Susana Duque, la pequeña chef de amor

Susana Duque, la pequeña chef de amor

Pese a los 1,5 metros de estatura, por un lupus, la niña sucreña es privilegiada en la cocina.

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Después de cumplir con sus obligaciones escolares durante la semana, Susana León se dedica, en su casa en Barranquilla entre sábado y domingo, a la cocina, su gran pasión.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIIEMPO

04 de noviembre 2016 , 03:30 p.m.

Estar metida entre ollas, fogones, carnes, pescados, frutas, legumbres, verduras, condimentos y aromas, envueltos en altas dosis de amor, es lo que ve en su futuro Susana Madeleine Duque Rodríguez, una niña ‘atrapada’ por la gastronomía.

Nació en Corozal (Sucre). Tiene 15 años, pero desde los 8 se prepara. Primero, como simple espectadora de las actividades cotidianas de su mamá, Ligia María, en la cocina de la casa de sus abuelos maternos, en el barrio Recreo, centro de Barranquilla. Luego, en la lectura de libros de cocina, la asistencia a eventos y la investigación en Internet; ya va por la preparación y promoción de las recetas con toque personal. Le queda especializarse y dar el salto final…

Para ella no ha sido fácil, por el compromiso con sus padres de sacar adelante sus estudios básicos; convencerlos de que es capaz, no tanto a su mamá, sino a su papá, Luis Eduardo, taxista de oficio; pero sobre todo, superar las crisis producidas por el lupus, detectado hace ocho años, debido a que los medicamentos formulados (corticoides) le han afectado su crecimiento (no supera el 1,5 metros).

En Dios, dice, está la fuerza que la impulsa a lograr sus metas, más la pasión que siente por la cocina, tema sobre el que giran sus conversaciones cada vez que tiene la oportunidad de ‘meter la cucharada’, y porque se ha convertido en la terapia que la tranquiliza y le aleja el estrés.

“Yo veía cocinando a mi mamá y me encantaban las cosas que ella preparaba, pero no solo quería como tal verla, sino también yo meter la mano para ver cómo me quedaría y crear cosas nuevas, distintas, que no sea siempre lo cotidiano”, anota con firmeza.

A punta de ruegos logró que le abrieran espacio en la cocina de la familia, y por la constancia mostrada le facilitaron el acceso a la estufa, mesa y estantes, mediante un pequeño banco.

Ya no tiene que estar de mandona y ordenando que le dejaran todo listo para ella entrar en acción. “A veces cuando necesito apoyo, llamo a mi hermana mayor, o a mis primitos, o a mi mamá, pero si veo que las cosas no las están haciendo como yo quiero (picar o batir, especialmente), los sacos de la cocina”, advierte en medio de risa pícara. Le gusta controlar todo.

Susana cuestiona las comidas fuera del hogar y los concursos para cocineros. “Me gustan los sabores que mi mamá hace, la comida casera, pues no es lo mismo que una corriente de afuera, de restaurante. La cocina de cada persona sabe distinto, porque la de restaurante no tiene ese amor. Si la persona cocina con rabia no le queda tan bien que cuando lo hace con gusto, con agrado, con amor”.

Y acerca de los concursos, simplemente resume en que siempre habrá polémica; el jurado, en la mayoría de las veces, corta la inspiración y van en contra de los estilos. “Cada quien tiene su gusto. En los concursos le quitan los toques personales a los alimentos”.

Su interés por la superación la ha llevado a inscribirse en portales de Internet relacionadas con la gastronomía mundial, comprar libros y ver programas de televisión que les sirven de insumo para preparar recetas, crearlas o fusionarlas, imprimiéndoles toques propios que guarda como el mayor de sus secretos. Además, ha ido recogiendo consejos de expertos, como le ocurrió en la reciente edición de Sabor Barranquilla 2016, en la que un chef invitado la motivó a no bajar la guardia.

Es consciente de sus deberes con el estudio (cursa 9.° en la Institución Educativa Distrital Madres Católicas, en el barrio El Carmen), y por ello, primero las tareas. Los fines de semana, cambia el aula de clase por la cocina, y es allí en la que se le mide al reto de la combinación de proteínas, carbohidratos y otros elementos, de tal forma que resulten saludables al cuerpo, pues es una defensora de la ‘comida sana’, aunque da margen al ‘pecado’ (por ejemplo; un buen frito, pero de vez en cuando).

Eso se le ha despertado inquietudes en torno la tendencia de la ‘comida molecular’, por la combinación con elementos químicos (ej.: helados con nitrógeno), aunque es consciente de que hay que tener altos conocimientos en química.

“Uno tiene que tener conceptos bastante amplios no solo de la cocina en general, sino en química y cosas así”.

De momento, lo que ha ido aprendiendo empieza a darle frutos y se siente orgullosa de haber cumplido ya con pedidos de vecinos y amigos de la casa, mediante la preparación de comidas sencillas a base de carnes, picadas y postres.

Ese es el inicio del gran sueño: tener una cadena de restaurantes con estilos singulares, personalizados, bajo el mando de Susana Duque, el nombre de la empresa. “Mi idea es para un futuro no muy lejano empezar a crear una cadena de restaurantes, donde cada uno tenga su lema, su ambiente, su espíritu, que haga que la persona se sienta a gusto estando allí. No iguales, por decirlo así, uno de comidas colombianas, italiana, argentina y cosas y así. Pero que sean gustosos, tranquilos, relajados, sin estrés”, concluye.

ÁLVARO OVIEDO C.
Editor regional de EL TIEMPO
BARRANQUILLA

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