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Investigan ataque con cianuro contra funcionaria en Medellín

En observación médica permanecía este miércoles Adriana María Bastidas, jefe de la Oficina Asesora de Planeación de la Contraloría General de Medellín.

La funcionaria fue atacada con una jeringa por un desconocido que la sorprendió cuando descendió de su vehículo y se dirigía hacia su oficina, en el edificio Miguel de Aguinaga, situado en pleno centro de la ciudad, en inmediaciones de la Plaza Botero.

"Ella entró corriendo a la sede de la Contraloría y decía que alguien la había chuzado con algo y mostraba la parte posterior de su espalda. Al poco rato se desmayó", contó uno de sus compañeros de trabajo.

Bastidas fue llevada de urgencia a la clínica CES y luego remitida al Hospital San Vicente de Paúl, donde un análisis inicial de una traza de sangre mostró que era cianuro la sustancia que le inyectaron.

Sobre los posibles móviles del inusitado ataque, la Policía trabaja dos hipótesis: una, que se trató de un intento de atraco y la otra, que tendría relación con las funciones que desempeña en el ente de control.

No obstante, esta última parece estar descartada, pues Adriana María Bastidas, según explicó el secretario general de la Contraloría, Jaime León Acosta Montoya, desempeña funciones relacionadas con la calidad en los procesos y nunca ha recibido amenazas.

El cianuro es una sustancia química de uso industrial, pero cuando tiene contacto con seres vivos se convierte en un elemento altamente tóxico.

Yuly Agudelo, toxicóloga clínica del Hospital San Vicente de Paúl, explicó que "al contacto del cianuro con el cuerpo humano se produce una reducción de oxígeno en las células; esto se produce poco a poco, pero es rápido en dos órganos vitales: el cerebro y el corazón".

Por esta razón, lo primero que padecen quienes tienen contacto con cianuro es un desmayo, de allí continúa una baja de presión cardíaca y, de no recibir atención inmediata, se puede producir la muerte.

"Para contrarrestar esto se utilizan antídotos que detienen el daño", dijo la toxicóloga Agudelo. Después de esto aplicación, el paciente ingresa a una fase de recuperación, en la que es necesario analizar que no haya daños irreversibles.

"Las secuelas que pueden quedar son trastornos del habla, de la visión o de la marcha, incluso problemas cerebrales", agregó Agudelo. La historia de estos insólitos ataques se remonta, en el valle de Aburrá,  a finales de la década pasada, cuando un hombre de 41 años, identificado como 'El sicópata de la jeringa', mató al conductor  Fredy Antonio Bustamante Zapata y a un bebé. Antes de ser capturado trató de matar a por lo menos otras cinco personas.

Y en el municipio de San Vicente, en el oriente del departamento, dos hombres y dos mujeres fueron acusados por la Fiscalía por tentativa de homicidio al intentar inyectar con cianuro al gerente de la empresa de transportes Sotra San Vicente, Emilio Gallego.

MEDELLÍN

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