Políticos y votantes, ecos de una campaña electoral que está ardiendo

Políticos y votantes, ecos de una campaña electoral que está ardiendo

Confrontación entre los candidatos a la Presidencia pronto empezará a mostrar resultados concretos.

Foro con candidatos a la Presidencia en Barranquilla

Uno de los foros que más ampollas y comentarios ha levantado entre candidatos presidenciales fue el celebrado en la Universidad del Norte en Barranquilla.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

03 de mayo 2018 , 02:48 p.m.

La forma como procedan los aspirantes ante la cercanía de la meta será toda una prueba no solo política y académica sino también de personalidad, la más importante.

El poder, desentraña la esencia humana como lo escribió hace 300 años el filósofo inglés John Locke, en su Carta a la Tolerancia, advirtiendo que a los centros de dominio político pueden llegar humanos codiciosos, rapaces, holgazanes, inclementes, grandes de espíritu o tolerantes. Esa es la razón de la ley, cuidar al individuo y a la comunidad de aquellos rasgos humanos, dado el caso, que tiendan al atropello.

Sin embargo, la oratoria, que es el principal lazo que utiliza el político para atraer a los electores es una estrategia para llegar al poder que reduce la capacidad de razonar y que la ley no puede impedir.

Ella comparte con la magia la condición de ilusión que le fascina a los humanos: ver, aparecer y desaparecer cosas de la nada. El discurso, que es la falta de objeto por definición, es sonido que atraviesa el cerebro racional llegando a lo profundo del sistema límbico donde se hallan las emociones. Lo acompañan las manos, los ojos, el ceño, el cuerpo entero del orador para su función de prestidigitación. Obnubilado el razonamiento, sin ánimo crítico, los votantes verán reales las cosas mencionadas. A quien le guste ser fascinador encontrará en la política el escenario perfecto.

Posiblemente, aventajado en esas lides, se impondrá sobre otros que, motivados por un real deseo de servicio a la comunidad, subidos en un escenario, se hallarán incómodos en el papel de encantadores.

Pruebas de contacto

En este ejercicio de oratoria están hoy concentrados los candidatos a la Presidencia, el que convoca al actor versado hasta al que no tiene cualidades histriónicas. También será una prueba de contacto con la realidad para los electores. Éstos, mostrarán la capacidad de autoconservación, de raciocinio por encima de las emociones, el grado de sugestionabilidad y la destreza para caminar entre arenas movedizas sin caer.

El talante de Gustavo Petro que parece tranquilo, es solo eso, apariencia. A medida que se acercan las elecciones casi no puede refrenar su sentir de que el mundo le debe una compensación; eso, en el escenario político, lo hace líder de los desamparados que lo ven como redentor. Envanecido, su control actoral cede empezando a exhibir lo que meses atrás luchó por disfrazar, su ambición por el poder mismo.

Si su deseo de ser presidente tuviera como base una inclinación al servicio de los demás su conocimiento pasaría por el cedazo afectivo de saber medir la proporción entre lo necesario y lo posible, con tal de no hacerle daño a una criatura que hay que conducirla progresivamente a su desarrollo, sin llevársela por delante, por un capricho personal. La principal ley de la economía que se practica desde el hogar hasta los grandes países como China, Alemania o Canadá es ir lento pero seguro. En los cambios bruscos está la mortandad de los pequeñas y medianas empresas. Las grandes huyen y no hay cómo llenar ese espacio que generaba empleo.

Germán Vargas mostró todo su carácter irascible no hacia un poderoso sino contra alguien contratado, precisamente, para salvarle la vida en caso de una agresión. Fue un suceso terriblemente espontáneo que tiene el carácter de sello de personalidad incontrovertible.

Ahora, que se presenta como candidato orador, ese hecho queda desaparecido por su discurso, en cambio, mágicamente, surgen las casas para los pobres, las pavimentaciones, las obras de ingeniería que no dependían de su decisión. Eso es ganar indulgencias con camándula ajena.

Vargas tiene problemas con uno de los gestos más antiguos e incontrolables de los humanos para hacer amistad, la risa, no sabe reír. Su discurso es entrecortado, a la manera de algo aprendido de memoria, respirando de a poco, como si pensara así, de salto en salto y no de una manera continua.

Gente participando en campañas

En cada proceso electoral, la participación de la gente es clave para medir, incluso, el nivel de preferencias.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Iván Duque es el más joven, pero es el más retrógrado y, hasta ahora, ha sido llevado oportunamente de la mano de sus mayores a diferentes puestos ejecutivos. En el escenario corporalmente se ve forzado. Aunque su juventud le permite una risa fácil, a veces su rostro muestra una sustancial dureza.

Su oratoria resulta poco convincente porque se le ve el aprendizaje de la actuación, la ayuda técnica tras bambalinas para hacer aparecer o desaparecer conejos, personas o hechos; se le nota que es un aprendiz de mago. Muestra poca sensibilidad hacia el cuidado del medio ambiente en medio del clamor nacional, contrastante con la tierna carta a su hija. Cree que la economía y el cuidado ambiental son un mero asunto técnico. Desconoce que ambas son vida objetivada.

Si la economía no empieza por el cuidado del medio ambiente no habrá vida para su hija. Llegar a un puesto de tal dominio le ha atraído tanto que no le importa ser el heredero de un estilo político que utiliza las más deleznables prácticas; porque el poder está lleno de inescrupulosos.

Humberto De La Calle, que tiene toda la experiencia y formación en asuntos constitucionales, que ha trabajado toda su vida en política, que tuvo fortaleza con tolerancia durante el proceso de paz, donde seguramente el argumento alcanzó un gran protagonismo, ahora, conocedor de la fuerza de la oratoria para ganar adeptos, desempolva el ímpetu de su voz, de sus gestos, de las palabras contundentes de una manera genuina; sin embargo, no contó con que el público, veleidoso, quiere seductores nuevos.

Los sentidos también se agotan y pueden llevar a ignorar ciertas rutas que no ofrecen mayor peligro. Hace recordar a Bernie Sanders en Estados Unidos quien, siendo una figura desmarcada de los polos Trump y Clinton, la mayoría del pueblo lo desconoció. Así, las personas pasan, ven a De la Calle y siguen, dejando atrás a un hombre respetuoso de la ley, sensato, pensante, que trasluce compromiso y angustia por el futuro de su país.

Sergio Fajardo, tal vez al que menos le gusta y poco sabe de oratoria como arma de seducción política, es el que más ha usado la palabra para educar y servir. Se le nota que no le gusta el discurso encantador, en cambio, se le ve satisfecho utilizando la palabra para enseñar.

Muestra con hechos, en vivo, cómo ejercerá el poder, al ceder el micrófono a los votantes, al anotar las inquietudes en un cuaderno delante de todos, en el trato respetuoso a las mujeres, poniendo límites sin fuerza cuando ha sido necesario, sin trucos.

Desafía, limpiamente, a los otros candidatos cuando tira el guante para que ejerzan la política sin corrupción, sin pervertir al elector comprándole la conciencia, es un hecho extraordinario que no sabemos si el pueblo colombiano será capaz de verlo ante sus ojos; hasta ahora ningún candidato recoge, realmente, ese guante.

Bertrand Rusell le dijo la humanidad: “Mirar los hechos y tratar de descubrir la verdad que hay bajo esos hechos”. Ante un discurso no hay ley que proteja, solo el pensamiento crítico es capaz de detener su influencia sobre las emociones. El discurso, es ilusión, el hecho, es realidad.

Lucero Martínez Kasab
Especial para EL TIEMPO
Barranquilla

luceromartinezkasab@hotmail.com

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