La fragilidad de TransMilenio / Opinión
Por: Yesid Lancheros / Columnista de ADN | 9:28 a.m. | 11 de Febrero del 2011
Los destrozos causados ponen de presente la necesidad de contar con una Policía especializada.
Hace ocho días, vimos unas escalofriantes imágenes en televisión, donde unos delincuentes atacaron violentamente la estación de la 38 y destruyeron un bus. ¡Qué salvajismo! Y qué ironía que sigan libres aquellas personas, que protestaron por unos operativos de la Dian contra el contrabando en Sanandresito.
El pasado viernes, nos quedó claro, una vez más, la fragilidad del sistema. Hoy, diez años después de su nacimiento, es increíble que TransMilenio, que moviliza a más de 1.500.000 pasajeros diarios, cuente apenas con 180 policías profesionales y 480 auxiliares bachilleres.
No se necesita ser sabio para concluir que eso es absolutamente ridículo y francamente insuficiente si se quiere garantizar la tranquilidad en 114 estaciones y portales; 1.215 articulados y 515 buses alimentadores, a lo largo y ancho de la vasta geografía bogotana.
No nos digamos mentiras: los auxiliares bachilleres, más allá de su buena voluntad, no cuentan con los elementos necesarios (si acaso un bolillo) para combatir ataques demenciales como los de la semana pasada. Por lo que vi, eso parecía una banda previamente articulada para actuar.
Este tema de la inseguridad en TransMilenio no es un asunto baladí o de poca monta. De un tiempo para acá se volvió casi una moda desquitarse con TransMilenio para protestar por asuntos tan ajenos y lejanos al sistema, como problemas en colegios y demás. ¿Qué culpa tienen los buses rojos? ¿Acaso el sistema representa al establecimiento? ¿Ignoran los vándalos que los principales beneficiados de las troncales son las personas de bajos recursos?
En el fondo, este débil pie de fuerza en TransMilenio es un fiel retrato de lo que ocurre en Bogotá. Según las cifras que tengo a la mano, contamos con un policía por cada 450 habitantes, una media que no corresponde con la sugerencia de Naciones Unidas para capitales latinoamericanas, pues se pide uno por cada 250.
Con la 'toma'' del director de la Policía, el general Óscar Naranjo, a Bogotá se anunció que llegarían 1.300 policías más a las calles de la ciudad.
Esta noticia, sin embargo, hay que recibirla con cierto escepticismo. ¿Por qué razón? Anuncios similares se han venido escuchando y ventilando desde los últimos cinco años, desde la alcaldía de Lucho Garzón, cuando el equipo técnico de la Secretaría de Gobierno determinó que una de las principales debilidades del Distrito para contener la arremetida de las bandas criminales era precisamente el déficit de uniformados. Y los llamados y súplicas van y vienen, año tras año, clamando por presupuesto.
Pero en este punto la Alcaldía de Bogotá depende exclusivamente de la Nación, y concretamente del Ministerio de Defensa, para que se vinculen más uniformados, preferiblemente profesionales y entrenados para luchar contra la ola de atracos que nos sacude.
Por último, y a la luz de las dificultades presupuestales que puedan presentarse en el sector oficial, sería bueno que los operadores de TransMilenio piensen en la posibilidad de costear un esquema privado de vigilancia con sus utilidades.
Considero que no solo ganan la ciudad y los pasajeros, sino el propio bolsillo de ellos, afectados por la demencia de unos cuantos que, en pleno siglo XXI, reclaman de manera salvaje y primaria.
YESID LANCHEROS
Columnista de ADN
yeslan@eltiempo.com.co
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