El desencanto de Pirry

El desencanto de Pirry

Iba a ser su gran regreso a la televisión, pero las directivas del canal RCN decidieron cancelarlo.

Guillermo Prieto 'Pirry'

Decepcionado del país y del periodismo, el célebre Guillermo Prieto asegura que pasará mucho tiempo antes de que vuelva a ejercer. Entrevista.

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Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

27 de abril 2017 , 12:18 p.m.

No solo es uno de los periodistas con mayor credibilidad del país. Es un líder de opinión. Uno al que siguen jóvenes y viejos, gente de la clase media y alta. Pobres y ricos. También un tipo extremo. Al que le gustan los deportes de riesgo. El que es capaz de jugarse la vida en un reportaje. A principios de la década del 2000, Guillermo Prieto (Tunja, Boyacá, 1970) revolucionó la parrilla televisiva con El mundo según Pirry, que a partir del 2008 se llamaría Especiales Pirry. Allí nos mostró paisajes y culturas de países lejanos, compartió historias de corrupción, pobreza y del absurdo humano, pero también de fortaleza y de esperanza. Con ese formato ganó, a título personal, cuatro Premios Simón Bolívar. 

En el 2015 se tomó un año sabático para seguir recorriendo el mundo a su manera y cazando historias. Este año sería el gran regreso, pero no pudo ser.
A punto de salir al aire, las directivas de RCN, la casa periodística en la que se formó, llamaron a Pirry para comunicarle que el programa no se emitiría. Le dijeron que la parrilla no necesitaba cambios. Desconcierto total. ¿Cómo pudo suceder algo así? ¿Qué había detrás? Como casi todo lo que tiene que ver con Pirry, la noticia recorrió el país y se convirtió casi en un asunto nacional. ¿Lo censuraron? ¿Alguien pagó para que no saliera? ¿Alguien no quería que se destapara un nuevo escándalo?
Dos meses después de aquel suceso, Pirry sigue sin creer la versión oficial. Una cosa sí es cierta: el programa presentaba una investigación según la cual la familia del senador Mauricio Lizcano, presidente del Congreso, había adquirido unas tierras que años atrás habían sido objeto de despojo y cuyos dueños habían sido desaparecidos. En esas parcelas se adelanta un proyecto para construir una gasolinera en un área privilegiada donde se construirá una carretera que conecta el norte de Caldas con el sur de Antioquia. ¿Llamó Lizcano a RCN para que cancelaran el programa? El senador lo negó de manera rotunda, pero las suspicacias se dispararon.
“Si la parrilla de programación de RCN estaba bien y no necesitaba cambios, no nos hubieran dado ocho meses de salario para preparar un programa, no nos hubieran dejado hacer catorce investigaciones, no nos hubieran tenido ya promo al aire”, dice Pirry. “No me creo la respuesta oficial. Ahora, que haya sido Lizcano… pues tampoco puedo afirmar nada sin pruebas”.

No se trata solamente de que le hayan cancelado el programa. Esto va mucho más allá. Se trata de la realidad política del país...
Sí. De lo de RCN, pues ya no queda de qué hablar. Pero digamos que yo estaba motivado porque de alguna manera, cuando uno está metido en el fragor de la investigación, siente que está haciendo patria, que denunciar sobre la corrupción es un deber y uno se obsesiona con eso. Pero ya que me sacaron… Mejor dicho, salgo tan decepcionado de lo que está pasando en el país y de lo que pasó en el canal, que no voy a ejercer el periodismo por un buen tiempo.

¿Tan mal está el oficio?
Hay un círculo vicioso ahí. Cada vez es más malo el oficio, porque también cada vez es peor pagado y menos valorado. Entonces, se está acabando el periodismo investigativo. Pareciera que a los medios no les interesa ya hacer ese tipo de reportajes, no financian ese tipo de historias, de investigaciones... y quieren contratar a los periodistas por unos sueldos indignos. Entonces, entre más mal pagado es el periodista, como que también es menos la aspiración de quienes entran al periodismo y se encuentra uno con gente que pasó cinco años en una universidad estudiando Comunicación Social y Periodismo y no saben qué está pasando en Siria; no saben qué pasó en Irak, no saben cuál es la historia de la guerrilla en Colombia, o sea, saben lo que cualquier parroquiano y se alimentan de lo mismo que cualquier parroquiano: de los titulares y de los tuits. Hay muchos problemas con el periodismo. En la carrera les pagan muy mal a los profesores, los estudiantes salen muy mal preparados, los medios de comunicación les pagan una miseria y pareciera que el público tampoco exige.

¿Y cuál es su visión de Colombia?
Realista. Trato de ver y medir las cosas desde los hechos, desde los antecedentes históricos. Por ejemplo, no les doy ni más ni menos importancia de la que tienen a los actuales escándalos de corrupción porque miro el antecedente histórico. Gobiernos corruptos han sido los de Santos, los de Uribe, los de Pastrana… es una norma en este país. Así como es una norma la mala distribución de la tierra, la brecha social, etc. Entonces tampoco soy muy optimista. No pienso que esto se vaya a arreglar mañana con un cambio de presidente. Pero también sé que este país no se va a hundir de un día para otro, no me creo los cuentos que le echan a uno de que nos vamos a volver 'castrochavistas' o que nos vamos a ir para el otro lado.

