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Nieta de Gaitán dice que los tiempos de su abuelo están reviviendo

Por: LUCEVÍN GÓMEZ E. | 11:02 p.m. | 17 de Febrero del 2012

  Una Gaitán  vuelve a  Gobierno del Distrito

María creció oyendo los discursos de Gaitán, en casa de su abuela materna.

Foto:

María Valencia Gaitán, secretaria de Hábitat de la administración de Petro, habló con EL TIEMPO.

El perfil de Jorge Eliécer Gaitán tallado en la puerta de madera de un armario listo para arreglo es lo primero que se ve al entrar al apartamento de María Claudia Valencia Gaitán, una de las nietas el caudillo liberal asesinado en Bogotá el 9 de abril de 1948.

Es el abuelo que se repite en las fotografías puestas en un rincón 'sagrado' de su vivienda, en los centenares de documentos, cartas, grabaciones y objetos recopilados en los últimos 15 años.

Todo con un fin: que el tiempo no sepulte las ideas ni se tergiverse la historia del líder inmolado.

Ella, que como arquitecta cree que su profesión es también un acto político -como decía uno de sus maestros, Rogelio Salmona-, se estrena en su primer cargo público: secretaria de Hábitat en el gabinete del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.

Y no podría estar más a gusto, cuando María cree que con Petro se ha vuelto a la época de su abuelo.

"Me parece estar viviendo tiempos de Gaitán. Los ataques que le están lanzando a Petro son tanto o peores que los de esa época, porque él quiere desarrollar otro modelo de ciudad que no le conviene al statu quo".

Petro, a su vez, no ha escondido su deseo repetido de devolverle a la calle 26 el nombre de Jorge Eliécer Gaitán.

'Pues sí, soy la nieta'

"Muchas veces -expresa- me han preguntado qué significa ser la nieta de Jorge Eliécer Gaitán y copio una frase de mi abuela que decía: '¿Usted qué siente teniendo nariz?'. Pues sí, soy la nieta, y eso ha sido parte de mi vida, como haber conocido de cerca a Salvador Allende (el expresidente de Chile) y a gente muy importante, como Fidel Castro. Eso era para nosotros algo natural".

Su naturalidad proviene de haber nacido en una familia muy comprometida políticamente con la izquierda, el gaitanismo vívido de sus padres, Gloria Gaitán -la única hija del caudillo- y Luis Emiro Valencia, un dirigente del Partido Socialista Colombiano.

Desde muy temprana edad, ella los acompañaba en las campañas políticas, en los viajes, en el periódico Gaitán (se llamó después Batalla del pueblo) que escribían.

Creció oyendo los discursos del abuelo a la hora de las onces, sentada en la casa de su abuela materna, con su su hermana Catalina y sus tías.

El Allende que conoció

Tenía 6 años (la misma edad de su hija Manuela) cuando conoció al presidente Allende, en Chile. Su madre la llevó allí a vivir con su hermana, en enero de 1973, tras separarse de su padre, no hallar empleo en Colombia y recibir del mandatario chileno una oferta de trabajo.

"A la edad que tenía, él (Allende) fue como un reemplazo inmediato de los afectos paternales. Era profundamente amoroso, muy consentidor. Todavía tengo los regalos que me dio", y enseña uno de ellos, un hongo de madera que le llenaba siempre con dulces. Los encuentros terminaron con el golpe militar.

"Recuerdo que Allende llamó ese día muy temprano a la casa. Debían ser como las 6 de la mañana, porque íbamos a salir con mi hermana para el colegio. Él le dijo a mi mamá que no nos dejara ir a estudiar. Sabía que iban a darle un golpe de Estado -lo que no se sabía era cuándo ni quién lo iba a ejecutar-. Luego, siguieron muchas llamadas telefónicas en el día.

"No sabíamos que esa iba a ser la última conversación. Como a mi hermana y a mí nos habían robado las bicicletas en la calle un día antes, Allende habló de que no nos preocupáramos, que él ese día nos iba a llevar unas nuevas".

Después, lo que sucedió ese 11 de septiembre, para ella transcurrió muy rápido.

