Crece fiebre por aprender a bailar en la capital
Por: CAROL MALAVER |
Se incrementa la presencia de academias de baile. En un año, las registradas se duplicaron.
Diego ansiaba conocer a una mujer que lo traía loco. Por eso, superó su timidez y se lanzó, durante una fiesta, a sacarla a bailar, pero sucedió lo peor: pocos minutos después, la joven lo dejó plantado en la mitad del salón ante la mirada burlona de decenas de invitados.
"Él llegó acá devastado, quería aprender a bailar", dijo Catherine Estrada, directora de Paso Latino, academia de salsa. Este tipo de casos ha sido el gancho de muchos bailarines profesionales que se han dado cuenta de que el baile atrae cada vez más a los bogotanos.
Según la Cámara de Comercio, entre el 2010 y el 2011 se duplicaron las empresas de este tipo autorizadas para operar en la ciudad, pasando de 19 a 45. Pero se cree que son muchas más, pues hay varias en la informalidad, así como aficionados que dan clases en sus sitios de residencia o a domicilio.
Muchos comienzan como Julia Senior, una barranquillera que al no encontrar opciones hace seis años, decidió montar su propia academia, Baila Conmigo. "Me aburrí de los gimnasios y quise ofrecer algo nuevo".
Ahora, no solo atiende a toda clase de empresas que buscan sus servicios para sacar de la rutina a los empleados sino que a su academia llegan toda clase de personas a buscar ayuda. "Yo soy exitoso, dicen que buen mozo. He hecho de todo en mi vida, pero no sé bailar", dijo un alto ejecutivo que decidió dejar de lamentarse y aprender. Hoy va tres veces por semana, se quita la corbata y se pone a danzar.
Hay más historias. Una niña cuya madre se enfermó de cáncer fue remitida a clases de baile porque se sumió en la tristeza. "Se orinaba y por eso los sicólogos le recomendaron a sus padres meterla a clases. El avance fue notable", dijo Senior.
En otras academias, aumentan los clientes adolescentes. "Un hombre vino porque su hija se drogaba. Estudiaba medicina y en la mitad de la carrera se quería retirar. El baile la sacó del hueco. Se fue a Cuba", dijo Julia.
Según Sayt del Valle, profesor, el baile está reemplazando a los gimnasios porque la gente lo que busca es salir de la rutina y no meterse a una actividad todavía más estricta. "Esto sí desestresa. Me conmovió una mujer con discapacidad. Ella se superó".
Hasta en el centro de Bogotá el baile se impone. Cuban Jazz Café, un sitio como sacado de la historia, revive la música cubana en un sótano de las entrañas de la avenida Jiménez con clases de salsa, son cubano, chachachá y bachata. Allí, la rueda de casino (parejas bailando por todo el lugar) invita a los bogotanos a mover el esqueleto. "Para revivir el centro también se necesita que reviva la cultura", dijo Irene Bosch, mánager del lugar.
El baile siempre estuvo presente en las familias bogotanas, dice Catherine. Recuerda las fiestas de sala de su familia que terminaban con un caldo hecho por la abuela y que duraban tres días. "Solo que ahora los cachacos quieren ser de talla mundial", concluye.
Danza urbana se impone
Según Richi Sánchez, director de Urban Dance, ya se habla de 300 grupos de hip hop en Bogotá. Eso se refleja en la cantidad de jóvenes que acuden a su academia en Galerías, en la que se aprende jazz, sexy style, locking y otros ritmos que poco se conocían. Richi está convencido de que esta tendencia es una salida para la juventud. "Aquí toca dejar de fumar y de beber". Según el Instituto de las Artes (Idartes), otros ritmos como el break dance, en Ciudad Bolívar y San Cristóbal, y otros como la salsa y el flamenco ya son furor.El bolsillo
Clases personalizadas: Desde 20.000 a 60.000 por hora. Según el número de clases al mes los precios oscilan entre 120.000 hasta 260.000 y en danza urbana van desde 70.000 a 190.000 pesos. El Distrito promueve clases gratuitas. Idartes informará las que se ofrecerán por el Congreso Mundial de Salsa que se llevará a cabo en Bogotá en agosto.CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
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