Con las lluvias llegan peleas de pandillas en Barranquilla

Con las lluvias llegan peleas de pandillas en Barranquilla

Autoridades diseñan programas de inversión social, para atender esta problemática.

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La Policía interviene a menudo en estas confrontaciones que son, inclusos, con piedras, sembrando el terror entre los vecinos de los barrios populares.

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Cortesía diario El Heraldo

28 de noviembre 2016 , 03:13 a.m.

Cuando las brisas frías recorren las calles barranquilleras, el cielo se encapota y el trueno revienta cerca del techo de las casas, es la alerta de los habitantes del sur de esta capital para buscar guaridas, unos, o piedras, otros.

Estas señales anuncian no solo la llegada del aguacero, con sus temibles arroyos, sino el momento de verdaderas batallas campales entre jóvenes pandilleros, que parece que salieran desde la misma tierra o llegaran del cielo con el agua.

Durante el tiempo de la lluvia, media hora o dos horas, se vive una guerra en la que vuelan piedras, palos y, en los casos más dramáticos, salen a relucir machetes, cuchillos y los temibles chopos y changones (armas de fuego caseras).

“Aquí ya no hay que tenerles miedo a los arroyos, sino a estos pelaos”, dice José Gregorio, quien trabajó en una tienda en el barrio Los Olivos, en el suroccidente, y cuenta que apenas caen las primeras gotas de agua, en el techo de zinc, de inmediato la orden del patrón es bajar las esteras y cerrar el negocio.

“Al ratico se escuchan los gritos de los pelaos, mentándose la madre, diciendo vulgaridades, y luego la peñonera (piedras)”, dice el hombre, quien pidió traslado a un negocio del Centro de Barranquilla, buscando paz y tranquilidad, ya que fue víctima de atraco.

Cada vez que cae un aguacero en Barranquilla es casi que ceremonial que las pandillas salgan a enfrentarse en las calles. Por eso, algunas personas apenas sienten los primeros gritos en la calle se encierran y hay casas en que sus habitantes se ponen cascos de moto, ya que las piedras revientan techos y más de uno ha resultado con heridas en la cabeza sin tener que ver con estos tropeles.

Para la Policía, la pelea en medio de la lluvia es una vieja tradición de los barranquilleros, pero en los últimos años estos enfrentamientos pasaron de ser pelea a puños limpio a guerras en la calle, que este año ha cobrado la vida de 12 jóvenes, de estos 6 en octubre –4 en la última semana de ese mes.

El tema de las pandillas está bien estudiado. El Distrito pagó hace cuatro años una investigación a la Universidad del Norte para que realizara una caracterización de estos grupos. El estudio reveló que en la ciudad se estima que hay 109 pandillas –conformadas por unos 2.500 jóvenes, de entre 12 y 18 años–, algunas ya conectadas con bandas de microtraficos y de delincuencia común, lo que las hace más peligrosas.

Sin embargo, los mismos pandilleros dicen que esta desactualizado, porque cada día aparecen nuevos grupos con otros nombres. Solo en el barrio El Bosque, en el suroccidente, se estima hay unas 40 pandillas, entre ellas ‘Los Relajaos’, ‘Chicos Tommy’, ‘Manteníos de la 58’, ‘Adolescentes’, ‘K-3’, ‘Loquendo’, ‘C-Pequeño’, ‘Mandamás’, ‘Marineros’, ‘Taconazo’, ‘Menores del Páramo’, ‘Insoportables’, ‘Rompe Corazones’, ‘Camisa e rayas’, ‘PVC’, ‘Negritos’, ‘Diablitos’ y ‘Gama Alta’.

Solo el mes pasado, la Policía condujo a los calabozos de la Unidad de Prevención Judicial a unos 50 muchachos, algunos menores de edad, involucrados en peleas callejeras.

