Vivir para contarlo

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Escribir sobre uno mismo es una práctica cada vez más extendida y con beneficios garantizados.

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Lo narrativo modifica el impacto de ciertos recuerdos y sentimientos sobre nosotros.

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MiguelYein

31 de enero 2017 , 04:14 p.m.

“Quiero seguir viviendo incluso después de mi muerte”, escribió Ana Frank en uno de los textos autobiográficos más famosos del siglo XX. Apenas tenía 13 años cuando empezó a poner sus pensamientos y experiencias en papel. Vivía en los Países Bajos (donde había nacido) y permanecía oculta del terror nazi. Entonces poco se preocupó por el futuro de su proyecto: “Nadie va a estar interesado en leer las reflexiones de una niña de 13 años. Pero no importa. Tengo ganas de escribir”. Y punto.


Incontables instituciones se dedican hoy al estudio y promoción de esas escrituras cuyo eje fundamental son sus autores (en Italia, por ejemplo, existe la Libre Universidad de la Autobiografía desde 1998). Algunos, como Ana Frank, registran su presente. Otros buscan contar su pasado. Pero muchos van más allá: mirar atrás para sanar el dolor de lo que ya pasó.


La palabra, la terapia

El proyecto Baptcare Historias de Vida, llevado a cabo en Australia por Paula Bain –una profesional en el cuidado de pacientes con demencia– y Richard Freadman –investigador de la autobiografía–, es un ejemplo del poder de escribir sobre el pasado para transgredir obstáculos. Los resultados de esta iniciativa, que busca ayudar a personas que padecen este trastorno mental, se publicaron en febrero del 2016 en el Life Writing Journal. Y fueron más que elocuentes: aumento de la autoestima, reconexión con momentos placenteros del pasado y mayor sensación de poder cuidar de sí mismo.


En grupos más grandes y diversos los efectos positivos de la autobiografía también se han demostrado. El programa Write On, de la Universidad de Nueva York, evidenció que 35 de 53 jóvenes reclusos con diversos trastornos mentales mostraron, con respecto a sus padecimientos, un 20 por ciento más de resiliencia que el resto de sus compañeros tras haber hecho ejercicios de escritura entre 30 y 90 minutos por cuatro días (con intervalos), según un informe del portal ScienceDirect.


Ahora bien, los beneficios de la escritura autobiográfica no son exclusivamente para adultos mayores o personas con traumas psicológicos. Al respecto, Anna Caballé, profesora de literatura y responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona, cuenta que, en su experiencia, “la necesidad de escribir autobiografía no tiene que ver con la edad, sino con una forma literaria que resulta afín a las motivaciones que mueven al escritor; el mundo interior del que parte para escribir”.


Caballé, que investiga sobre el tema desde hace más de 30 años, ha llegado a la conclusión de que el valor terapéutico de la palabra es un hecho. “Definitivamente, escribir puede resolver situaciones confusas y clarificar la memoria de algo que pasó”, indica.


Cambio de impacto

El mundo interior de quien escribe está formado, entre otros factores, por su capacidad cognitiva de formar recuerdos. Se trata de un proceso complejo que se adquiere a partir de los 4 o 5 años de edad, según explica Viviana Restrepo, especialista en psicología clínica cognitivo-conductual de la Universidad de Antioquia. “Los recuerdos autobiográficos siempre se han considerado como el logro último de la memoria”, dice. De hecho, explica que todos los tipos de memoria que tenemos (como la procedimental, que se encarga de que funcionen nuestras habilidades motoras) se organizan para construir esos recuerdos. Y añade: “Al cerebro no le importa si una cosa pasó o no pasó, sino cómo lo experimentó: cuáles son los impactos en la vida actual de ese individuo”.


De esta manera es como lo narrativo modifica el impacto de ciertos recuerdos y sentimientos sobre nosotros. “Precisamente, la sanación de un recuerdo doloroso consiste en volver a experimentarlo para darle sentido a lo que antes no lo tenía", explica la psicóloga Restrepo.


Por esta razón es que para Inés Castaño escribir sobre uno mismo es liberador. A sus casi 70 años, esta exprofesora vallecaucana participó en uno de los talleres que promovió la Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía en Colombia (Amabc) en el 2015, una entidad sin ánimo de lucro que comenzó labores ese mismo año.


