Pescados como el gualajo y el pargo rojo, o mariscos como la piangua y la cangreja son parte de la dieta de los habitantes de Timbiquí, un pueblo de difícil acceso escondido en el occidente caucano.
Quizás por esa rica dieta, los timbiquireños miran de soslayo los problemas que los atribulan.
Por ejemplo, gozan de solo seis horas de electricidad al día -de 6 de la tarde a 12 de la madrugada-, y algunos, por sus bajos sueldos, están coqueteando desde hace un tiempo con los tentáculos del narcotráfico.
Apenas cuentan con agua potable. Por ello, las enfermedades parasitarias y de otro tipo son numerosas.
A eso se le agrega un grave problema de aislamiento: a Timbiquí solo se llega por avión o lancha, situación que se convierte en un suplicio para aquellos que se enferman de gravedad.
Así les pasó hace unas semanas a tres familias, quienes no contaron con la manera de ayudar a sus hijos.
"Mi hijo Jonathan, de 8 años, comenzó a sufrir dolores de cabeza, vómito y diarrea", contó Aristides Obando. "Lo llevamos al hospital de Timbiquí, allí lo hospitalizaron, pero no sabían qué tenía".
El centro médico del pueblo solo tiene médicos generales sin las herramientas necesarias para realizar diagnósticos precisos sobre las enfermedades más graves.
Por esa misma deficiencia los papás de Isabel, de un año, también se vieron impotentes. El hospital nada podía hacer ante la aparente bronconeumonía de la niña.
Algo similar les sucedió a los papás de Milton Sanclemente, de 5 años, quien padecía una hernia encajada en un testículo y tenía que ser operado de urgencia.
Pese a contar con buena infraestructura, las enormes deficiencias de personal -apenas dos médicos--, equipos y suministro de medicina hacían imposible realizar en el hospital las cirugías que requerían Milton y Jonathan, así como brindar los cuidados necesarios a la pequeña Isabel. Sin la atención oportuna, estos niños corrían peligro de muerte. La angustia se les notaba a los padres, que no podían contener las lágrimas.
Ninguno de ellos esperaba una ayuda como caída del cielo: la llegada del grupo de médicos especialistas voluntarios de la brigada de salud 'Alas para la gente', promovida por la FAC, el Ministerio de la Protección Social y la Dirección de Responsabilidad Social de Casa Editorial EL TIEMPO.
Durante dos días, los galenos se dedicaron a evaluar y tratar a la población timbiquireña, tal y como hacen cada vez que llegan a una zona vulnerable del país. En esta ocasión quienes más necesitaron de su ayuda fueron los tres menores.
La orden de la Brigada fue inmediata: los tres niños tenían que ser trasladados de urgencia a un mejor centro médico, tarea que se hizo de inmediato en un avión.
En total, 937 consultas se realizaron en esta población de casi 15 mil habitantes, que vive de la minería, la pesca y la agricultura. Psicólogos, pediatras y dermatóloggos, entre otros, atendieron sus dolencias.
Esta semana, Jonathan se volverá a reunir con su papá.
DIEGO A. SANTOS
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
(TIMBIQUÍ)