Foto: Néstor Gómez / EL TIEMPO
Desde hace cinco años este hombre comparte una pequeña casa con sus dos mujeres y todos sus hijos.
Pero además de este triángulo amoroso y de las criaturas, que van de los seis meses a los 17 años, la suegra de las mujeres, Librada Valbuena, se fue a vivir con ellos hace un mes.
Las dos mujeres de José de Jesús Sierra están sentadas en uno de los cuatro viejos pupitres de escuela que conforman el escaso mobiliario de su vivienda, ubicada en el noroccidente de Bogotá.
Luz Dary Torres y Esther García les ayudan a sus hijos con las tareas. Mientras la primera recorta figuras de frutas de una revista, la segunda les unta el pegante y las estampa en un cuaderno. Así como comparten el marido, estas dos mujeres, de 36 y 26 años respectivamente, se ayudan con la crianza de los 15 hijos que suman entre ambas.
Sin celos ni rivalidades, Luz Dary y Esther han aprendido a sobrellevar lo que les deparó el destino, o mejor, con lo único que les ha podido ofrecer el hombre de sus amores: una casa de apenas 12 metros de largo por seis de ancho, donde conviven apretujadas 19 personas. En la casa, que Sierra levantó en un lote baldío del que se apropió hace más de 15 años y que podría perder porque le apareció un supuesto dueño, hay tres cuartos con ocho camas; la sala con los pupitres de escuela y un patio con cuatro cuerdas repletas de ropa.
La cocina limita con la perrera Distrital, y por eso deben mantener encendido un fogón de leña para que el humo ahuyente los malos olores, los zancudos y hasta las pulgas de los molestos vecinos.
"Acá nunca hay mercado", cuenta José, de 46 años, y quien se gana la vida en una remontadora de calzado que funciona en una caseta de un metro cuadrado. Los 25 mil pesos diarios que obtiene cosiendo zapatos apenas le alcanzan para los gastos del día.
Sierra, de figura desgarbada, no solo llama la atención por tener dos mujeres bajo un mismo techo. Es el bogotano con el mayor número de hijos, según la lista del Sisbén que maneja el Distrito.
No pudo con sus dos hogares
Hace 20 años que se conocieron José y Luz Dary; se enamoraron y se fueron a vivir a la caseta, en medio de zapatos ajenos para remendar. Luego vinieron los primeros de sus nueve hijos, todos de tez blanca y ojos claros. Pero hace 11 años conoció a Esther en una fiesta y desde entonces empezaron un romance.
Cuando Esther quedó embarazada del primero de sus seis hijos, -todos de tez morena y ojos oscuros- José decidió asumir su sostenimiento. Luego vinieron los demás niños, hasta que su lamentable economía no dio para más.
"No podía abandonar a ninguna de las dos y menos a los niños", cuenta el hombre, quien en medio de semejante angustia tuvo que confesarles a sus dos mujeres que su corazón y sus obligaciones las compartía con otro hogar.
Luz Dary recibió la noticia con resignación y sorpresa, y aceptó a la amante de su esposo y a sus hijos en sus dominios. "No tuve otra opción que venirme con mis hijos para esta casa", comenta Esther, quien reconoce que al principio sintió celos.
Pero hoy las dos se consideran, más que amigas, casi hermanas. "Ya somos una sola familia", narra Luz Dary, quien después de su más reciente parto, hace seis meses se mandó a operar para no volver a quedar embarazada.
Ninguna de las dos se arrepiente de haber tenido tantos hijos, pero no quieren que ellos repitan la historia. "Quiero que vayan a la universidad y no pasen necesidades", dice Luz Dary.
Esther no se ha mandado a operar porque, según ella, tiene problemas con la tensión. Está planificando.
El hombre más prolífico de Bogotá duerme solo en la sala y asegura que los asuntos íntimos ya casi no le interesan. Y cuenta que para esos momentos siempre busca, en medio de todo, algo de privacidad.
En lo mismo coinciden sus dos mujeres, para quienes la prioridad es la crianza de los 15 niños. "Ya no me importa lo que haga o deje de hacer con Luz Dary", sostiene Esther, y afirma que las llamas de la pasión se le extinguieron hace mucho rato.
José nunca buscó publicidad, antes de que los medios de lo abordaran. Primero Canal Capital y ahora EL TIEMPO. Sin embargo, quiere que las autoridades y la comunidad lo ayuden para poder darle una vida más digna a su numerosa familia.
"Tenemos la comidita, pero nos falta de todo", asiente el hombre, quien no duerme tranquilo desde que le dijeron que podría perder la casa.
"Si me sacan de acá... ¿qué hago con toda esta gente", se pregunta él.
También le preocupa la situación de Esteban, el mayor de los hijos que tuvo con Esther. El niño, de 10 años, tiene un retraso mental leve y requiere una operación urgente de labio leporino.
"Hay gente que nos mira con malicia, y se sorprende al ver que tengo dos esposas y 15 hijos, pero nosotros somos una familia normal y pobre, como la mayoría de colombianos", concluye José.
JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACCIÓN VIDA DE HOY
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