Caso del joven grafitero, un año después de su muerte
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM |
Familia de Diego Becerra recuerda madrugada del 19 de agosto del 2011 en la que el joven falleció.
Para Gustavo Trejos y Liliana Lizarazo, los papás de Diego Felipe Becerra, el joven muerto en confusos hechos a manos del patrullero de la Policía Wilmer Alarcón, el recuerdo de la madrugada en la que se enteraron de la muerte de su hijo está tan fresco como el deseo de seguir luchando porque en el caso se haga justicia.
Por el asesinato de Diego, a la fecha, ha sido involucrado judicialmente el patrullero Wilmer Alarcón Vargas.
Sin embargo, en el proceso que se adelanta por la presunta alteración de la escena del crimen, que pretendía hacer pasar a Diego por un ladrón, aunque se han llevado a cabo cerca de 30 interrogatorios a agentes, suboficiales, oficiales y cerca de seis civiles, no se ha realizado la primera audiencia judicial.
La lucha no ha sido fácil. "Ha sido un muy doloroso porque a parte de haber perdido a un hijo, durante un año hemos tenido una batalla jurídica muy fuerte para evitar que los procesos se desvíen, no se cierren y lograr que los verdaderamente involucrados sean llevados ante la justicia", dice Gustavo, quien junto a Liliana, su esposa, no han descansado un solo día, desde el 19 de agosto del 2011, en la búsqueda de la verdad del caso, que también está siendo documentado y está bajo seguimiento de la ONU.
Diego recibió el disparo que lo mató, en la calle 116A en el barrio Pontevedra (norte de Bogotá). Y es justamente a través de sus muestras artísticas en el dibujo que su familia y amigos le han rendido homenaje durante este año.
Bajo el nombre 'trípido', en el colegio donde cursaba grado once, en las calles de su barrio y en su habitación, se ven los grafitis con las imágenes que solía dibujar.
El gato 'Félix' y frases de paz y amor recuerdan lo que era Diego Felipe: un joven de 16 años, hijo único, con talento para el dibujo y la música, "pero no un ladrón", repite su padre, quien sigue aclarando que esa primera versión que se escuchó después del hecho y que pretendía justificar la muerte de Diego, bajo la premisa de que estaba robando a los pasajeros de un bus, es falsa.
"Todo lo que hemos vivido durante este año, más que buscar culpables, lo que busque es aclarar qué fue realmente lo que pasó, que se sepa la verdad, que a mí hijo lo mataron por error y no porque fuera un ladrón", dice Gustavo, quien durante estos días encabeza los actos de conmemoración del año de la muerte de su hijo.
salpal@eltiempo.com
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
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