“Parecen ‘gallitos de peleas’, muchos son pelados que salen del colegio y no tienen más nada que hacer. Entonces los ve usted en las esquinas desocupados”, dice Luis Ricardo Valencia, vecino del barrio La Manga, que cuando llueve lo primero que hace es llamar a la casa para que encierren a los niños en el cuarto trasero.

“Ya me han roto tres tejas con la tiradera de piedra”, agrega el hombre, quien lamenta que la vida que llevan algunos de esos jóvenes del barrio, a los que recuerda haber cargado cuando eran niños y ahora les teme hasta para saludarlos.
Solo en el aguacero de un reciente sábado de noviembre, Valencia se dio cuenta de seis peleas, pero hay días que llegan hasta 12 y 15, más las que no se conocen, porque la gente no las reporta a la policía.

La última víctima mortal fue en el barrio Siete de Abril, durante un enfrentamiento de pandillas, en el que intervino la Policía. Gisselle Rodríguez Jiménez, de 19 años, estaba en su casa y una bala perdida se alojó en su cabeza. La joven fue llevada a un hospital donde le fue declarada la muerte cerebral. Días más tarde murió.

¿Qué pelean?

Los enfrentamientos en la lluvia entre pandillas ya se volvieron un verdadero dolor de cabeza para la Alcaldía y la Policía, ya que no es fácil controlar este caos, debido a que los arroyos hacen difícil mover al Esmad a estos sectores marginales de la ciudad.

Esta situación es la que aprovechan estos grupos juveniles para citarse a través de las redes sociales a pelear en determinados lugares, como parques o esquinas que hacen parte de los territorios en disputa. Estas peleas son grabadas y luego subidas a YouTube o Facebook, lo que les da visibilidad algunos jóvenes, que ven allí la forma de mostrarse y salir del anonimato.

Para el sociólogo y profesor de la Universidad del Norte, Jair Vega, estos jóvenes lo que están es tratando de llamar la atención para que los incluyan en programas de atención social en los que se sientan verdaderamente útiles.

“Estas políticas públicas deben estar orientadas hacia la juventud, pues esta sería la forma de garantizar que a través de instituciones que les permitan inclusión social, la sociedad no los deje en esos márgenes en los cuales no tienen ningún referente que les dé sentido a su vida y tengan que construirlos a partir de los enfrentamientos o la violencia”, dice Vega.

Tomás –como confesó un joven de pertenecer a una pandilla del barrio Los Olivos–, dice que la mayoría de sus compañeros son vagos, no hacen nada y la mejor forma de usar el tiempo es pelear con las bandas o grupos de otras cuadras o barrios.

“La cosa es darse duro con los de la otra cuadra que no tienen nada que venir a buscar por acá”, cuenta el joven, cuya edad no alcanza los 15 años, pero ya toma cerveza, aguardiente y ha probado marihuana.

Otro que no se idéntica le contó a este periodista de EL TIEMPO que él nació en un hogar donde sus padres robaban y consumían drogas, y muchas veces estuvieron presos. “Vea yo sé lo que es una Navidad con tus viejos en la cárcel y estar solo en la casa”, comenta. No volvió al colegio, porque asegura que una pandilla se la montó y entonces se armó con un grupo de la cuadra. “Ellos son como mis hermanos, aquí tengo lo que necesito por el momento”, agrega.

Hay sectores en Barranquilla ya identificados por peleas bajo la lluvia, como los alrededores de la cárcel de El Bosque, Los Olivos, La Luz, Las Nieves, Carrizal, La Pradera, Las Malvinas, Las Américas, Santo Domingo, Santa María, Bella Arena, Rebolo, Chinita y barrios vecinos. No se escapa la avenida Circunvalar, al igual que en la calle 17. Las pandillas provocan trancones, arrojando troncos a la vía, para atracar a los carros.

