La seguridad, tarea que no da espera en la Uniatlántico

La seguridad, tarea que no da espera en la Uniatlántico

El rector, Carlos Prasca, habla del plan para atacar la delincuencia, la venta y consumo de drogas.

Prasca

Carlos Prasca, rector de la Uniatlántico, invertirá 970 millones de pesos en equipos para mejorar la seguridad en la institución.

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Carlos Capella/EL TIEMPO

31 de octubre 2017 , 11:32 a.m.

Si hay algo que tiene claro Carlos Javier Prasca Muñoz, en estos cuatro meses que lleva al frente de la rectoría de la Universidad del Atlántico, es que el tema de seguridad al interior de la Ciudadela Universitaria, a donde asisten unos 22.000 estudiantes, toca hacerle frente, porque la situación ya comienza a salirse de control.

A los problemas de consumo y venta de drogas, se le suma el de atracos en el campus, esto como consecuencia de la falta de controles en el acceso, lo que permite que hasta los vendedores ambulantes interrumpan las clases para entrar a ofrecer sus productos.

El rector habló con EL TIEMPO sobre un plan de seguridad que ya puso en marcha, cuya inversión inicial es de 970 millones de pesos con el que planea darle la pelea a delincuentes que tienen el control de algunos puntos de la Universidad y de los programas de atención a estudiantes con adicción.

¿Cuáles son los problemas de inseguridad que se están viviendo al interior de la Universidad?

El primero de ellos es la falta de controles de acceso para ingresar a la Universidad. Tanto de vehículos como de personas.

¿Es decir que aquí entra todo el que quiere?

Me dicen que en la noche entra un señor a los salones a vender cosas. Que a determinadas horas se presentan atracos al interior de la Universidad, no todos los días, pero se presentan. En una oportunidad un novio celoso entró y atacó con una tijera a una muchacha y la Universidad fue condenada y le tocó asumir los daños causados, porque eso es parte de su responsabilidad.

¿También hay denuncias sobre el consumo y venta de drogas dentro del alma mater?

Esto no es un problema nuevo, ni aquí ni en otras universidades públicas del país, en donde la solución lo han encontrado con el apoyo de la Policía que, a través de inteligencia, ha logrado desarticular esas bandas de jíbaros o de microtráfico.

¿Qué se ha encontrado?

Que los sitios de consumo son sitios abandonados por la Universidad como el Teatrino y el Bloque F, en donde se ha llegado al caso que el humo (de la marihuana) llega a las aulas, y cuando los profesores salen a protestar son agredidos por los consumidores o por los jíbaros.

¿Han detectado a jóvenes adictos adentro?

Con la Oficina de Bienestar Universitario hemos venido diseñando estrategias para prevenir el consumo y ayudar a los jóvenes adictos, tomando el tema de la adicción como un problema de salud. En estos momentos hay 40 jóvenes en proceso de recuperación, ellos y sus familias han colaborado para salir adelante.

No existe registro de quien entra o sale de la Universidad, ni quien está o no está en las aulas, como lo han conocido los pares académicos cuando nos visitan

¿Cómo hacerle frente a esta situación?

Vamos a recuperar esas zonas abandonadas. Hay un consenso general en la Universidad que piensa en que se debe mejorar la seguridad. Por eso comenzamos a mirar experiencia en lo privado, que las hay de muy buena calidad, como en la CUC, la Uninorte, la Unimagdalena, viajamos a Medellín y encontramos que la mayoría de las universidades públicas tienen control y es necesario. Aquí hay muchos bienes, el patrimonio de la Universidad está en peligro cuando no sabemos quiénes entran.

¿No será fácil tarea controlar la entrada y salida de 22.000 estudiantes?

Establecer los controles de acceso, y usar la tecnología. Tenemos que desarrollar las estrategias para establecer los controles efectivos, y esos controles los hay.

¿Cuáles serían los tipos de controles?

Podemos hacer controles con biometría, con la cédula, reconocimiento facial. Montaremos una unidad que será la encargada de revisar y analizar toda esa información para habilitar las personas que no estén registradas, porque no siempre se atenderá a personas que estén habilitadas por el sistema.

¿Queda descartado el uso de un nuevo carné?

Claro, no tengo que usar carné adicional, que podría costar 12.500 pesos, que si lo multiplico por 25.000 estudiantes estaríamos hablando de 312 millones de pesos, suma considerable.  Si pierde el carné, la Universidad tiene que buscarle una salida, pero si adaptamos la cédula y se le pierde ese será un problema mío, no de la Universidad. Lo que podemos es permitirle una entrada por biometría mientras soluciona el problema. Además necesitamos cámaras de alta resolución, con equipos en los que pueda almacenar información sobre movimientos. Hay que buscar medidas prácticas y efectivas.

¿La inversión para atender este plan de cuánto será?


Esto se hará en fases, en la primera que incluye las cámaras de acceso vehicular, que identificará las placas a la entrada y salida, se hará una inversión de 970 millones de pesos y contempla la compra de 24 cámaras que se ubicarán en pasillos, porterías, en accesos y salidas.  Luego se implementará el sistema de reconocimiento biométrico para la identificación facial y por huella. Esto se hará por licitación pública, cuyas trámites están en curso.

¿Con estos equipos cree que se superan los problemas de inseguridad?

No, pero es una medida efectiva que me va ayudar mucho a tener un nivel de seguridad bien grande. Parte de la inseguridad de la Universidad está con el tugurio que tengo en la puerta.

Aquí hay muchos bienes, y el mismo patrimonio de la Universidad del Atlántico, que están en peligro por no existir verdaderos controles que garanticen la seguridad

¿Y qué hacer con estas ventas en la entrada?

Allí están registrados 42 negocios, pero están activos 30, y de estos hay muchos que no aparecen en la base de datos.  Esta es una zona tugurial la vamos atender con una solución de carácter social. Está interviniendo la Policía, la Alcaldía de Puerto Colombia, el Área Metropolitana y la Gobernación del Atlántico. Se está diseñando un espacio para reubicarlos, en una franja que está en ese sector, que colinda con Telecaribe, que será regulado por la administración.

¿Qué papel juega en este proceso la Universidad?

Con la Facultad de Nutrición y Dietética trataremos de organizar que lo que se venda allí cumpla con las normas sanitarias; con nuestros profesionales de Ciencias Económicas se contribuirá a la organización contable y administrativa de los negocios. La idea es que en nueve meses esté todo eso libre para la solución social, pero podemos actuar antes. Esto nos va ayudar a la seguridad.

Leonardo Herrera Delghams 
Redactor de EL TIEMPO
Barranquilla. 

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