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La ley del eyaculador

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La ley del eyaculador

Columna de Roberto Palacio.

Una senadora estadounidense pasó un proyecto de ley que busca reglamentar dónde se puede eyacular.

Las feministas, como si hiciera falta hacérselo notar a alguien, andan furiosas. Ahora el reclamo va por vías que no hubiéramos sospechado. Mientras el mundo se complace en la deliciosa, y a veces compleja, diferencia entre hombres y mujeres, al parecer hay quienes siguen con el eslogan de los años setenta: Igualdad incluso en contra de la diversidad.

* Si los hombres legislan sobre la reproducción femenina, las legisladoras feministas han de regular la masculina. Al menos eso piensa Constance Johnson, una senadora por el estado de Oklahoma. Ha pasado en los últimos días un proyecto de ley que pretende reglamentar los sitios en donde un hombre puede eyacular, y el problema no es que lo estuvieran haciendo en la calle, como la 'meadita'. Dice la norma propuesta: "Cualquier acción en la que un hombre eyacule o deposite semen en un lugar que no sea la vagina de una mujer será interpretada como una acción contra un niño no nacido".

Y nosotros que pensábamos que eran los congresistas de Colombia los que necesitaban completar su educación. ¿Cuántos genocidios no hemos cometido todos durante los fluidos años de la adolescencia? Bajo el mismo principio de no afectar a un niño no nacido tendremos que castigar la menstruación femenina no transmutada en un embarazo y todas las eyaculaciones nocturnas, como hacían los dominicos con los indios durante la Colonia, y toda relación homosexual que no tiene lugar en ese órgano que especifica la ley. Y por si fuera poco, los violadores al atacar podrán alegar que cumplían la norma juiciosos y cabales al evitar que su esperma, como la del bíblico Onán, cayera en suelo infértil. Con lo fácil que es simplemente decir que no se puede cometer un delito contra un ser que no solo no se ha concebido, sino que aún no existe.

* Pero no se piense que la ley de las feministas solo afecta a esta discusión sobre los neonatos que se debate en las altas cortes. A pesar de que es poco probable que por ahora estas piezas del absurdo legislativo hagan curso en el congreso, las feministas americanas han logrado llevar sus reivindicaciones a asuntos más sencillos haciendo la vida para todos... bueno... un poco más amarga. Considérese esto: en el Estado de Nueva York la ley exige que, dado que los baños masculinos en los bares tienen taza y orinal, los femeninos tengan dos tazas. La idea es que las filas duren lo mismo. Hasta ahí perfecto. El problema es que los dueños de los negocios -no porque sean monstruos machistas sino porque hay plata involucrada- se fijaron en la primera parte de la norma y decidieron arrancar el orinal de los baños masculinos. Ahora todos deben aguardar en largas filas para la urgente micción que sigue a las cervezas.

No digo una sola palabra contra las deseadas leyes de igualdad laboral, ni contra la equiparación en oportunidades de hombres y mujeres, que tengo por cruciales. Solo reivindico mi derecho a esparcir mi semilla al viento si así me place, sin tener que producir más demócratas o republicanos en el acto. Y lo hago afanoso, antes de que la moda de legislar sobre dónde debo depositar lo que sale de mis órganos germinales llegue a Colombia.

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