Necesitamos un sueño / Voy y vuelvo
Por: ERNESTO CORTÉS FIERRO |
Si pudiera poner un aviso clasificado en este mismo periódico, diría: 'Empresa a punto de cumplir 500 años requiere con urgencia un sueño'. Porque eso es, precisamente, lo que extraviamos hace ya muchos años: un sueño común, un deseo colectivo, una meta que nos una, un propósito. Qué importa si es el metro o la cultura o los parques o la movilidad o los toros o el espacio público o la bicicleta o las montañas o los humedales. Cualquier cosa, lo que sea, pero que nos permita hallar coincidencias en lo importante antes que diferencias en las nimiedades.
Ya lo hicimos con la cultura ciudadana, los parques, el espacio público y hasta con el frustrado metro; nos apropiamos de estos temas y los volvimos parte de nuestra agenda. Hasta aprendimos a ahorrar agua y a indignarnos porque nos invadían el andén.
En las pasadas elecciones, el sueño de una ciudad común no se dio. No hubo cómo consolidar un objetivo que congregara a la mayoría para hallar, juntos, esa luz que nos sacara de la oscuridad, porque tampoco surgió el tema que nos pusiera de acuerdo. Las razones ya no importan.
Construir un sueño no es imposible. Todos los días vemos a cientos de vecinos que se unen para arreglar el parque, construir una escalera comunitaria, reparar una vía, hacer una biblioteca o enseñarles a los niños música o fútbol. Pero en el grueso de la sociedad bogotana lo que se advierte hoy es apatía, tensión, soberbia, desconfianza en lo que propone el Alcalde, en lo que sugieren los concejales, en lo que opinan los exalcaldes, en lo que promueven los jóvenes, en lo que quieren los ricos o los pobres o los homosexuales o los desplazados; se duda del otro, se cree que toda idea lleva gato encerrado, que aquel no piensa como yo, que el de más allá es un oligarca o un izquierdista. Se escucha poco, se condena a priori.
La Administración tiene un plan de gobierno, con énfasis en reducir la segregación y cuidar el agua. Loable. ¿Por qué, entonces, no se siente que sea así?, ¿por qué no se ve al grueso de ciudadanos apostándole a ese sueño?, ¿por qué suena tan extraño y lejano?
El mejor reflejo de ese clima de tensión se vio esta semana en Hora 20, de Caracol. Coincidieron el exalcalde Peñalosa, el secretario Asprilla, el vocero de los transportadores, Marco Tulio, y el experto Javier Hernández. El tema: la movilidad. Al final, no se supo quién tenía la razón; primó la desconfianza.
Sin embargo, cuando en algún momento le pidieron a Peñalosa -duro contradictor de Petro- un consejo sobre la materia, todos escucharon, porque ya no se trataba de atacar ni de convencer, sino de aportar. De eso se trata. ¿Por qué no construir puentes de entendimiento, así como los vecinos construyen escaleras en la montaña? Puede sonar imposible, pero, recuerden, también nos queda la opción de un clasificado.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com
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