Bajo un calor de 28 grados, rodeada de paredes y techos de un plástico blancuzco a través de los cuales se adivina un sol difuminado y abrasivo, Berta Giraldo saca unas tijeras de su riñonera. Con un rápido movimiento corta diez tallos de gérberas y arma un ramo que pone en una fina bolsa plástica que lleva al cinto.
Esta mujer de tez blanca y pelo castaño no ha llegado a los cuarenta años. Sin embargo, ve por cinco hijos y hace tres años y medio, tuvo que abandonar su parcela en la vereda La Represa del Carmen de Viboral sin enseres y solo con sus vástagos. Huía de los grupos armados.
Recuerda que llegó desplazada a otro municipio del oriente, con pocas esperanzas de rehacer su vida. Sin embargo, su suerte cambió cuando ingresó en un plan de capacitación para desplazados, que le facilitó ser contratada por Carmel, la empresa floricultora para la cual trabaja hoy en La Ceja, al oriente de Antioquia.
Pero hoy, su vida está pendiente de una cifra: la caída diaria del dólar que está a punto de dejarla sin sustento a ella y a cerca de 50 mil personas más que dependen de la floricultura en el oriente antioqueño.
"Aquí me han dado todo, gracias a este trabajo me pude establecer otra vez y le estoy dando estudio y comida a mis hijos" relata hoy esta mujer que todos los días, después de trabajar, ve con atención las noticias para temblar cada vez que hablan de la revaluación del peso.
La situación ya está causando estragos en la economía de esa zona del oriente antioqueño. El anuncio de liquidación de Flores Bochica, el segundo floricultivo más grande de la zona dio la voz de alerta. Allí 454 empleados ya viven en carne propia los temores que tienen Berta Giraldo y sus 220 compañeros de Flores Carmel.
Uno de los empleados de Bochica que soporta la incertidumbre es Miguel Ramírez*. El nació y vivió gran parte de su vida en un municipio vecino, sin embargo, dice que a su familia la ha sacado adelante gracias a Bochica, que lo enganchó hace más de 20 años.
"Tan pronto me avisaron recogí mis cosas y me vine para La Ceja" recuerda emocionado. Miguel logró ascender posiciones. Dos años después ya era empacador y luego fue nombrado auxiliar en una de las áreas de producción. Esto le permitió sacar adelante a todos sus hijos, quienes hoy por hoy ya están establecidos y con sus propias familias.
Ahora se desempeña como supervisor y tiene una unidad de trabajadores a su cargo. "Desde que anunciaron que la empresa se iba acabar todo cambió, los operarios ya no trabajan con el mismo ánimo y ahora están reclamando que se les pague el aguinaldo del año pasado que todavía les deben" dice.
Pero lo que más le preocupa es su situación, pues le faltan poco más de tres años para jubilarse. Después de que las directivas de la compañía dieran un plazo de dos semanas para el cierre definitivo Miguel espera su liquidación con desconsuelo pues piensa que, rondando los 60 años, ya es muy viejo para ser contratado por otro cultivo y completar el tiempo que lo separa de un retiro tranquilo.
Piden ayuda para no desaparecer
Situaciones como esta hicieron que en mayo pasado cerca de 6 mil trabajadores de los floricultivos se movilizaran por varios municipios del oriente antioqueño pidiéndole al Gobierno medidas efectivas para frenar la caída del dólar, cuya devaluación frente al peso ya ronda el 20 por ciento este año.
Los trabajadores aprovecharon para enviar al presidente Álvaro Uribe y al gerente del Banco de la República José Darío Escobar, una carta firmada por 20 mil de ellos. Allí afirman que la desaparición de la industria de las flores dejaría un millón de personas sin sustento y denunciaron que, por el gran número de floricultores que sólo han adelantado estudios primarios, difícilmente serán reenganchados por otros sectores de la industria.
Marcos Ossa, presidente de Asocolflores regional Antioquia, asegura que Bochica fue la primera víctima de la reevaluación del peso, pero que no será la última si las cosas siguen como van. "Al sector floricultor se le acabó el oxígeno, el tanque de reserva que teníamos se agotó en los últimos cinco años de reevaluación sostenida del peso" asegura el dirigente.
Los empresarios de las flores se quejan de las políticas del Banco de al República que buscan frenar la inflación pero que, según dicen, han llevado a que Colombia sea el país con la moneda más revaluada del mundo frente al dólar "En este escenario en el que estamos no se si hay futuro para los cultivos de flores en Colombia" señala Ossa.
Los floricultores ya le han hecho peticiones al Gobierno Nacional para que disminuya el gasto público, otro de los factores que, según ellos, ha acentuado el desplome de la moneda estadounidense en Colombia.
"Nosotros agradecemos las ayudas del Gobierno pero el país tiene que entender que el sector floricultor pasó de ser el 6 por ciento de la producción nacional al 17 el año pasado y su desaparición tendría efectos catastróficos para Colombia" , insiste el dirigente.
Por lo pronto Berta Giraldo y sus compañeros esperan una solución pronta a una revaluación del peso que parece lejana a sus capacidades laborales pero que los tiene a punto de perder su trabajo.
"Todos tenemos que trabajar más con el corazón porque esta industria nos ha dado todo. Ojalá podamos seguir acá", concluye la mujer.
JUAN DIEGO URREA
Enviado Especial EL TIEMPO
La Ceja (oriente antioqueño)
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