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Al mexicano Gustavo 'Tijuana' lo mataron por robarle un celular

Por: |

Ornella Jiménez

Ornella Jiménez y y Gustavo García vivían en La Candelaria. El funeral fue en El Apogeo.

Había dejado su hogar para recorrer el mundo. Soñaba con ser documentalista.

Un día Gustavo decidió coger una maleta y viajar por el mundo para cambiar esas violencias que le provocaban náuseas, esas mismas que el viernes en la noche acabaron con su vida, la de un aventurero que desfalleció cuando dos jóvenes lo acuchillaron tras el robo de un celular.

Una historia de amor y la de crear una fundación para la unión latinoamericana terminaron en una acera fría muy cerca de la calle 85 con carrera 15. En ese lugar, la barranquillera Ornella Jiménez Cáceres, cómplice y amor de la vida del viajero mexicano, lo tuvo que ver irse de sus brazos.

Unos minutos antes habían salido de Armando Records, donde celebraban un cumpleaños, llamados por el hambre y el cansancio. “A mí me dieron ganas de ir al baño, pero todo estaba cerrado. A medianoche, un joven nos paró a vendernos unas revistas. Yo le dije que no había plata”, contó Ornella.

No importó, los siguió y por eso la mujer lo enfrentó. “¿Y tú qué? ¿Nos quieres robar?”, le dijo la joven. Fue en ese momento en el que Gustavo se percató del robo del celular y cuando apareció un segundo hombre con un cuchillo. En un intento por defender a Ornella, Gustavo terminó con el cuello lacerado por un cuchillo. Luego todo fue confusión. “Lo vi desangrarse en mis brazos. Él me decía con su mirada: no me dejes ir”, contó.

En la Clínica del Country la vida de Gustavo ‘Tijuana’, ¡latinoamericano! –como le gustaba que lo llamaran–, se acabó. Deja al ‘abuelo’, su padre de 80 años, y a seis hermanas de quienes se despidió en México para recorrer el mundo con su maleta a cuestas y su sueño de ser un gran documentalista. En esos ires y venires conoció a Ornella en La Troja (Barranquilla), un día mágico en pleno carnaval. Una barranquillera que le hizo parar su viaje y erigir un sueño. “Lo amé cuando lo vi”, afirmó. Con ella terminó en Bogotá en La Candelaria, trabajando con la alcaldía local, paradójicamente con jóvenes pobres, para emocionarlos con el mundo del periodismo para que dejaran la calle.

Este martes, Ornella despedía a su amado en El Apogeo. Allí Hernán Rendón, quien ofició una lectura religiosa en su honor, decía: “Yo también vi morir a mi hijo de 23 años. Un hombre lo mató solo por decirle que no hiciera tanto ruido con una moto. No sabemos el día ni la hora. Somos peregrinos en esta Tierra”, agregaba mientras ella miraba de reojo al viajero inmóvil en el ataúd.

CÁROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO

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