Mariana Pajón, la atleta que nunca mira hacia atrás
Por: CAMILO ROZO |
La bicicrocista Mariana Pajón
Foto: Camilo RozoCamilo Rozo, fotógrafo y admirador, cuenta quién es la mujer que hizo gritar a los colombianos.
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Don Carlos Mario Pajón sonríe y cuenta sobre aquella vez en la que pasados varios giros de una carrera de carros en Medellín, en la cabina del viejo Renault 4 que él piloteaba, unos ruidos inusuales llamaron su atención. Con mucho esfuerzo, entre curvas y girando cada vez más la cabeza para mirar hacia atrás, don Carlos Mario vio a su hija Mariana, de cinco años, aferrada a las varillas antivuelco de la carrocería. Se había quedado dormida adentro durante la preparación del carro en pits y despertó al ritmo de una carrera a fondo que, parecería, no para desde entonces.
Casi todo alrededor de la vida de Mariana Pajón ha estado ligado a la adrenalina, a la velocidad y al triunfo. Es algo de familia. Muy temprano en su vida, cuando todos los niños imaginan ser lo que han sido sus padres, ella afirmaba convencida que lo suyo era ser campeona del mundo. Hoy, a los 20 años, ha conseguido tantos títulos y tanta gloria, que no es exagerado afirmar que la medalla olímpica de oro en bicicrós fue siempre una certeza en la casa de la familia Pajón.
La conocí en el año 2010 en Bogotá. Ese año Mariana se convirtió en atleta de la marca Red Bull para la cual trabajo como fotógrafo. Desde entonces nos hemos visto con la frecuencia que el trabajo ha permitido y que muy rápido hizo que se convirtiera en mi colombiana favorita. Desde el saludo, un encuentro con Mariana es una experiencia inolvidable. Con una dulzura y alegría contagiosas, se mueve por la vida y por las pistas emanando energía. Así no más. Siempre mira a los ojos. Siempre dice lo que piensa y siente.
En definitiva, lo que más le importa y espera es que se abra el partidor. Vive para ello. Cuando esto sucede, Mariana simplemente despega y se va. Se va sin importar que sus rivales sean hombres o mujeres, que sean más grandes o más fuertes. Su determinación y convicción son tan grandes que difícilmente uno cree que puedan caber en su estatura (mide 1,57 metros). Nunca mira hacia atrás. Mariana cruza la meta y piensa en el siguiente partidor. Es lo que más admiro de ella.
Por la calle, camina sin prisa y sin pretensiones. Es una mujer hermosa que parece tímida aunque no lo es. La he visto dedicarle el tiempo necesario a cada fanático que la aborda o a cada niño que en la pista se le acerca en busca de consejos. Mariana los escucha atenta y sonriente antes de insistirles en que lo más importante está siempre en la mente. En que pedalear rápido es una de las claves, pero creer en ellos mismos es lo que los hará siempre diferentes, como ella. "Nunca pienses que te vas a caer, nunca pienses que no puedes ganar", les repite mirándolos a los ojos y sintiendo que esas palabras suyas y su ejemplo deben bastar para hacer nuevos campeones.
Don Carlos Mario Pajón sonríe siempre que cuenta anécdotas sobre su hija: sean de triunfos, viajes o hasta de dolor. El padre de Mariana la mira y concluye diciendo que si él no hubiera visto a esa niña nacer y criarse en su propia casa, diría con certeza que "ella es como un extraterrestre". Yo no podría estar más de acuerdo. Y creo que Colombia también lo está.
Casi todo alrededor de la vida de Mariana Pajón ha estado ligado a la adrenalina, a la velocidad y al triunfo. Es algo de familia. Muy temprano en su vida, cuando todos los niños imaginan ser lo que han sido sus padres, ella afirmaba convencida que lo suyo era ser campeona del mundo.
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