Foto: David Osorio / EL TIEMPO
La tarea está hecha. Son las 12:30 del día. Han pasado 20 minutos desde que salieron de la casa. Juan Carlos siempre llega a tiempo.
El reciclador bogotano Édgar Rico es de los pocos de su oficio con apellido millonario, pero, irónicamente, atropellado por la desigualdad social.
En sus hombros debe cargar a diario a Juan Carlos, su hijo de 18 años y 50 kilos de peso, al que un defecto congénito llamado mielomeningocele le impide caminar con facilidad.
A las 12:10 del día y con el sol golpeando fuerte, padre e hijo emprenden su cotidiana travesía con destino al Instituto Educativo Distrital San Agustín, donde el joven cursa último grado.
Se abre la puerta de la casa de los Rico, ubicada en el barrio Portal de la Picota, un denso sector de la localidad Rafael Uribe Uribe.
Entre su mamá, Aura María, de 49 años y Édgar, sientan al joven en una escalera de cemento al frente de la vivienda, a la espera de que su padre ultime detalles para cargarlo.
Édgar ya le tiene el tiro 'a la vuelta'. Se agacha sutilmente. Aura empuja de las nalgas a su hijo y en tan sólo unos instantes, los zapatos ortopédicos de Juan Carlos bailan sobre las tetillas de Édgar, ocultas tras un descosido saco vinotinto.
La cruz de Édgar
El reciclador camina con paso apretado como si fuera un marchista en trance de concurso. Es una competencia contra la pobreza, que no le permite costear una silla de ruedas, la cual podría hacer las cosas definitivamente más fáciles.
En esta especie de viacrucis no hay paradas. Son 10 interminables cuadras por un camino plagado de casitas pintadas de todos los colores donde las abuelitas arrojan por las ventanas las migajas del desayuno y para sus adentros y al ver la escena del hombre de 'dos pisos' concluyen: "Pobre vecino, pobre". Pero nada hacen. Nadie hace nada.
Ahora, la pareja atraviesa la panadería Ding Dong Pan en el momento justo en el que un hombre se toma un sorbo largo de Colombiana, que para Édgar no resulta una tentación sino un estímulo para llegar a la meta.
Con el pucho de la vida
La vida de Édgar, el reciclador con apellido millonario pero sin un peso en el bolsillo es de a puchos: sobrevive con su familia de las latas, del papel y las pocas botellas que se encuentra en la calle.
"Para mí llevar a Juan a cuestas se ha convertido en una costumbre. Ya tengo hasta callo en el hombro", afirma el padre de familia, mientras deja al desnudo la dolorosa herida y la triste historia de la silla de ruedas que les robaron.
"Hace como dos años un sargento interrumpió mi marcha. Yo iba con mi muchacho a 'tuta' y el hombre me preguntó por la enfermedad de mi hijo. Conmovido, no tuvo más remedio que regalarme la silla al cabo de unos días. Parecía que las cargadas habían terminado, pero estaba equivocado. Dos meses después, unos hampones se metieron a la casa y se robaron la silla", cuenta el hombre. Una colegiala de cumpleaños, untada hasta el diablo de harina y de huevos, anuncia que la meta está cerca.
Édgar da muestras de cansancio. El bozo y el cuello los tiene perlados de sudor. Este esfuerzo tan grande, que se repite a las 6:30 de la tarde cuando debe recoger a su hijo y echárselo de nuevo al hombro, es para Édgar una prueba que el Señor ha puesto en su camino y de la que en la tierra sólo puede dar fe su hijo.
"Eso no lo hace cualquiera. De otro diría: mire a ver cómo se defiende. Llevo 12 años en sus hombros y sin duda puedo decir que se lo debo todo", aclara conmovido Juan Carlos, uno de los mejores de su clase y quien ha sabido sortear las bromas de sus compañeritos: "¿Tan grande y aún lo traen al colegio?", se burlan.
¿Qué es el mielomeningocele?
El defecto que padece de nacimiento Juan Carlos Rico, es uno de los más comunes del sistema nervioso central. Es una anomalía del tubo neural caracterizada porque los huesos de la columna no se forman completamente. Esto produce que la médula espinal y las meninges (tejidos que recubren la médula espinal) salgan por la espalda del niño. El mielomeningocele puede llegar a afectar a 1 de cada 800 bebés.
albfor@eltiempo.com.co
<< Anterior Artículo 3 de 9 Siguiente >>
Publicidad
COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.