Aún en silla de ruedas, Ernesto Ramírez, enseña boxeo
Por: REDACCIÓN BARRANQUILLA |
El fabricante de campeones mundiales, sigue como Director Técnico en Barranquilla.
El entorno ha cambiado más que el patio de la casa de Ernesto Ramírez, donde funciona el gimnasio de boxeo del club El Campeón, en los últimos 25 años y medio.
Para llegar allá, a esa casa de El Bosque, todavía el barrio más grande de Barranquilla, ya no se transita por calles destapadas como a finales de enero de 1987, cuando llegamos en compañía de un tímido hijo de ese gimnasio y vecino del lugar que pocos días después se consagraría como campeón del peso mosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), Fidel Bassa.
Aunque angostas y curvas, las calles están pavimentadas. En la puerta de la casa, los niños de aquel entonces de 'El Campeón', como se llama a Ramírez, son ahora adultos. Y los niños de ahora son los hijos de aquellos niños.
Pero el patio luce con el mismo aspecto de 1987 y si hay cambios no se notan: seis llantas al fondo, una base de cemento para abdominales, dos sacos rotos, tres peras, dos pesas, dos manillas, dos balones abdominales y cabezotes y guantes remendados.
Lo diferente en el físico de esa 'escuela' de boxeo en relación con hace 25 años y medio es que el cuadilátero está cubierto con una láminas de tejalit para evitar el deterioro, pero entre las uniones del centro, en la parte más alta, se filtra la luz y, por consecuente, el agua cuando llueve.
El cambio más notorio en el gimnasio es de quien imparte las órdenes. Ya no es el hombre vigoroso que ponía las manillas para mejorar la ofensiva. Ahora, ese mismo hombre, permanece sentado en una silla de ruedas oscura y desde ahí entrega las indicaciones a su hijo, de igual nombre, para que a su vez traslade a los pupilos.
Ernesto Ramírez no decae en su empeño de enseñar boxeo a los muchachos de El Bosque, a pesar que una isquemia cerebral lo mantiene en silla de ruedas, desde los primeros días de marzo, tras permanecer 18 días recluido en el Hospital de Barranquilla.
"Esto es lo mío", dice el hombre, con pantalón mocho color negro, camisa roja, gorra marrón y chancletas, que espera a vuelta de 60 días estar de pies, mientras es sometido a terapia en los últimos cinco meses, en varias sesiones, una con un neumático de bicicleta y con masajes que todas las noches le aplica Daniel 'Ñato' de Ávila, entrenador de boxeo y vecino de barrio.
Este cartagenero de 71 años, que llegó hace 65 a Barranquilla, recibió el apodo de 'El Campeón' por practicar diversos deportes, como fútbol y béisbol, antes de hacerlo con boxeo, de la mano del desaparecido Martín Rojas, el padre del medallista olímpico Clemente y el excampeón mundial Baby Sugar, ahí mismo en El Bosque. Pero tres contiendas fueron suficientes para saber que no servía como peleador.
Pero 10 años después, en 1971, comenzó poniendo los guantes, de noche en la puerta de su casa, a niños palenqueros del barrio. La Policía lo amenazó con llevarlo preso si persistía, pues obstaculizaba el paso de los buses.
Por eso decidió armar, en el patio, su propio gimnasio. Y de ahí surgieron cinco campeones mundial: Bassa, Ener Julio, Likar Ramos, Rafael Pineda y Eliécer Julio, quien además obtuvo una medalla en Juegos Olímpicos.
-Manos bien arriba -le dice el entrenador a su asistente e hijo, subido en el cuadrilátero-. Mira cómo están saliendo esas manos.
Esta tarde, solo hay ocho muchachos entrenando de los 12 integrantes en la actualidad del club. Ramírez padre espera estar bien para buscar más material humano en el barrio. Antes, hace 25 años y medio, había 40 chicos y después de la victoria de Fidel Bassa, dos semanas más tarde, el número se duplicó.
El viejo entrenador mueve la silla de ruedas y gira. Queda de frente de un muchacho que golpea la pera.
-Esto es pura pimienta: ¡mueve la cabeza! -le indica al chico.
-Mira cómo salen de aquí -dice al periodista-. Será un 'Pambelé'.
John Breiner Gutiérrez Vargas, de 15 años, es quien recibe las instrucciones. Lleva un mes entrenando y vive en el barrio.
La reconocida voz de un locutor se escucha cerca, aunque viene de lejos, a través de los altoparlantes de un picó: '¡Aquì suena... El David!". Son cerca de las cinco de la tarde del lunes 16 de julio, día de la Virgen del Carmen. Pero en el patio no se deja de escuchar la voz de Ramírez padre:
-Vamos con el upper... El jab y el paso atrás... No te quedes con un golpe, tiene que repetir con ese mismo gancho.
-Mi hijo, que también fue boxeador, es mi asistente, pero quiero dejar rápido esta silla de ruedas y enseñar yo mismo -sostiene Ramírez, con la voz más baja que hace 25 años y medio-. Quiero ser entrenador hasta que me muera...
REDACCIÓN BARRANQUILLA


Miembro de
Miembro de