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Tigrillo que tenían domesticado no podrá volver a su hábitat

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Fue decomisado el pasado mes de octubre en una vivienda de Niza, noroccidente de Bogotá.

El tigrillo estira sus 98 centímetros de cuerpo y, con maullidos amistosos a los visitantes que lo miran, intenta sacar sus patas por la malla que protege la jaula del Centro de Fauna de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), donde se encuentra hace cuatro meses.

Pero ese comportamiento, que a simple vista parece normal, no lo es para su especie, Leopardus pardalis, que se esconde de los humanos en su hábitat natural, como las zonas boscosas o semidesérticas de la Orinoquia y La Guajira.

Este felino, que ha mostrado en el centro su incapacidad para defenderse hasta de un conejo, se debe a que, contra su naturaleza, fue domesticado como si fuera un gato. Lo tenían, ilegalmente, como mascota en una vivienda en Niza, en el noroccidente de Bogotá, donde fue decomisado por la Policía Ambiental y la SDA, en octubre del año pasado.

Las autoridades ambientales llegaron hasta allí por denuncias de
los vecinos, que descubrieron al tigrillo andando en el patio de una casa de ese sector. El animal, comprado por 3 millones de pesos, compartía el encierro con una tortuga, y su dueña (una mujer de 30 años) lo alimentaba con presas cocinadas.

Carolina Rangel, zootecnista del centro, dijo que "los tigrillos son una especie en extinción que se alimenta de animales vivos que caza y consume rápidamente. El ejemplar estaba tan amansado que no se logró su rehabilitación, pese a los esfuerzos que se hicieron para despertar su instinto felino".

En la jaula, de 6 metros de ancho por seis metros de alto, donde lo tiene la SDA, no respondió bien las pruebas de su especie.

Aunque le pongan aves, ratas y conejos para que los cace y consuma velozmente, lo que hace el felino es jugar con ellos.
Demora más del tiempo debido: hasta una hora. Después, por cansancio y la fuerza del hambre de dos días sin alimento, se los come, ahí sí, sin que nadie lo vea.

El animal, que llegó al centro con 3,5 kilos de peso, ahora tiene 8. "Se recuperó bien físicamente, pero no sucedió igual con su comportamiento", indicó Rangel.

Por no estar el felino preparado para regresar a su hábitat y reasumir la vida silvestre, la SDA tomó la decisión de comenzar a buscarle reubicación en un zoológico o en un parque nacional.

La SDA recordó que los animales silvestres, como el tigrillo, no se pueden tener como mascotas. Su tenencia ilegal puede acarrear sanciones y, si la persona es reincidente, multas hasta de 5.000 salarios mínimos mensuales.

REDACCIÓN BOGOTÁ
lucgom@eltiempo.com

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