“A mí me ayudó a mirar con otros ojos lo que estaba guardado”, cuenta Castaño con simpleza. Le ayudó a respirar: “A veces hay culpas, miedos o tonterías que resultan ser realmente graciosas. Creo que escribir sobre uno ayuda a seguir en el presente”.


Un camino doloroso...

La señora Castaño lo dice claramente: “Escribir autobiografía es meter el dedo en la llaga, porque al escribir sobre ti mismo, en soledad y sin estar en conversación con los demás, sale a relucir la autenticidad”.


Paola Guevara, periodista caleña, cuenta que antes de publicar el año pasado la novela Mi padre y otros accidentes ─basada en el encuentro con su padre biológico a una edad adulta─ se sentía regida por “pulsiones de ira, odio y deseo de venganza”. Lo explica: “Durante el proceso de la novela les di voz, palabra y forma a muchas emociones que, de haber permanecido silenciadas, quizás me habrían destruido”.


No obstante, para llegar a ese punto tuvo que atravesar una tormenta psicológica compleja. “Por momentos debía soltar el lápiz y dejar de escribir porque mis manos temblaban solo de traer a la mente ciertos momentos de conflicto familiar en torno a la figura del padre ausente y la crueldad de la madre”, relata Guevara. Es una reacción que la psicóloga Viviana Restrepo considera natural: “Hacer un recuento de esos hechos es un proceso doloroso que implica, por suerte, una decisión personal de no quedarse con ese dolor adentro: la decisión voluntaria de enfrentarlo, escribir y modificarlo”, explica.


“Independientemente de cuáles sean sus razones personales, es indudable que quien escribe una autobiografía responde a alguna necesidad”, dice la profesora Anna Caballé. Al ser atendida esa misteriosa necesidad, el escritor se siente distinto. “He tomado distancia de la novela, puedo ver mi historia en perspectiva, sufro o me conmuevo por los personajes de esa historia, pero nunca más por mí”, afirma Guevara. Lo dice convencida: “A eso le llamo sanidad, la sanidad que vino con el poder catártico de la escritura”.

Si usted quiere hacer escritos autobiográficos, la psicóloga Viviana Restrepo y la escritora Paola Guevara le recomiendan:


1. Escribir sin juzgar lo que está escribiendo. Deje que las ideas fluyan en función de lo que quiere elaborar.
2. Escriba con la mano, no con un teclado. Escribir con el movimiento de la mano implica mayor actividad cognitiva que hablar. Eso contribuye a la salud mental.
3. Respeta la vida de los otros en tus escritos. Si piensa publicar su texto, ¡cuidado con a quién menciona! Considere cambiar los nombres de personas involucradas en hechos delicados.
4. Pregúntese acerca de las emociones. No escriba de un evento sin describir las emociones que sintió, pues estas son las que se van a reevaluar y a sanar.
5. Pregúntese si esa emoción es coherente con la situación descrita. Es posible que la forma en que interpreta un evento no sea la única manera de percibirlo. Contemple todas las opciones. Quizás eso no pasó solamente porque su mamá no la quería.

Tres libros que hablan de sus autores:

Comer, rezar, amar, de Elizabeth Gilbert (2006). Las memorias de Elizabeth Gilbert recuentan su viaje por Italia, India e Indonesia después de su divorcio. Es un texto que muestra cómo estos tres países la ayudaron a reconectarse con ella misma. (Ed. Aguilar)


Instrumental, de James Rhodes (2015). La autobiografía del pianista James Rhodes, si bien no es un testimonio de una sanación total, permite ver cómo el autor se siente aliviado tras poder hablar de un tema silenciado frecuentemente: el abuso sexual. (Ed. Rey Naranjo y Blackie Books)


Mi bipolaridad y sus maremotos, de Catalina Gallo (2016). Esta reconocida periodista que es esposa, madre y profesional decidió contar su historia como una forma de hacerle frente al estigma social sobre las enfermedades mentales. (Ed. Planeta)

MARÍA EUGENIA LOMBARDO

Redacción CARRUSEL

@puntoyseacabo

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