Se trata de personas que llegaron al país para adelantar trámites de adopción y que ahora no pueden hacer nada porque los jueces de familia se sumaron al cese de actividades de la rama judicial.
Es el caso de los esposos Elisabetta y Zamo Pavani quienes llegaron a Colombia hace 90 días, procedentes de Verona, Italia. En el equipaje traían los primeros juguetes para sus dos hijos adoptivos, a quienes verían por primera vez.
Cuando solo les faltaba la presentación ante un juez de Familia para obtener la sentencia judicial que los nominaría como padres adoptantes, los empleados de la rama judicial entraron en cese de actividades.
La misma situación enfrentan otras 23 parejas extranjeras que llegaron desde países como Francia, Alemania, España e Italia con el propósito de adoptar niños colombianos.
Con el deseo de llevar a sus hijos lo más pronto posible a Italia para que comenzaran la etapa escolar, Zamo fue el pasado 15 de septiembre al Complejo Judicial de Paloquemao y le preguntó al presidente de Asonal, Fabio Hernández, qué podía hacer. "No podemos hacer nada por su familia, por que el Gobierno no quiere negociar nuestras peticiones", le respondió.
Los costos del paro
Los Pavani cumplieron todos los requisitos para adoptar a dos hermanos colombianos de 7 y 8 años, que fueron abandonados por sus padres, y declarados como adoptables por un juez de Familia.
Elisabetta, comercializadora de ropa deportiva, y su esposo Zamo, empleado de una empresa de seguros en Verona, tenían un visado de inmigración para estar en Colombia hasta mañana, 19 de septiembre. Solo hasta ayer lograron refrendarlo por dos meses más, sin oportunidad de nuevas renovaciones.
La estadía en Colombia les ha representado costos que no tenían previstos, pues pagan 160 mil pesos diarios por el alquiler de un apartamento en Chapinero, además de los gastos normales para mantener a la nueva familia.
Al problema se suma -o se resta- el dinero que han dejado de percibir por sus trabajos en Italia.
El caso de los Pavani es tan solo un ejemplo de lo que le sucede a las otras 23 familias "distribuidas en Neiva, Santa Marta, Popayán y Medellín, con las mismas dificultades que Zamo y Elisabetta", dice Janeth Barragán, la representante de La Dimora (La Morada), la agencia autorizada por el Estado italiano para realizar los trámties de adopción de sus nacionales.
A pesar de su agridulce experiencia, Zamo da gracias por el tesoro que encontró: dos hijos por los que quisiera que "la Rama Judicial en Colombia sienta el mismo amor que sentimos nosotros, pues por un paro, a ellos se les está vulnerando el derecho de disfrutar plenamente su familia" concluye.
"De Colombia se tiene una lectura errada en Europa. Cuando llegamos encontramos que hay tranquilidad en sus calles y el referente de su gente fue nuestro atractivo. Por eso quisimos que nuestros hijos fueran colombianos", dice Zamo.
Por fortuna, los juguetes italianos de los niños Pavani no regresarán solos a Verona: irán acompañados de artesanías y juegos autóctonos que les permitirán a estos nuevos europeos seguir siendo colombianos, por decisión de sus padres adoptivos.
ANDRÉS MARÍN MARTÍNEZ
Periodista Citynoticias
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