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Bogota

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En el Santa Fe cambiaron el micro por el fútbol americano

Foto: David Osorio/ EL TIEMPO

Andrés Valencia está a tan sólo unos metros de anotar. Por el camino y simulando el gol de Maradona en la Copa Mundo del 86, el joven deja a varios contendores sin posibilidades de quitarle la bola.

Cansados de hacer lo mismo en vacaciones, 20 muchachos de este tradicional barrio del centro juegan a su manera este tradicional deporte, de poca práctica en los parques de la ciudad.

En el barrio Santa Fe hay un campo de fútbol americano. Allí, por las tardes, 20 jovencitos que no superan los 16 años protagonizan partidos de un deporte extraño para el resto de los niños bogotanos.

El martes de esta semana, Marlon, un pequeño que vive a pocas casas de la cancha de microfútbol y baloncesto de la calle 22 con 17, llegó con una sorpresa para sus amigos del barrio, justo antes de que la 'pecosa' rodara en los amistosos de siempre.

El pequeño, apodado 'el Narices', sacó de debajo de la franela el balón de fútbol americano que su padre le regaló de cumpleaños cuando llegó a los 12 calendarios.

Andrés Valencia, de 14 años, se anticipó a decir, después de ver la pelota en forma de zepelín, que le parecía bien que jugaran otra cosa. "Yo creo que eso del fútbol americano debe ser igual al micro, pero con otro balón", dijo el muchacho con su pecho de 'paloma' al aire y vestido con una sudadera negra con rayas a los lados.

Muchos de los presentes, entre ellos los hermanos Larry y Léiner Rada, jamás habían visto un balón de estos. Lo máximo que conocían eran los Tango y la 'bola' e trapo' con la que se divertían a pie descalzo en su natal Barranquilla.

El grupo se dividió en dos equipos. Los más grandes en estatura de cada lado unieron sus frentes y se miraron a los ojos con rencor. Rencor de niños. La pelota cruzó con rapidez las piernas de Marlon y llegó a las manos de Larry, que, inmóvil, casi anclado al pavimento, recibió la estampida de todos los jugadores. Al lado de la montonera quedó el balón bailando. Huérfano.

"Rosticelo ñero", gritó con fuerza Steven Rivera, para que uno de los suyos impidiera el inminente touchdown de Wílder Giraldo, una de las figuras del partido.

En este encuentro hay anotación cuando alguno de los jugadores toca con el balón la base de la cancha de baloncesto.

Al final de la tarde, y cuando una nube de marihuana lo cubría todo, los muchachos del Santa Fe acabaron con el cotejo. ¿Cuánto quedaron?, le preguntó este reportero a Steven, uno de los improvisados capitanes de campo, para recibir como única respuesta que es malo para los números porque "ni siquiera voy al colegio, gafufo", dijo.

FABIÁN FORERO BARÓN
REDACTOR DE EL TIEMPO

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