Foto: Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO
El sector de El Tunal es uno de los que está en la ruta de los vándalos.
Encubiertos en la noche, con carteles, plantillas, brochas y pintura pegan o escriben los anuncios con números de teléfono incluidos.
Andenes, muros, postes, latas, puentes, armarios de teléfonos, moles de cemento... casi ninguna superficie en las calles de Bogotá se salva de ser pintada con los avisos de "aprenda a bailar", "planos y licencias", jardines infantiles o cursos de 'Pre-Icfes'.
La mayoría de los avisos tiene el mismo formato: letras negras sobre un fondo de color amarillo. "Así son más visibles", explica Hubert Martínez, uno de los publicistas informales.
Quienes transitan a diario por la avenida Boyacá, la avenida carrera 68, la carrera 30, la avenida de Las Américas o la avenida Ciudad de Cali encuentran una completa galería de estos anuncios.
Tampoco se han librado los andenes, los muros ni los postes de la carrera 15, en Chapinero; la calle 53, en Teusaquillo; o la calle 25, en el sector de Salitre.
El logo de 'Tigo' también se puede encontrar inscrito en muchas esquinas, pintado por vendedores de minutos.
En el transcurso del 2008, las tres cuadrillas de la Secretaría de Ambiente e Idiprón, que se encargan de limpiar el espacio público de avisos, vallas y pendones, han borrado 1.461 metros cuadrados de publicidad pintada. Sin embargo, los anuncios siguen
proliferando en las calles.
Contaminación sin escrúpulos
Según los registros de la Secretaría de Ambiente, los mayores infractores son Academia de bailes, Planos y licencias y 'Pre-Icfes U. Nacional'.
Ana, la dueña de la Academia de bailes que funciona en la avenida Caracas No. 64-18 y que promociona sus servicios con avisos pintados en la calle, reconoce, sin escrúpulos, que ha puesto mucha publicidad en el espacio público de la ciudad.
"Enseñar a bailar no es un negocio de mucho lucro -dice Ana-. Aquí no se hace por horas. La persona paga 95 mil pesos hasta que salga bailando bien".
Al Instituto de Pre-Icfes U. Nacional, que funciona desde hace 17 años y tiene sedes en Chapinero y el barrio Restrepo, gran parte de los clientes llega por la publicidad que ven en los muros. "Poco usamos la pauta publicitaria", dice Hernando, uno de los empleados.
Este Instituto contrata a un grupo de personas que, incluso, tiene rutas establecidas para pintar los avisos en la ciudad.
Sanciones son infructuosas
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