendiendo cada viernes, cada jueves, cada lunes; cada vez que uno va a un desastre va con muchas tensiones, cada desastre es diferente al otro, la gente, el idioma, el ambiente, la réplica, la lluvia, la tormenta, el sol, el agua, el frío, la necesidad, son escenarios de sufrimiento permanente.

¿Cuándo uno sabe que ya cumplió, que no se puede hacer más nada, esa sensación se hace manejable con el tiempo?
¡No, nunca! Siempre queda la sensación de que uno pudo hacer más. Cuando usted atiende un poco de gente herida y ve un poco de gente muerta como en los terremotos, o tanta gente devastada por la caída de un avión o saca a alguien debajo de un tren, se pegunta si se pudo hacer las cosas mejor, por eso se recogen los documentos, para mirar, repesar qué se hizo, en qué nos equivocamos, en qué acertamos. Pero la sensación que queda es muy dolorosa, uno queda oyendo helicópteros y sirenas toda la noche, sigue soñando con eso, a veces. Lo del avión de American fue muy duro, fue una pesadilla que se repitió y se repitió muchas noches -Llegábamos a la zona y recuerdo estar abrazado con todos, todos estábamos muy sucios, con barro y nos arropábamos con una paracaídas térmico y eso no existe, y oíamos que los helicópteros ya venían, pero éramos muchos, no eran cinco sobrevivientes, era un montón de sobrevivientes- Es como esa sensación de que se pudo llegar antes, de qué se pudo hacer mejor.

No está casado, no tiene hijos y es doña Mery Barrera, de 75 años, su madre, quien reza todos los días por él y quien se queda angustiada cada vez que sale en busca de sobrevivientes.

¿Cómo se ve en el futuro?
Espero seguir ayudando siempre, siempre que uno pueda ayudar, entendiendo que uno nunca tiene la última palabra, que uno nunca sabe todo lo que tiene saber, que uno nunca es experto y que expertos en desastres no hay, créame, porque cada desastre es totalmente diferente al otro e impredecible. Uno acumula conocimiento, trata de compartirlo, pero mientras más aprende uno y más educado está, se da cuenta que nunca estará completamente educado.

¿Y como rescatista?
A medida que la edad avanza, su papel va cambiando. Pero toda su vida va poder ayudar, sea coordinando a distancia; llegando a la escena y coordinando operaciones sin meterse al campo de rescate; sea coordinando el apoyo de los hospitales; sea asesorando a los hospitales para ver cómo se organizan mejor. Mientras tenga capacidad de raciocinio ahí estaré, solo que el tipo de intervención va a cambiar.

¿Siempre listo?
Los pacientes valoran mucho que la gente que les va a ayudar llegue rápido. Yo le digo a mi equipo, si usted va a ir, sale, no puede discutir tres horas si va o no va; hay una planeación previa, por eso los equipos siempre los tenemos listos. Si nos llamaran ahora, la mochila está lista.

Rescate en Buga

Rescate en Buga de los sobrevivientes del American Airlines, accidentado por un error humano, según las investigaciones.

Foto:

AFP, archivo


“Siempre le digo a los periodistas, no pueden buscar un héroe en un tragedia, los héroes son todos los equipos y toda la gente que trabaja para que la ayuda funcione; yo no sería nada sin mi Hospital, sin mi equipo de emergencia, sin el SAR (Search and Rescue), sin los helicópteros, sin el piloto, sin el navegante, todos son protagonistas, tiene que ser un grupo de trabajo el que lo logre”.

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