¡Con los crespos hechos!

¡Con los crespos hechos!

El pelo, el accesorio de belleza por excelencia de la mujer, reclama volver a su estado natural.

Mabel Lara

Más allá de un asunto vanidoso, el furor de los rizos es un grito de autoaceptación e identidad.

Foto:

Santiago Saldarriaga/ El Tiempo

18 de junio 2018 , 11:18 a.m.

"Decidí que ya no quería pasar por más tratamientos químicos para alisar mi pelo. Eso desencadenó volver a llevarlo natural y que poco a poco esté recuperando su onda". Así explica Mabel Lara, presentadora de Noticias Uno del Canal 1 y una de las periodistas más reconocidas del país, su decisión de lucir crespa en el set.

"Estaba cansada de todos los procedimientos que nos toca hacernos a las mujeres afro para alisarnos y estaba intentando dejarlo respirar porque después del cubrimiento del pasado Mundial de Fútbol en Brasil me arriesgué a hacerme queratina y a pintármelo, y empezó a maltratarse y a caerse", agrega la vallecaucana, que admite estar feliz por librarse del estereotipo de que las mujeres deberían ir siempre con el pelo liso: "Yo creo que eso nos marca a todas; todas queremos seguir un patrón que nos dictan la moda y algunos oficios", dice.

Su cambio de look desató una ola de solidaridad y se sumó a un movimiento mundial que se ha vuelto tendencia. Lo visto en Mabel Lara, ese regreso a lo natural (tan alabado incluso por medios de comunicación internacionales) es en el fondo una expresión de la belleza de la diversidad de razas y de la ruptura de viejos patrones. Ya basta de ser lisa por obligación.

Las mujeres crespas tienden a consumir más productos capilares y en mayor cantidad para resaltar la belleza de su pelo.

Más que un asunto de belleza, el pelo se revela como una forma de poder. No en vano históricamente ha sido considerado "un símbolo de estatus social, cultural y jerárquico, un lenguaje visible de lo que la persona quiere o necesita proyectar", explica Sandra Bautista, entrenadora de expresión positiva, belleza interior y exterior. Por eso lucir una cabellera lisa, ojalá extralisa, era sinónimo de clase y elegancia hasta hace poco, mientras que el pelo ensortijado era visto con cierto desdén. De ahí "la necesidad de adaptarse y camuflarse para parecerse a la mayoría", apunta la experta. Hasta que, en buena hora, surge la posibilidad de no tener que parecerse a lo que predomina.

Kerry Washington,

Kerry Washington, protagonista de la serie 'Scandal', a su entrada a la gala MET 2018.

Foto:

Getty Images

En la pasada edición de los Premios Óscar, por ejemplo, la actriz Viola Davis sorprendió con su elegante atuendo rosa fucsia, de Michael Kors, complementado con su larga melena afro en un semirrecogido. "Se veía radiante, como si estuviera diciendo: '¡Esta soy yo!'", apunta Diego Cely, director artístico de L’Oréal Professionnel. Se notaba su seguridad en sí misma, el orgullo de quien es. Tanto así que al otro día de la gala, la prensa aplaudió su look.

Pasó lo mismo con Kerry Washington, protagonista de la serie Scandal, quien en la pasada gala MET 2018 acudió con su pelo totalmente afro. Otra mujer icónica por ser defensora a ultranza de la belleza sin artificios, Alicia Keys, cantante y juez del programa The Voice, cautiva con su pelo ensortijado que revela sus raíces afro. Una muestra de que "la mujer se está liberando de paradigmas y reglas ajenas que durante siglos pudieron haberla hecho sentir esclava de rutinas de belleza desgastantes y costosas", insiste Sandra Bautista.

Andrea Guzmán

La actriz Andrea Guzmán, de niña renegaba por tener el pelo crespo. "Hoy me gustan porque hacen parte de mi sex appeal", dice.

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Gabriel Carvajal

Sí, las mujeres se hartaron de seguir estereotipos. "Cuando era niña, mi mamá gastó mucho dinero en mi pelo. Tenía muchos crespos y por la presión social quería verme como las otras (...) Lo que me mostraban como bonito las revistas y medios de comunicación no era yo, y fue muy frustrante porque eso significaba que yo era fea (...) y eso es muy doloroso para una niña en proceso de reconocimiento", confiesa Mabel Lara. No fue la única que libró esa batalla. Gabriela Alzolar, bloguera de estilo de vida, muchas veces rechazó su pelo "porque socialmente la mayoría de la gente lo veía como rebelde, salvaje, ordinario". Por esa presión hacía lo que fuera para encajar. Incluso recuerda cómo para un trabajo como asistente de presidencia de una empresa en Venezuela cedió a la presión de su jefe para alisarse y así verse más 'arreglada'. Tratamiento que él pagó con tal de no verla con sus rizos apretados. Era eso o perder su trabajo.