Como sociedad, ¿qué cree que deberíamos hacer frente a la corrupción?
Siempre decimos que lo que hay que hacer es no elegir a los mismos. El problema es que tampoco se nos presentan opciones nuevas, entonces es como un círculo vicioso. Pero creo que la gente podría ser menos indiferente ante los movimientos cívicos y ante los movimientos sociales. Si algo ha cambiado al mundo ha sido precisamente eso. Noam Chomsky lo explica muy bien en un documental que la gente debería ver en Netflix, Requiem for the American Dream. Es la unión de la sociedad civil, a través de la protesta pacífica, la que ha logrado cambiar políticas como las de los derechos civiles en los Estados Unidos o la guerra de Vietnam, o Mayo del 68 o la Primavera de Praga o incluso la Primavera árabe. Pero nosotros no nos unimos. Si hay una protesta ni siquiera nos interesa saber si es justa o no. Nos hemos vuelto un pueblo absolutamente indiferente, nos parece que no podemos hacer nada y nos encerramos en nuestra pequeña concha, y si acaso protestamos en las redes sociales. Creo que hacen falta líderes frescos que no tengan filiaciones políticas, que logren convencernos y movilizarnos. Pero más allá de eso, yo creo que se necesita es una ‘revolución de las cosas pequeñas’…

¿Es decir?
Siempre estamos esperando que el Gobierno cambie y que los de arriba se vuelvan honestos, pero ¿y nosotros? Tal vez si ensayáramos todos a hacer cosas pequeñas, millones de cosas pequeñas hechas al tiempo por muchas personas, eso podría generar grandes impactos.

¿Por ejemplo?
Lo de las pequeñas cosas nunca lo concebí como una campaña, sino que se me volvió una filosofía de vida. Quizás a raíz del programa. En el caso de los periodistas, una buena forma sería ir más allá de cubrir el hecho. Ver si uno puede lograr influenciar positivamente la vida del protagonista de su historia, por ejemplo. Si es una víctima de minas o alguien a quien la salud no le da lo que le tiene que dar, o si es alguien injustamente condenado… pues buscarle ayuda, asesoría legal, que no solo sea alimentarse de su historia. Y si se puede hacer como periodista también se puede hacer como empleado bancario o en cualquier cosa de la vida. De lo que se trata es de dar un poquito más, ¿no?

Supongo que en ese sentido su trabajo le ha dado muchas satisfacciones…
Como sentir que uno logra cambiarle la vida a alguien, a veces en unas formas que uno ni se imaginaría. Está la historia de los niños víctimas de minas que acabaron no solo teniendo una prótesis, sino viviendo en Canadá con una vida que nunca habían podido tener. Nosotros fuimos el vehículo para eso. Y también está la historia de un niño de 5 años que tenía un lunar del tamaño de un caparazón de tortuga y no podía jugar fútbol, escasamente podía ir a la escuela. Nadie le quitaba eso de la espalda. Era una operación demasiado complicada que ni una EPS ni una prepagada hacían. Pero gracias al programa, los médicos de la Cardioinfantil asumieron el riesgo. Cuatro años después me encontré a la mamá del niño contratada por Crepes & Waffles y me mostró fotos de su hijo jugando fútbol con sus amigos. Son pequeñas historias de gente a la que le cambia la vida.

¿Para qué le ha servido viajar?
Cuando uno viaja alrededor del mundo se da cuenta de que Colombia ni es tan mala como a veces la sentimos, ni es tampoco el mejor país del mundo. Lo que sí puedo decir es que es el que más quiero porque es el mío. Viajar me ha dado una visión mucho más amplia y clara del mundo.

¿Es religioso?
No.

¿Espiritual?
Pues trato de buscar la espiritualidad, aunque siento que soy muy pragmático y le creo mucho más a la ciencia. Yo creo y estoy seguro de que hay una energía creadora, superior, que nos puso acá y que su mayor reflejo de bondad y de amor es todo esto que nos dio, que se llama la naturaleza. En Dios creo, no en los dueños de la franquicia.

Créanlo o no, soy muy inseguro. Entonces, yo más bien soy de los que prefieren pensar que todo va a salir mal para luego consolarme. Prefiero no esperar nada y que me sorprendan, a salir decepcionado


Mucha gente lo admira… Tiene muchos seguidores. ¿Alguna vez se le ha subido la fama a la cabeza?
No creo. Más bien es que soy un man muy inseguro. Créanlo o no, soy muy inseguro. Entonces, yo más bien soy de los que prefieren pensar que todo va a salir mal para luego consolarme. Prefiero no esperar nada y que me sorprendan, a salir decepcionado. Soy consciente de mis seguidores y me honra, me siento afortunado. De alguna manera, ellos son los que me mantienen vigente. Pero no, no se me ha subido a la cabeza más allá de que me dé mamera que me tengan media hora en la calle tomando fotos y uno les diga “ya no me jodan más, me voy”. Más allá de eso, no. Yo veo a otros periodistas que se vuelven amigos del poder y les encanta. Se vuelven del jet set. Eso a mí no me llama la atención ni me tienta.

Ahora que no habrá más 'Especiales Pirry', por lo menos en RCN... ¿Qué sigue?
Por el momento estoy muy decepcionado del país y del momento político. Ver a la gente agarrada por Santos y por Uribe de una manera encarnizada, como si no se dieran cuenta de que son representantes de un mismo sistema político. Ver al pueblo marchando con Uribe contra la corrupción, o enceguecido por argumentos como que 'nos van a imponer la ideología de género'; y la gente no sé si es que se lo cree o es que no le importa ser cómplice de las mismas mentiras con tal de que suba su caudillo. Entonces, uno se pregunta ¿por estos compatriotas voy a seguir arriesgando el pellejo y denunciando? Sé que no es la mayoría, dicen que los buenos somos más; espero que sí. Pero estamos muy desligados de nosotros mismos. El periodismo –por lo menos el de investigación– va a quedar en stand by, no sé hasta cuándo. Voy a volver a la esencia de lo que más me gusta, un placer egoísta, que es viajar.

JIMENA PATIÑO BONZA
​@JimenaPB
Para CARRUSEL

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