Foto: Felipe Caicedo-EL TIEMPO
Los seguidores de los equipos demostraron amistad y mucho respeto durante el compromiso, que tuvo lleno total.
A partir de las 7 y 40 de la noche, un solo grito se escuchó en la capital boyacense: ¡Chicó campeón!
Desde ese momento los hinchas del equipo ajedrezado se alzaron la ruana y se tomaron las principales calles de Tunja para celebrar hasta la madrugada.
No importó el gélido aire tunjano. "Por fin tenemos una estrella", cantaron.
Cinco años pasaron antes de que Tunja viviera escenas como las que se vieron desde la tarde del sábado, antes del pitazo inicial de la gran final del fútbol colombiano, que enfrentó al Boyacá Chicó con el América de Cali.
Al estadio La Independencia entraron 12.500 personas, y no les importó la incomodidad en las tribunas. Muchos de los hinchas llegaron desde Medellín, Bucaramanga y Casanare, y de diversas poblaciones boyacenses.
Y también tuvo la barra de hinchas prestados que querían todo menos que el América ganara. Uno de ellos fue Mauricio Galvis, un campesino de 58 años de edad que se confiesa hincha fiel de Millonarios.
Él decidió dejar de lado sus labores en Tasco para viajar a Tunja y hacerles fuerza a Gamero y sus muchachos, aunque no pudo hacerlo en el estadio.
Las 12 mil boletas -con precios desde los 35 mil hasta los 70 mil pesos- se agotaron. "Me quedé sin entrada, pero no me quise perder este momento de gloria", cuenta.
Con Galvis, cientos de aficionados tuvieron que ver desde afuera del estadio el triunfo 'boyaco'. A las 4:00 p.m., el alcalde de Tunja, Arturo Montejo, anunció que no se permitiría el acceso a las tribunas 5 y 6 porque eran inseguras.
Por lo menos, 450 personas que compraron su boleta alborotaron la calma que reinaba hasta ese instante. Les pidieron que fueran al coliseo de deportes, alterno al estadio, para que vieran el juego en pantallas gigantes de video. "El lunes se les devolverá el dinero que pagaron", prometió el mandatario.
La ciudad se paralizó
Para que nadie se perdiera el encuentro, también se ubicaron pantallas gigantes en la Plaza de Bolívar y la plazoleta de Las Nieves, los sitios más concurridos de la ciudad.
Hasta la estatua de Bolívar a caballo en la plaza central de Tunja se vistió con la gran ruana de cuadros que diseñaron los hinchas del Chicó.
Con banderas, cornetas, pitos, pelucas, disfraces y el infantable abrigo boyacense, los aficionados se ataviaron para asistir a la fiesta. Una hora antes del partido seguía llegando buses con hinchas. Monumentales trancones se generaron cerca del estadio, pero no hubo peleas. Los seguidores de los dos equipos no solo compartían las mismas filas sino que se abrazaban.
La marea ajedrezada, por supuesto, era mayoritaria. Se veían sombreros altos y a cuadros por todas partes, pero no eran pocos los hinchas con camisetas rojas y cara de calentanos. Una nutrida cantidad llegó de Cali, pero también hubo muchos bogotanos.
Los boyacenses hacían ruido. Sin embargo, no tanto como se ve en otros estadios, donde hay barras curtidas de estrellas. A veces se sentían más los americanos, que soñaban con la número 13.
El gol de Caneo calentó los ánimos de la calmada tribuna tunjana y a medida que pasaban los minutos los cachetes de muchos se pusieron más rojos ante la inminencia del título, pero, casi al final, el gol americano los puso pálidos.
Vino, entonces la lotería de los penaltis. Los hinchas rojos se fueron cabizbajos y escoltados. Y los del Chicó se lanzaron con harina y espuma en spray a las calles. Los pitos y las banderas llegaron hasta la plaza de Bolívar para hacerle calle de honor al equipo que Eduardo Pimentel les regaló un día. Tunja no para de celebrar, porque ahora tiene al campeón, sumercé.
HARVEY YECID MEDINA
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
TUNJA (BOYACÁ)
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