Los dueños de la noche bogotana

Los dueños de la noche bogotana

Conozca a los reyes de la escena nocturna de la rumba y la buena mesa en la capital.

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De izquierda a derecha, Carlos Oñate, Andrés González y Juan Pablo Arango, socios del grupo Evedesa.

Foto:

Juan Manuel Vargas

21 de septiembre 2016 , 06:17 p.m.

Son, en su mayoría, hombres entre los 25 y los 45 años, viajan por el mundo rumbeando y comiendo en los sitios de moda de las grandes capitales, y se les considera los dueños de la escena nocturna bogotana. Ellos son los protagonistas de la movida que en una década ha convertido a la capital colombiana en un destino internacional de rumba y gastronomía, y a estos sectores en la base de un movimiento serio, innovador y con proyección.


Camilo Ospina, presidente de Asobares, afirma que, según cifras internas de la entidad, en una noche de fin de semana (viernes o sábado) en Bogotá salen 500.000 personas en busca de entretenimiento. “Esa asistencia puede llegar a un pico de un millón en los 10.100 establecimientos que hay en Bogotá, según la Cámara de Comercio”, asegura.


Noticias como el anuncio de la compra de la cervecería Bogotá Beer Company (BBC) por parte de AB Inbev, la cervecera más grande del mundo que adquirió también a la sudafricana SABMiller, y la apertura hace tres meses de Lit Disco, la primera discoteca al estilo Las Vegas con capacidad para 1.200 personas, reafirman el buen momento del sector.


“En Bogotá está gestándose lo que en España se denomina una movida. Hay varios grupos con propuestas interesantes y esto hace que los clientes esperen cada vez más calidad y propuestas sólidas. En los últimos 10 años Bogotá ha pasado de una escena tímida a convertirse en una ciudad reconocida internacionalmente por su gastronomía y entretenimiento nocturno”, asegura Felipe Rodríguez, socio del grupo conformado por Felipe Arizabaleta, Jorge Pizarro, Andrés Juan Hernández, Emilia Castellano y el grupo B3.


Ellos operan El Bandido, Bruto, Apache, el Bar Enano, El Coq y el restaurante Alimentación General. “En breve estaremos inaugurando un nuevo restaurante llamado 7cabras y estamos trabajando en un proyecto relacionado con cerveza que nos tiene muy entusiasmados”, cuenta.


La tendencia ha evolucionado hacia la buena mesa y la rumba en un mismo lugar. Hace unos cinco años ningún restaurante tenía bar, tal vez el primero en aplicar el concepto que está hoy de moda fue Rafael Osterling; antes no había un bar donde los clientes se pudieran sentar, hoy son más al estilo gringo en este sentido”, comenta Nicolás Quijano.


Este experto en montaje y operación de restaurantes es socio de la marca de pizzerías La Diva y creador de Fudo Asiático, un concepto de cocina asiática moderna inspirado en la comida de la calle (street food) de China, Japón y Vietnam, con una carta diseñada para compartir y una atractiva barra con cocteles de autor, proyecto para el que se asoció con el chef Andrew Clarkson y Camilo Peláez (creador de Home Burger).

El mayor conocimiento y el poder adquisitivo de los consumidores que disfrutan experiencias fuera del país y desean encontrar la misma calidad en el suyo, han contribuido también a la evolución del sector.


Santiago Arango Jaramillo, uno de los socios y gerente de la Unidad de Negocio del grupo Takami, conformado hace 12 años por él, Felipe y Nicolás Vásquez y Andrés Encinales, operadores de los restaurantes Sipote Burrito, Osaki, 80 Sillas, Horacio Barbato, Black Bear cocina y raw bar, Cacio e Pepe, La Fama, Ugly American, Central Cevichería y Cantina y Punto, explica que la evolución es de lado y lado.


Tenemos ya unos clientes que han viajado, están más abiertos a conocer, se han vuelto aún más exigentes de lo que eran hace 10 años y tienen estándares de calidad más altos. Hoy, cada vez que un empresario propone algo lo tiene que hacer con mucho cuidado porque el cliente ya conoce y la competencia también está muy pendiente de lo que pasa en el mundo. Ahora buscan una experiencia, que haya un buen sommelier, que sepan recomendarles un coctel, consumidores que ya se sientan en la barra, que saben de ingredientes diez veces más de lo que sabían hace 10 años”, dice Arango, cuyo grupo proyecta tres aperturas para este año.


Maurizio Mancini, socio de Gerónimo Basile desde hace siete años, ambos pioneros de la evolución de la rumba en Bogotá, menciona un factor que ha cambiado la forma de hacer negocios en el mundo.


“Las redes sociales e Internet hacen que puedas estar casi en vivo en cualquier discoteca en el mundo, sabes cómo está decorada y cómo está la música. Además hacen posible que la persona pueda comunicarse con los empresarios de una mejor manera, ahora te dejan un mensaje en tu Facebook, en tu correo, en Instagram. La comunicación y el diálogo están más abiertos con los clientes”.


A eso, Gerónimo Basile añade que les da a los clientes la oportunidad de denunciar y, si en la discoteca o en el restaurante no les responden, pueden postearlo en las redes sociales.


Mancini empezó con el bar G-Spot en la calle 93 en el 2001 y después abrió Macondo en South Beach (Miami) dirigido a la comunidad latina en Estados Unidos. Basile se dio a conocer por el bar Cha Cha en Cartagena, modelo que replicó luego en Bogotá. Los bares Bardot y Kinky fueron otros de los grandes éxitos de estos empresarios. Actualmente tienen los restaurantes Kong, Bravo!, N.N. Sir Frank, el bar Floyd, Frank Trucks, dos food trucks de comida rápida, y su más arriesgada apuesta, LIT Disco.


