Foto: Eduardo Vallejo
Los integrantes de la Red reciben capacitación técnica y agrícola en manejo de residuos sólidos, transformación y aprovechamiento de cosechas. Actualmente trabajan en el proceso de comercialización.
Un proyecto agro es el ejemplo de la labor comunitaria allí. El objetivo es recuperar la tierra.
William Giraldo llegó hace 10 años al barrio El Virrey, en Usme, en el sur de Bogotá. Allí se enamoró de la ecología. Desde hace ocho meses es agricultor urbano y en la actualidad su casa es una de las huertas más reconocidas de la zona.
"Siempre he pensado que lo más importante es saber aprovechar todos los recursos que tengamos. Por ejemplo, en mi casa utilizo cáscaras de huevo y convertí mi terraza en un semillero con diversidad de plantas", dice William.
Como él, habitantes de 19 barrios de esta localidad crearon el año pasado la Red de Agricultores Urbanos de Usme, y empezaron a hacer autosostenibles sus cultivos. "La idea nació al ver la problemática que teníamos con unos lotes en pésimas condiciones. Estaban siendo utilizados como basureros", explica Orlando Calderón, integrante de la Red.
Al proyecto se han integrado cerca de 60 familias y, gracias a la labor que realizan, este año la Red fue finalista del 'Premio Cívico por una Bogotá Mejor'*. Además, hoy es reconocida como una de las mejores organizaciones comunitarias de la capital.
"A pesar de que no llevamos mucho tiempo trabajando, estamos dando ejemplo y esta es una forma de mostrar que con una acción se pueden acrecentar los ingresos de las personas y darle un nuevo valor a la tierra", afirma Sergio Márquez, integrante.
Las jornadas de trabajo se inician a las 6:30 a.m. Todos los viernes se reúnen las familias para hacer inventario de los productos y discutir temas como el control de las plagas. Desde que se inició, la Red ha contado con un acompañamiento técnico de estudiantes de la Universidad del Rosario.
Además de la gestión para recuperar los terrenos, la organización ha logrado que las cosechas sean comercializadas en comedores comunitarios de la localidad y sus integrantes están haciendo alianzas con otras asociaciones productivas.
Sumado al beneficio económico, están promoviendo entre ellos valores como la solidaridad y, a través del trueque, intercambian productos como repollo, cebolla cabezona, cilantro y papa, entre otros.
"Todo lo vendemos por kilos. Mujeres, hombres y niños tienen un oficio; lo que recibimos de las ventas no es mucho, pero con los cultivos podemos mitigar el problema de nutrición. Sin duda, el mayor beneficio es la unión de todos para sacar adelante el proyecto", sostiene Calderón.
Otro de los objetivos que se han trazado es involucrar a los más pequeños en el proyecto, por esto, cada martes los estudiantes del colegio Ofelia Uribe Acosta aprenden a cuidar mejor su propio ecosistema. Cerca de 450 niños reciben capacitación.
"Me gusta venir a sembrar para cuidar la naturaleza. Además, aprovecho mi tiempo libre y con esto aprendo los beneficios de la agricultura. Es importante darnos cuenta desde pequeños de lo buena que es la tierra", afirma Michael Moriano, estudiante.
La mayoría de familias proviene del campo y ya cuentan con una cultura agrícola. Esto les ha servido para pensar en el futuro y quieren recuperar otros terrenos que estén en malas condiciones. Según ellos, "hay mucho por hacer y un excelente recurso humano para trabajar".
CARLOS ALBERTO DÍAZ
RESPONSABILIDAD SOCIAL
* Proyecto de la Dirección de Responsabilidad Social de EL TIEMPO, las fundaciones Corona, Plan, Colombia Presente, Consorcio para el Desarrollo Comunitario y Bayer.
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