En exclusiva este militar le contó a Boyacá 7 días sus peores momentos en la selva, sus más duras vivencias y lo que espera del Gobierno ahora.
Tres años amarrado de las manos, los pies y el cuello a árboles diferentes como castigo y las pesadas cadenas que compartían sujetas al cuello con otro secuestrado, hacen parte del dramático testimonio que Raimundo Malagón Castellanos le entregó a Boyacá 7 días sobre los nueve años, 10 meses y 28 días que permaneció en poder de las Farc:
¿Qué fue lo más duro de su secuestro?Cada uno de los 3.615 días que estuve en poder de los terroristas me dejaron cicatrices no solo físicas sino en el alma; pero sin duda la que nunca podré borrar es la de la muerte de mi madre cuando yo llevaba un mes retenido.
¿Cómo resume su regreso a la libertad?
La verdad, como mi general Freddy Padilla de León lo había dicho, la operación se dio sin riesgos, pero todo lo resumo diciendo que es un milagro de Dios con el que volví a nacer después de tantas torturas e injusticias.
Mi mente quedó en blanco en el momento en que escuché a mis compañeros decir que ellos pertenecían al Ejército y que estábamos libres. La mayoría saltaba y lloraba de la alegría pero en mi caso tarde unos tres minutos en recuperarme porque no lo podía creer. Cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo sólo atiné a dar gracias a Dios y a convencerme de que realmente los milagros sí existen.
¿En qué momento se vio más cerca de la muerte?
Dadas las circunstacias en las que permanecíamos a diario en medio de esos terroristas sabía que en cualquier momento podía fallecer y muchas veces pensé que llegaba mi final.
¿Qué fue lo que más duro le dio?
El trato inhumano al que eramos sometidos. Cuando llevaba un mes en cautiverio me les fugué y estuve caminando durante tres días, pero como no conocía la zona, me capturaron y como castigo tuve que permanecer tres años amarrado de manos, pies y cuello con sendas sogas a diferentes árboles.
Después tuve que permanecer encadenado del cuello con otra persona y esto era muy incómodo ya que hasta teníamos que ayudarnos para hacer nuestras necesidades fisiológicas. Pero, además, la mayoría sufre enfermedades como hepatits, leishmaniasis y afecciones intestinales. En cuanto a la alimentación, sólo comíamos arroz, lenteja y pasta, tres veces al día.
¿Qué le ha sorprendido afuera de la selva?
Es como si estuviera empezando a despertar de una horrible pesadilla; sin embargo, aún estoy atónito y no me he podido recuperar por tantas cosas nuevas que encuentro a mi alrededor. Hay cambios totales en mi familia y en el país.
Casi que no queda rastro de lo que conocí hace cerca de 10 años. En Bogotá algo de lo que más me ha sorprendido es el sistema de Trasmilenio y lo de la nueva tecnología en los celulares.
¿Y de Boyacá?
En cautiverio muy de vez en cuando nos permitían leer algunos recortes de prensa que hacían referencia a temas de nuestras regiones y a través de la radio me enteraba de lo más importante que sucedía en mi departamento.
Me enteré que mi hermano fue electo como alcalde de Tinjacá, que están haciendo una ampliación en la vía entre Sogamoso y Bogotá y que la Plaza de Chiquinuirá la ampliaron. Pero, por ejemplo, no se cómo se llama el Gobernador.
¿Cómo están los demás boyacenses en cautiverio?
En varias oportunidades me encontré con los otros boyacenses y nos hablábamos pero desde hace cerca de dos años no volví a saber más de ellos, sin embargo estoy seguro de que regresarán sanos y salvos a sus hogares.
¿Volverá al Ejército?
Si mis mandos lo consideran seguiré sirviendo a mi patria y con la generosidad de nuestro señor Presidente es posible que nos asciendan al rango que deberíamos tener, que para mi caso sería el de capitán y a final de año a mayor.
Quiero por último agradecer a todos los boyacenses que siempre me hicieron sentir que yo era importante y asegurarles a los secuestrados y a sus familias que con toda certeza regresarán a sus hogares. Este domingo a las 9:00 a.m. le harán el recibimiento en Chiquinquirá. En Tinjacá también preparan una manifestación de bienvenida.
'Mi esposa murió por el secuestro de Raimundo'
Con la voz entrecortada, entre la risa y el llanto Efraín Malagón agradeció a Dios la oportunidad de poder volver a ver su hijo, Raimundo Malagón, después de diez años.
"Mi esposa murió al mes que Raimundo lo secuestraron; la pena moral se la llevó a la tumba; afortunadamente pude resistir tantos años de sufrimiento", señaló el anciano de 78 años.
Y así como él experimentaba una mezcla de sentimientos, su nieta y su hija no sabían cómo manifestar la felicidad que las embargaba, pues la noticia las tomó por sorpresa, en su humilde casa, ubicada en la vereda Providencia, situada a dos kilómetros de Tinjacá.
"Yo estaba haciendo mis quehaceres cuando de pronto recibimos una llamada de mi hermano para que rápido prendiéramos el televisor. De esa manera nos enteramos", indicó Laura Malagón sobrina del subteniente.
Por su parte Natividad Malagón, hermana ex secuestrado, aseguró que lo primero que hará cuando Raimundo llegue a casa será cocinarle mute, uno de sus platos favoritos.
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