“Es una propuesta bastante ambiciosa, está diseñada para recibir 1.200 personas e inspirada en las grandes discotecas de Las Vegas. Le estamos apostando al público crossover que quiere rumbear cómodamente”, explica Basile.


¿En qué se inspiran?


El éxito de estos nuevos negocios no es fortuito; detrás de ellos hay grupos de trabajo muy estructurados, conformados por profesionales, la mayoría de ellos socios activos que están todos los días supervisando su funcionamiento.

Cada lugar es cuidadosamente diseñado inspirándose en las grandes propuestas del mundo o tomando las tendencias y adaptándolas al gusto local, ya que, según Maurizio Mancini, el colombiano hasta para rumbear es muy autóctono y va a preferir siempre las propuestas originales sobre las ideas fusiladas de otras culturas.


“La rumba ha evolucionado mucho. Cuando empezamos las inversiones de los bares eran muy pequeñas, no importaba la marca del sonido o de la iluminación y la decoración, menos. Eran paredes blancas con cuatro lucecitas y un sonido cualquiera, o sitios muy oscuros. Hoy la gente cada vez exige más, que sean mucho más lindos, con mejor decoración, con sonidos de calidad, pantallas ledes, con una infraestructura mucho más grande”, explica Andrés González Arrubla, socio de Evedesa, otro de los grupos de larga trayectoria en la ciudad.


Evedesa nació con el bar Cha Cha hace 11 años. Actualmente sus socios son Miguel Neira, Andrés González Hidrobo, Juan Pablo Arango, Ciro Villazón, Carlos Oñate, Sebastián Fonseca y Andrés González. Juntos abrieron Rosario, Penthouse, Delirio y Matildelina, que aún permanece. Actualmente tienen los bares 4.40 Music Hall, Marquez, Hotel V Bar, Black Sheet, Gigi’s Wine Market y Bier Market; todos incluyen propuesta gastronómica. Para agosto tienen planeada la apertura de su nuevo bar, Bungalow.


Al menos dos veces al año, los socios viajan a ciudades como Nueva York y Londres, los destinos preferidos, y le siguen Miami, Chicago, San Francisco y Las Vegas, para ver qué está pasando.


Los viajes son fundamentales, más que para ver qué están haciendo nuestros colegas internacionales, viajamos porque somos amigos y nos divertimos mucho; después de varios días juntos siempre surgen descubrimientos y reflexiones que son fundamentales para nuestros proyectos”, cuenta Felipe Rodríguez.

Para la creación y el diseño de restaurantes el proceso funciona de forma similar.


“Hacemos un gran esfuerzo para que los restaurantes evolucionen y ofrezcan una experiencia también enfocada a una buena oferta de bebidas con una muy bien ejecutada propuesta de coctelería y la puesta en escena de barras. Es a lo que le estamos apostando últimamente. Traemos asesores de Nueva York y San Francisco para que nos monten las barras y nos las operen, vienen y se quedan acá trabajando”, explica Santiago Arango.

Otra de las estrategias es convertir en socios a chefs de renombre. De esta manera garantizan la calidad de la cocina y el compromiso total de todos.


Sin embargo, Nicolás Quijano afirma que entre las nuevas propuestas hay definitivamente que identificar dos clases. “Está la gente que fusila –algunos lo hacen muy bien– y los creadores de concepto, que son pocos. Otros tratan de hacer cosas similares a lo que ven en otros lados, pero sus conceptos no son completos, tanto que uno se llega a preguntar a veces ¿qué son?”


Pero… ¿Los dueños se divertirán haciéndolos tanto como sus clientes disfrutándolos?


“Trabajamos todo el tiempo. No hay horarios ni vacaciones, pero es muy divertido principalmente porque somos amigos y nos divierte estar juntos. Cuando realmente se goza lo que se hace se puede trabajar sin descanso y con el mejor rollo. Cuando te has entregado a esto no hay vuelta atrás; se vuelve una obsesión”, reconoce Felipe Rodríguez.


Andrés González afirma que quien se dedica a este negocio tiene que gustarle la rumba, disfrutarla y salir de noche, aunque en el día a día la cosa es distinta. “Cuando salimos a trabajar no tomamos licor, estamos revisando sitio por sitio, comprobando que las instalaciones y los controles que estamos aplicando estén funcionando”, dice.


“Los márgenes (de ganancia) no son los mejores del sector, pero si quieres meterte en esto tienes que hacerlo de cabeza: si no te gusta, no lo hagas. Es un sector que aún no tiene el prestigio que se merece y es un trabajo de largas horas”, dice Quijano.


Maurizio Mancini y Gerónimo Basile solo ríen mucho ante la pregunta. Ambos son conocidos como rumberos de tiempo completo y, como ellos lo saben, desarrollaron su propia estrategia.


“Hay que buscar una estructura donde haya administradores y operadores. Nosotros nos dedicamos más a crear contenido, a hacer convocatoria, a que los lugares estén bien posicionados y atendemos a la gente personalmente”, explica Mancini.


En conclusión, se gozan lo que hacen, aún con las dificultades de un sector tan competido. “¡Nada es fácil en Bogotá! Sin embargo, hemos comprobado que el terreno es fértil si se sabe sembrar y que el público capitalino está ávido de nuevas experiencias de calidad, lo que hace que tengamos que entregarnos completamente para satisfacer al cliente bogotano cada vez más exigente”, finaliza Rodríguez.

Honoria Montes

Especial para Carrusel

@HonoriaMontes

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