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Bogota

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La vida debajo del asfalto de la metrópolis capitalina

Los estudiantes de música en pleno aprendizaje en los Sótanos de la avenida Jiménez con 7a.

Foto: David Osorio / EL TIEMPO

Los estudiantes de música en pleno aprendizaje en los Sótanos de la avenida Jiménez con 7a.

Los sótanos pueden parecer tenebrosos y sórdidos, pero no son así en muchos lugares de la ciudad.

En lugares bajo tierra hay historias oscuras y escabrosas. Pero en Bogotá, varios de estos sitios son frecuentados para disfrutar del arte y la diversión. Estos son algunos lugares de la ciudad subterránea:

Rumba al estilo de los duendes

En Chapinero, una buena parte de la rumba se vive bajo tierra. Basta descender por unas escaleras para encontrar lugares que ofrecen todo tipo de música: reggae, house y pop de los 80 y 90, entre otros géneros.

Uno de esos sitios es Treffen, un bar que, desde la entrada, invita a sentirse en un mundo habitado por hadas y duendes que adornan las paredes, sillas y mesas.

Es un sitio de juguete, lleno de colores vivos y accesorios como sacados de los sótanos de muchas casas bogotanas. Se pueden ver teléfonos, herramientas, botellas y hasta registradoras, camas viejas y repuestos de carros.

Allí, además de la rumba tradicional, con karaoke incluido, se puede aprovechar para disfrutar con más de 50 opciones de juegos. Lo único que hay que hacer es pedir la carta en la que, aparte de bebidas y alimentos, se pueden elegir una baraja de naipes, dominó, parqués, monopolio, rummy y muchas alternativas más, incluidas sesiones en la mesa de billar o la rana. Los juegos no tienen costo.

Para Patricia Eljaiek, diseñadora de modas y creadora del sitio, el sótano siempre le ha sido familiar, pues su abuelo era el dueño del edificio.

Hace 30 años lo convirtió en su fábrica de telas y hace 13 cambió el sonido de las máquinas de coser por las notas de la música de grupos y artistas como The Cardignas, Madonna, Andrés Calamaro, Aerosmith y Pet Shop Boys.

Jéssica Pérez visitó por primera vez el sitio con sus amigos y afirmó que no se imaginó que debajo del asfalto existieran lugares que la transportaran a "otro mundo".

Arte debajo de la Jiménez

De los miles de transeúntes que pasan a diario por la avenida Jiménez entre carreras 7a. y 8a., a pocos se les pasa por la cabeza que bajo sus pies exista un lugar en el que a diario centenares de jóvenes se reúnan para tocar guitarras, flautas y violines por horas, o para recitar, hasta la perfección, los diálogos de una obra de teatro.

Son los estudiantes de artes escénicas de la Academia Superior de Artes de Bogotá, Asab (hoy facultad de la Universidad Distrital) y los de música de la Academia Luis A. Calvo.

Pero esta no es la primera vez que el entretenimiento hace parte de este lugar ubicado siete metros bajo tierra, según Diego Figueroa, monitor de producción y actor egresado de la Asab, en 1920 era un pasaje similar al Rivas. Por sus pasillos se vendían artesanías y chucherías.

Años más tarde sería un lúgubre museo de cera, en el que se exhibían los personajes más famosos de la época, pero su ambiente sombrío no ayudó para que sobreviviera. Por sus espacios también funcionaron la Liga de Ajedrez, una sala de cine y en 1981 fue sede del Instituto Distrital de Cultura y Turismo (hoy Secretaría de Cultura).

Al caminar por los pasillos de los Sótanos de la Jiménez se siente un ambiente enigmático y a veces escalofriante. A través de un largo túnel hay salones con espejos, diseños dibujados a lápiz y pasillos con mil historias encima.

Este sitio también cuenta con un teatro y una pequeña sala de recitales de música. La idea de algunos egresados de la Asab es recuperar este espacio para mostrar espectáculos de danza, teatro, música y montar una galería de arte.

Moñonas legendarias

La Bolera San Francisco parece suspendida en el tiempo. Los muebles de madera oscura con los que se inauguró en 1941 aún se conservan, al igual que las seis pistas de juego. Pero su mayor atractivo es que, a pesar de la tecnología, allí todo es manual, incluso la acomodada de los bolos.

Esa es la labor del 'chinomatic', término con el que se conoce a los muchachos que en menos de 10 segundos deben parar los pines y lanzar la bola para que los jugadores continúen su enfrentamiento.

Para John Wilmar Salguero ser 'chinomatic' va más allá de arreglar la pista. "Les enseñamos a las personas que no saben jugar algunos trucos para hacer moñonas. Además, conocemos a mucha gente y hacemos amigos".

Dibujos coloridos de bolos animados adornan el lugar, en el que es inevitable sentir el olor a humedad. La antigüedad de sus instalaciones contrasta con una rockola un poco más moderna que la decoración, en la que se oyen vallenatos, rancheras, salsa y rock.

Horacio Pinzón, administrador, es enfático en afirmar que esta fue la bolera "más importante de Suramérica", no solo por ser una de las primeras, sino porque allí se reunían importantes personalidades de los 40, como Jorge Eliécer Gaitán, Pacheco y Alberto Lleras Camargo.

De día son los estudiantes de las universidades aledañas los que se escapan o aprovechan los "huecos" entre clases y en la tarde son los empleados de diversas empresas los que finalizan su jornada en la bolera. Y aunque ya no la frecuentan los personajes importantes de la política y el periodismo, aún es uno de los sitios preferidos por algunos abuelos que llevan a sus nietos a jugar.

Sótanos en Bogotá

Unos de los lugares subterráneos que abrieron sus puertas a la cultura fueron las salas de exposiciones temporales del Museo del Oro. Estas quedan un piso bajo tierra.

Entre las muestras que han pasado por este sitio están 'Arqueología y etnología de Colombia' y 'Mapuche: semillas de Chile'.

En Chapinero hay un lugar en el que los fines de semana se reúnen los seguidores de la salsa y de la música tropical, se trata de Pachanga y Pochola. El sótano ubicado en un edificio de la calle 57 con carrera 7a. es el lugar de reunión de muchos chocoanos que consideran que en este bar se vive un ambiente como el de su tierra natal.

Historia de algunos sótanos famosos

Uno de los sótanos que se hicieron famosos en el siglo XIX fue el del castillo del Dr. Holmes, un asesino en serie nacido en 1861 en Estados Unidos. Allí el hombre cometía sus crímenes y desaparecía los cuerpos de sus víctimas, generalmente mujeres jóvenes. Holmes sumergía los cadáveres en recipientes de ácido sulfúrico.

Este año los medios de Bolivia y el mundo quedaron consternados con el descubrimiento de los sótanos del Ministerio de Gobierno de ese país. Según investigaciones, allí se torturaban a los disidentes de las dictaduras de los 60 y 70.

Una de las construcciones bajo tierra que marcaron la Rusia del siglo XX fue 'El Perro Vagabundo', café ubicado en el sótano de una casa de San Petersburgo, en el que se reunían importantes exponentes de las letras.

CONNY MOGOLLON
Periodista de Citytv

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