Foto: Archivo / EL TIEMPO
Los padres del niño, Emilse Güiza y Jaime Castellanos, están más tranquilos pero saben que todavía tienen mucho camino por recorrer.
Emilse Güiza todavía tiene prevenciones. Sabe que a su niño -herido por una bala perdida mientras veía un partido de microfútbol el pasado 19 de junio en Suba- le falta un gran camino por recorrer.
El menor, de 11 años, recibió un impacto en la cabeza, que afectó su cerebro y fue ingresado e intervenido en el Hospital Simón Bolívar.
Ayer, Héctor Lemus, director del hospital, informó que "el miércoles le fue retirado el respirador artificial, lo que es satisfactorio ya que su estado fue muy grave".
Agregó que el menor mueve las extremidades, con mayor dificultad las del lado derecho porque el disparo impactó en su lado izquierdo, y que capta las órdenes que le dan, aunque aún no habla.
La doctora Sandra Bresciani, del equipo a cargo del menor, agrega que aunque el niño está mejor, "hay que esperar las secuelas", comenta.
Para Lemus, el trabajo hecho por el equipo de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátrica ha sido muy importante. "Hay que valorar lo hecho por médicos, enfermeras jefes, enfermeras, auxiliares y terapeutas respiratorios".
Mientras tanto, el hombre que hizo el disparo al aire, José Nibardo Marín, sigue siendo buscado por las autoridades.
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