El Distrito estudia en estos momentos implementar la denominada ‘hora calabaza’, una especie de toque de queda para los jóvenes en estos barrios, como una forma de controlar las peleas entre pandilleros. La idea, que revivió el concejal Carlos Rojano, ya había sido implementada hace dos años por la alcaldesa de ese entonces, Elsa Noguera, quien aseguró que hubo una rebaja de hasta el 86 por ciento de las riñas en varios sectores. “La medida busca contribuir a la seguridad de la ciudad”, dijo el concejal al explicar que la medida regiría entre las

Más atención

El intendente de la Policía, Zoilo Asprilla, lleva 20 años recorriendo, desarmado, los barrios del sur de Barranquilla, convenciendo a jóvenes pandilleros de abandonar las calles y ayuda a capacitarlos. Gracias a este trabajo ha logrado que varios grupos firmen la paz.

‘El Hombre de Hierro’, como le dicen los jóvenes, también ha sido víctima de la agresividad de algunos pandilleros. Recibió un disparo en la cabeza, la bala quedó incrustada entre los dientes y afortunadamente no le generó lesiones mayores. El uniformado ha seguido trabajando y buscando que estos muchachos sean tenidos en cuenta en programas educativos, laborales y sociales de la alcaldías de Barranquilla y Soledad.

Hoy Asprilla, con su programa ‘Jóvenes a lo bien’, trata alejar a muchos pandilleros del consumo de estupefacientes, violencia intrafamiliar, hurtos, riñas, extorsiones y homicidios.

La Alcaldía y la Gobernación del Atlántico han impulsado varios programas con pandillas juveniles que busca involucrar a estos jóvenes en actividades deportivas y capacitaciones. Solo el año pasado, el Distrito organizó un torneo de fútbol callejero con unos de 200 jóvenes de barrios populares donde hay problemas de convivencia. Los mejores fueron llevados a Brasil a un torneo, en el que quedaron campeones. Hoy algunos dejaron sus pandillas y se vincularon a empresas de la ciudad.

En la actualidad, la Alcaldía y el Área Metropolitana de Barranquilla también trabajan en programa que busca, a través de inversión social y más atención a estos muchachos, desactivar el fenómeno de las pandillas juveniles en puntos críticos.

Según el director del Área Metropolitana, Jaime Berdugo Pérez, ya se focalizaron seis zonas que comprenden los barrios La Pradera, Los Olivos, El Bosque, Las Malvinas, Carrizal, Las Américas, Santo Domingo, 7 de Abril, Santa María, Galán, Bella Arena, San Nicolás, Rebolo, La Chinita y La Luz.

“Lo que se pretende llevar a estos jóvenes que generan situación de conflicto social es oferta de tipo educativo, en el entendido de que muchos de estos se encuentran por fuera del ciclo, unidades productivas con el apoyo del Sena, en salud, rehabilitar a los que se encuentran en las drogas. Es un programa integral que se inicia y se extenderá a los próximos años porque se requiere un mantenimiento continuo”, explicó Berdugo.

Para lograr avanzar, se trabaja en coordinación con la Policía y la oferta de las secretarías de Educación, Salud y Gestión Social. El director del Fondo de Seguridad, Yesid Turbay, contó que se conformaron grupos de trabajo que iniciarán la caracterización del problema para la toma de decisiones de manera acertada.

Queremos hacer contacto con estos jóvenes, escucharlos, saber cuál es la raíz del problema que ellos están originando cada vez que llueve o que se registra un evento público. Es necesario que el Estado llegue hasta ellos para decirles que hay mejores formas de convivir. Mostrarles que hay otro camino y que están a tiempo de corregir sus acciones”, indicó Turbay.

Lo cierto es que las autoridades tienen una carrera contra el tiempo para poner en marcha todos estos programas y conseguir acuerdos de paz y tolerancia entre estos jóvenes. Estamos en una temporada de invierno fuerte en donde se esperan muchas lluvias y con ellas peleas interminables que siguen sembrando el terror en las calles de los barrios del sur de Barranquilla. Por eso, el primer relámpago es la señal de esconderse o armarse con piedras. 

BARRANQUILLA

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