En Bienal homenaje a abuelo que cuida carros y talla y pule esculturas

En Bienal homenaje a abuelo que cuida carros y talla y pule esculturas

A sus 90, Arturo Peñaranda mantiene sus manos firmes para el arte y quiere dejar obra a Cali

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A sus 90 años, mantiene la firmeza en sus manos para cuidar carros y pulir esculturas en madera.

Foto:

archivo particular

11 de septiembre 2016 , 04:32 a.m.

En las afueras del Teatro Municipal, epicentro de la cultura en Cali, muchos lo identifican porque con su trapito rojo y su sonrisa, se ha ganado la confianza de los propietarios de vehículos.

Este 29 de octubre cumple 90 años y a su edad se gana unos pesos cuidando carros en este punto y a veces en las afueras de la Plaza de Toros, aunque pocos sepan que él con sus manos hizo la escultura del Señor de Los Cristales.

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Es Arturo Peñaranda, quien se desempeñó como cotero cargando mercados o descargando mercancía pesada en camiones o como ayudante pero luego las fuerzas no le dieron más y tuvo que dedicarse a cuidar carros.

Lo que pocos saben es que tras este hombre de rasgos indígenas, cabello blanco, ojos claros y manos toscas se esconde un gran escultor, a quien la vida no le dio la oportunidad de vivir del arte como él hubiera querido.

Pero es que ni siquiera sabía que podía ser un artista. Fue en 1964, en un censo que se hizo en el país, que alguien se sorprendió con su talento. “Una niña de las encargadas de la encuesta entró a mi casa a censar y me vio haciendo un dibujo. Me preguntó que si yo era artista y le dije que no, pero ella insistió en que tenía todas las cualidades para hacerlo y me animó a que averiguara en el Instituto Popular de Cultura para que estudiara. Le hice caso, me presenté, pasé los exámenes y quedé”, recordó don Arturo.

En la academia

En ese entonces tenía 40 años. Era el mayor de su clase pero a la vez el más querido, y aún sin haber cursado ni siquiera un bachillerato, brillaba en su clase de Artes Plásticas.

Cuenta que, acostumbrado a los trabajos de fuerza, no fue fácil adaptarse. Con sus gruesas manos de labores rudas se le se le dificultaba seguir finos trazos, líneas y contornos con un delicado pincel.

Así terminó el curso y recibió su diploma que lo acreditaba como artista. “Cuando me lo entregaron yo salí con él debajo del brazo y ni siquiera sabía que iba a hacer”, cuenta riendo.

Ahora, casi medio siglo después de ese grado, sus ojos se iluminan al saber que recibirá un homenaje en desarrollo de las actividades de la III Bienal del Muralismo y Arte Público que se realizará en Cali.

En el evento participan 90 artistas de 17 países que en muros y grandes espacios dejarán unas 70 obras a Cali. Esos trabajos alcanzarán unos 8.000 metros cuadrados de colorido y creativo recuerdo, que se suman a 24.000 de dos bienales anteriores.

Trabajo en madera

Próximo a sus 90, dice sentirse como un hombre de 40. Ni siquiera su dolencia en el pie izquierdo que le impide caminar con normalidad, después de que una vena se le reventara, le quita las ganas de trabajar.

El dinero no le alcanzaba para comprar los materiales para las esculturas que tenía en su imaginación.

Y aunque puede trabajar en piedra, granito o mármol, por costos, comenzó a trabajar, a tallar y realizar figuras en madera, que le resultaba más económico.

Para él, cualquier objeto considerado como basura, es digno de ser convertido en una obra de arte.

En su mano sólo necesita tener un serrucho, un martillo, cincel, porra y un mazo, para crear grandes bloques en figuras indígenas, de mujeres, santos, rostros y demás, todos dignos de exposición.

Y aunque son muchas las obras que ha esculpido, a don Arturo no se le ha cumplido un sueño: el de hacer una gran obra para Cali en la que se cuente su historia tallada en piedra.

“Me la imagino en las paredes de las afueras de la Alcaldía o el Concejo Municipal, y lo he propuesto muchas veces pero siempre me dicen que no hay presupuesto”, dice. También ha querido forjar el cacique Petecuy en Pance.

Agrega que no existe apoyo para los artistas plásticos “pues todo se va para otro tipo de trabajos como los bailarines o las escuelas de fútbol. Nunca el gobierno municipal me ha apoyado por lo que tristemente tengo que decir que nunca pude vivir del arte”.

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“Mi vecina me pasa comida, una de mis hijas que vive cerca mi casa también me colabora, ayudo a los niños a hacer tareas de dibujo y sus papás me regalan 2 mil pesitos, y así me la voy rebuscando. Le digo esto con vergüenza, pero es mi realidad”, contó este artista residente en Puerto Mallarino, oriente de Cali.

Por todo lo que ha vivido y por su lucha diaria de dar a conocer su obra, es que don Arturo será reconocido en esta edición de la Bienal de Muralismo y Arte Público. “El mejor homenaje que me pueden hacer es que me den la oportunidad de plasmar una obra mía en Cali para yo decir: 'eso lo hice yo'”.

CALI

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