Madre relata por qué se arrepiente de que sus hijos hubieran trabajado
Por: CAROL MALAVER | 10:26 p.m. | 02 de Diciembre del 2011
A Adriana le cambió la vida cuando el Distrito le ofreció ayuda para capacitarse y poder trabajar.
Foto:Se fortalecieron instrumentos legales para quienes utilicen, comercialicen o mendiguen con niños.
Con callos en los dedos de desgranar arvejas, las caras enrojecidas de la polución y las sobras de comida que alcanzaban a recoger del piso de la plaza de mercado, terminaban los días de cuatro niños de una misma familia en una pequeña habitación en la localidad de Bosa.
Adriana Cañón, desplazada por la violencia, tuvo que huir de Fusagasugá cuando le desaparecieron a su esposo. Por eso, solo pensó en poner a trabajar a sus hijos cuando llegó enferma y sumida en una total depresión a las calles de la capital. "Era eso o morirnos de hambre".
La jornada comenzaba a las 3 de la mañana y había días en que los menores se le medían al oficio de coteros para lograr un diario, mientras Adriana preparaba empanadas, que luego vendían sus hijos en los corredores de Corabastos.
En épocas navideñas, los niños, lejos de disfrutar de las luces o los regalos, se arriesgaban en peligrosas esquinas para vender espigas, velas y faroles, soportando la indiferencia de transeúntes que deambulaban sin siquiera mirarlos. "Un día un carro atropelló a mi hijo".
Esa terrible experiencia y la cruda realidad que Adriana veía todos los días la hicieron consciente de su error. "Me di cuenta de que muchos padres golpeaban a sus pequeños o los dejaban sin comer si no vendían lo suficiente. Hay una mafia de delincuentes que pone a los niños a trabajar. No justifico mi actuar. Yo lo hice por necesidad, por depresión, por hambre, pero no siempre es así".
El polo a tierra le llegó a esta mujer cuando profesionales del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) detectaron la situación. "Sentí morir. Pensé que me iban a quitar a mis hijos", dijo Adriana con dolor de madre. Pero, al contrario, recibió capacitación y apoyo psicológico y a los pocos meses decidió sacar a sus hijos de las calles. "Luchemos por ellos, pero dejémoslos ser niños".
Entonces, no solo recibió ayuda para capacitarse en sistemas, panadería, atención al cliente y hasta mecánica dental, sino que logró que Teletón gestionara una operación que le devolviera la movilidad. "Yo tengo displasia de caderas y, antes de la intervención, usaba un caminador".
Todo eso hizo que su vida cambiara; ahora es cajera en Carrefour y tiene un taller de prótesis en su casa. Todos sus hijos estudian y uno de ellos va a ingresar a la Universidad Nacional a cursar Enfermería. Era el fin de una dolorosa pesadilla de largos días sin esperanza. "Sí, se puede. Yo cometí un error por mi profunda depresión, pero no hay nada que justifique poner a trabajar a un niño".
Cárcel para explotadores
El Distrito explicó que con la Ley de seguridad ciudadana 1453 de 2011 quien utilice, instrumentalice, mendigue o comercialice con niños podrá ir a prisión de 3 a 7 años.
El menor será conducido al ICBF para el restablecimiento de sus derechos. La pena se aumentará a la mitad cuando el actor sea un pariente hasta el cuarto grado de consanguinidad, segundo de afinidad o primero civil. En la ciudad hay 17 Centros Amar que atienden a 1.813 niños explotados laboralmente.
CAROL MALAVER
REDACTORA DE EL TIEMPO
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