Más autoaceptación

Esa búsqueda de aceptación también es histórica, explica Carolina Correa, vocera y gerente de producto de Natura Cosméticos: "Las mujeres antes percibían que encajaban mejor por cómo lucían, y el código para hacerlo era a través del alisado". Y en ese proceso, las de rizos y crespos fueron las más afectadas por "el abuso de tratamientos para alisarlos, como el secador y las planchas que dañan la fibra capilar, además de hacer que pierdan brillo e hidratación", explica la médica dermatóloga Lina Llanos. Y en ese afán de responder a los dictados de la moda se recurría (y aún se hace) a todo, incluso a aplicarse en la fibra capilar formol, una práctica nociva para la salud. "El formol o formaldehido es un compuesto altamente volátil e inflamable; a raíz de su toxicidad su uso en alisados de pelo ha sido prohibido en algunos países", agrega Llanos.

Volver a los rizos naturales expresa la belleza y la diversidad de las razas y rompe con viejos patrones.

La globalización también ha hecho su parte para que los crespos reinen en más cabezas. "Ver el mundo hoy con sus diferentes razas hace que las variables de belleza se hayan ampliado y enriquecido, es como si nos diéramos permiso para mostrar nuestra belleza racial", agrega Bautista.

El mercado no es ajeno. "Hay un fuerte auge de ofertas específicas para crespos y afros y también nuevas técnicas para este tipo de pelo, incluso con crecimientos de consumo mayores al 50 por ciento en estos productos", dice Correa.

Alicia Keys

La cantante Alicia Keys con sus crespos alborotados ha creado un movimiento alrededor de la naturalidad.

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Getty Images

Las marcas de productos capilares no pierden de vista las tendencias y los cambios de comportamiento de sus consumidoras. Es el caso de la línea Pantene Rizos. Con el estudio que realizaron a sus consumidoras en América Latina hallaron que “Colombia es el segundo país con mayor presencia de mujeres con pelo rizado (23 % vs 19 % del total de Latinoamérica), detrás de Brasil (33 %)”, revela Diana Pérez, gerente de categoría de cuidado del pelo de P&G Colombia. Así mismo, descubrieron que ellas consumen más productos y en mayor cantidad. “Utilizan de 4 hasta 7 productos diferentes en su rutina capilar. Invierten dos veces más que la media general de las consumidoras de la categoría. Usan más acondicionadores, cremas para peinar, ampolletas y tratamientos", especifica Pérez.

Y la razón es sencilla. Los crespos y los rizos tienen su encanto, pero exigen cuidado. Crecen más lentamente (9,27 cm al año) en comparación con los lisos (14,47 cm/año). Por su estructura más enredada, los aceites naturales producidos en el cuero cabelludo no se distribuyen tan fácilmente a lo largo de la hebra, por lo cual son percibidos como más secos y deshidratados.

Gabriela Alzolar

La bloguera Gabriela Alzolar dice que el pelo crespo no es sinónimo de dejadez.

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Néstor Manrique

Esto lo saben los expertos como Ángela Yepes, propietaria de Liso Brasileiro, un negocio que abrió hace ocho años en Brasil y hace dos llegó a Colombia. Ella ha notado un aumento en las que acuden para sacarles partido a sus crespos. "Buscan los distintos tratamientos con extractos naturales para hidratarlos, nutrirlos y recuperarlos", explica. Y la actriz Andrea Guzmán, que en su niñez sufrió por no saber manejar su pelo y sentirse como "un micrófono andante", también se prepara para lanzar su propia línea de cuidado capilar.

El pelo ejerce un poderoso efecto en la autoestima, al punto de hacer sentir más confiada y hasta invencible a cualquier mujer. Andrea Guzmán lo confirma: “Cuando tengo mi pelo con volumen y brillo me siento como Sansón”. Y, algo más, si quiere saber del momento que está viviendo una mujer, fíjese en su pelo. "Este cambia si tiene o no pareja, si su dueña descansa lo suficiente, si se encuentra en un tiempo creativo o rutinario", asegura la psicóloga Íngrid Gómez. Una teoría que valida Mabel Lara, quien confiesa que al cambiar de trabajo también quiso cambiar de look. Un cambio que terminaron por notar quienes la rodean. "Cecilia Orozco, la directora del noticiero, me dijo que parece que me hubiera quitado un piano de encima", concluye.

Flor Nadyne Millán M. 
@NadyneMillan
REVISTA CARRUSEL

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