"Una amiga de mi mamá llegó a la casa y nos llevó lejos, a una finca, de donde no podíamos salir por ningún motivo. Estaba rodeada de otros propietarios, que eran momios (así les decían a los que estaban en la oposición al gobierno de Allende). Como en esa casa nunca había niños, les habría parecido raro a los vecinos nuestra presencia.

"A mi mamá no la volvimos a ver por mucho tiempo. Un día, de pronto, nos metieron en un carro y nos llevaron a la embajada de Colombia. Ahí había una escalera que bajaba como un caracol.

Tengo clara esa imagen porque ahí fue cuando volví a ver a mi mamá después de mucho tiempo. Estaba flaca, muy flaca, de una manera impresionante (se interrumpe por el llanto).

"En seguida, de ahí nos sacaron en una camioneta, pasamos por un estadio donde recogieron a otros colombianos y nos subieron a un avión de la FAC. Ese viaje de regreso a Bogotá me pareció larguísimo".

Ya adolescente, a los 12 años, conoció a Fidel Castro. "Él nos invitó a Cuba con mi mamá y mi hermana. Fue como conocer, también, a alguien cercano. Lo vi como lo puede ver un niño a esa edad: grandote y muy carismático".

Se educó siempre en colegios franceses -en Colombia y en los países donde su madre la llevó a vivir- y se graduó de arquitecta en la Universidad de Los Andes. Después, se fue a París a estudiar y a trabajar.

Obtuvo la maestría en Historia Urbana, en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales, y formó parte de los equipos de renombrados arquitectos como Santiago Calatrava, Jean Nouvel -ganador del premio Pritzker en arquitectura- y varios de los que proyectaron las grandes obras urbanas del expresidente François Mitterrand.

Pero el rumbo de su vida como arquitecta en París cambió, con un intempestivo viaje a Nabusímake, el poblado principal de los indígenas arhuacos, ubicado en la Sierra Nevada de Santa Marta.

En Pueblo Bello, camino a Nabusímake, halló una estatua de Gaitán en el centro del parque. Investigó que la habían cargado en una bicicleta para llevarla hasta ese sitio lejano. El 'dueño' acababa de morir.

Esa historia la hizo entender que la generación que había vivido con Gaitán estaba muriendo. A la vez, que él seguía vivo en la memoria del resto de la gente. "Siempre había vivido el compromiso con mi madre de rescatar su memoria, sus ideas, pero a mi abuelo no lo había estudiado. Comencé a hacerlo. Ese viaje me volvió muy gaitanista", confiesa.

La pelea de los calvos

Comenzó a producir el documental Gaitán sí, primera parte de una trilogía que reconstruye la vida del líder popular. La cofinanciación del Ministerio de Cultura para ese proyecto -recuerda- no cayó bien entre los documentalistas.

Uno de sus amigos la tranquilizó diciéndole: "Hay que entender que somos una mano de calvos peleando por una peineta y tú te quedaste con la peineta. Por eso, todos los calvos están furiosos", cuenta.

Con disciplina y rigurosidad (heredados de su abuelo y madre), continuó con la segunda parte de la trilogía, 9 de abril de 1948. Y concluye: "Lo que hubo ese día no fue un 'bogotazo', sino un 'colombianazo', porque la revuelta fue en todo el país y sus consecuencias las seguimos padeciendo".

Estaba realizando escenografías para teatro -otra de sus especializaciones- y gestionando proyectos arquitectónicos en su oficina, cuando le aceptó a Petro incluirla en la lista de Progresistas al Concejo. En ese nuevo partido estaba su esposo, Daniel García Peña.

A María le tocó el número 26 de la lista. Le pareció curioso, al llamarse la calle 26 como su abuelo.

Obtuvo 1.385 votos. "No sé de dónde salieron, porque lo único que hice de campaña fue una postal. No quería ser concejal".

Su aspiración estaba en desarrollar el nuevo proyecto de ciudad de Petro, que plantea la revitalización del centro y también la meta ambiciosa de hacer 72.000 viviendas de interés prioritario. Hasta ahora, ninguno de sus antecesores ha cumplido el plan. María asegura que ella sí lo logrará.

LUCEVÍN GÓMEZ E.
REDACTORA DE EL TIEMPO
lucgom@eltiempo.com

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