Cuando la carrera décima era el Wall Street bogotano
Por: CAROL MALAVER | 9:43 p.m. | 20 de Enero del 2012
Así se ve la carrera 10a. hoy. El tráfico de buses terminó por contaminar la vía. Fernando Vergara / CEET
Foto:Ayer, albergó a gremios y empresarios; hoy, está sumida en la desidia.
El 'Wall Street' bogotano, así recuerdan a la carrera 10a. los capitalinos que se pasearon por las románticas aceras de este corredor vial, en el que se asentaron los gremios económicos más importantes del país.
En la década del 40, cuando retumbaban las noticias sobre la violencia bipartidista, y en el 48 el 'Bogotazo' estremeció la historia del mundo, una imponente obra marchaba en el centro de la ciudad: la ampliación de la avenida del Libertador, hoy conocida como la carrera 10a., antes una pequeña calle colonial bordeada por casas angostas, de un piso y teja colonial.
En todo eso pensaron los arquitectos de la Universidad Nacional Carlos Niño Murcia y Sandra Reina; tanto así que emprendieron una investigación sobre la evolución de este corredor vial (1945- 1960) que luego de cinco años terminó compilada en el libro La carrera de la modernidad. Bogotá (1945-1960).
De ser una estrecha vía de 8 metros de ancho, con muchas interrupciones, pasó a ser de 40 y así, convertirse en una conexión vital del norte con el sur de la ciudad.
Se supo también que muchas construcciones antiguas tuvieron que desaparecer para darle paso a la avenida, como la iglesia de Santa Inés, la plaza de mercado de La Concepción y la de Las Nieves. "Era necesario para la obra, pero eran estructuras muy valiosas por su arquitectura", dijo Niño Murcia.
Con estos datos comenzó un análisis exhaustivo en los archivos del Concejo, así como en las notarias, la génesis de los predios en los que se construyeron edificios.
Los registros hallados y hasta la recopilación de las notas de prensa describían un corredor vial que dio paso no solo a un proyecto de movilidad que necesitaba la ciudad, sino a una serie de edificios que ahora son una joya de la arquitectura moderna, oxidada por la polución y la desidia. "Hubo mucha gente que se volvió rica en meses. Una señora de nombre Zara compró lotes estratégicos y los vendió al mejor postor. En cuatro días logró una rentabilidad del 70 por ciento", dijo Reina.
En 1951, terminado el tramo entre la avenida Jiménez y la calle 26, estaban concentrados allí casi el 90 por ciento de los edificios que hicieron famosa a esta avenida: el Banco de Bogotá y el Cafetero, Camacol, Seguros Patria, Radio Sutatenza, residencias Colón, Seguros Bolívar, el Hotel Tequendama, el edificio Ordóñez, entre otros que aún sobreviven como vestigio de la gloriosa y elegante avenida.
La decadencia
El éxito de la 10a. "se volvió su cáncer", eso dijo Carlos Niño Murcia, pues el exagerado aumento de buses y busetas terminó por espantar a los empresarios que veían en el sector un centro financiero.
"Por eso, en 1970, se inició la migración. Ahí comenzó la decadencia y a su vez, a bajar el metro cuadrado. El centro se llenó de congestión, contaminación y ladrones", dijo el experto.
La investigación develó que algunos edificios están desocupados y en el completo olvido. "Es triste que no se valore su riqueza arquitectónica. Un plan de renovación urbana serio le devolvería la vida a este corredor vial", dijo Niño Murcia.
Los arquitectos dicen que la llegada de TransMilenio no arreglará el problema. "El sistema aísla zonas de Bogotá y, por ende, el tránsito de personas. Si se habilitaran esos edificios para proyectos estéticos de vivienda, renacería el sector", dijo Niño Murcia, a quien se le pierde la mirada en el pasado cuando recuerda, nostálgico, el olvido en que quedaron sumidas las estructuras que alguna vez brillaron en los cielos.
CAROL MALAVER
REDACTORA DE EL TIEMPO
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