| Actualizado hace 47 minutos

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo.

  • Pico y placa
  • Clima
  • Que buena compra
  • Facebook
  • Twitter

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Aprendiendo de Ciudad Bolívar

Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 5:49 p.m. | 28 de Octubre del 2010

En ciudad Bolívar

Alexandra Támara y los niños de Ciudad Bolívar.

Foto: Rodrigo Sepúlveda

Alexandra Támara, una mujer que abandonó sus comodidades para ayudar a los niños de este lugar.

Ya no había vuelta atrás: se iría a vivir a Ciudad Bolívar, una de las zonas más deprimidas de Bogotá. El apartamento de Alexandra Támara estaba en el barrio Chapinero y ella había sido criada en el norte de la ciudad, con las familias acomodadas. Pero guiada por la mano de un sacerdote amigo y por la más profunda convicción católica de atender a los más necesitados, desde el año 2002 ayudaba a niños en esta localidad de la capital y sentía que era vital compartir con ellos las 24 horas del día, todos los días.

En el año 2003 había legalizado Pintando caminos, una asociación sin ánimo de lucro que poco a poco fue creciendo hasta tener una casa propia, construida y dotada con donaciones, donde había una habitación para Alexandra. Renunció a su trabajo como asesora de una empresa y a ese cuarto de "mi casa", como ella la llama, llegó a compartir con sus 200 "hijos", como les dice. Y fue entonces cuando descubrió las verdaderas necesidades de los niños: amor y comida.

Atrás quedaron las convicciones creadas desde la distancia según las cuales lo importante era cambiarles totalmente su mundo. Comprendió que no puede sola contra la violencia ni contra los problemas sociales, pero sí puede enseñar a ser amoroso, a tener dignidad y mostrar un mundo fuera de las calles de Ciudad Bolívar. También puede disminuir el rencor contra la sociedad en el alma de estos menores, porque han recibido ayuda de otros a través de Pintando caminos, y cambiarles el imaginario, de tal forma que algún día recuerden que durante su infancia alguien los amó, les dio un dulce, les escuchó sus sentimientos y les tuvo siempre a mano un plato de comida.

A las 11:30 comienzan a servirse los almuerzos en Pintando caminos, y en aproximadamente una hora, cien niños han comido fríjoles con arroz, yuca y jugo, y una colombina.

Los pequeños llegan graneados, y todos, sin excepción, saludan a Alexandra con efusividad, le dan besos, abrazos y le cuentan de su vida. Ella las conoce todas, al más mínimo detalle. Sabe qué preguntarle a cada uno. Un regaño por no ir al colegio, unos cordones nuevos para la que los tiene mojados, una crema para la herida de la niña en la mano que ya tiene pus...

Durante las tardes y en las mañanas, los niños van a la casa a hacer tareas. Tres veces a la semana cuenta con una sicóloga que lleva consigo los conocimientos de la enseñanza para la comprensión con la que los muchachos aprenden a leer y escribir. Alexandra sabe que estos niños pueden tener una oportunidad si logran vincularse al mundo laboral, y ella, como abogada asesora de empresas en recursos humanos, les enseña a quererse a sí mismos, a cuidar su cuerpo y su alma. Como dijo una vez un niño: "Uno entra a esta casa y se siente como en un castillo encantado".

La comida no la negocia. Su primer choque con el hambre fue cuando comenzó a trabajar en la zona hace ya 10 años, Un sábado, mientras jugaba con los niños, les dijo al mediodía: "Quienes tengan almuerzo en sus casas vayan y vuelvan". Entonces, un niño preguntó: ¿Y los que no tenemos almuerzo nos podemos quedar? Los 70 se quedaron.

O la niña a quien su mamá retiró del programa porque como comía una vez al día, al llegar a la casa sus hermanos la manoteaban; o la pequeña que no quería ir la colegio porque a la hora del descanso sus compañeras sacaban las onces, ella no tenía las suyas y no había comido nada, entonces sentía tanta rabia que las odiaba...

Se supone que en Pintando caminos cada niño debe pagar 300 pesos por su plato, pero eso de cobrar cartera a veces es tiempo perdido. No importa, las matemáticas de Alexandra dicen que donde comen tres comen cuatro, pero como su filosofía no es regalar, porque considera importante ganarse el pan con dignidad, si algún niño tiene hambre y su mamá no paga, el menor puede recibir el almuerzo a cambio de un trabajo simbólico, como ayudar a lavar los platos, a limpiar las mesas, a barrer... o ir a las actividades del fin de semana.

Porque viviendo en Ciudad Bolívar Alexandra también aprendió que jugar es clave, porque así evita que los niños se queden calle arriba, calle abajo, y lleguen "los tipos del vicio" y los pongan a trabajar para ellos.

Y fue adquiriendo en el día a día la conciencia sobre la importancia de expresar amor. "Es que los besos que tú me das no me los da nadie más", le dijo un niño. "Llego muy cansada por las noches para darles abrazos a mis hijos", le dijo una mamá. Alexandra duró dos años y medio viviendo en Ciudad Bolívar. Ahora va todos los fines de semana, como lo ha hecho durante los últimos 10 años de su vida, y sueña con ver graduado a uno de sus "hijos", con algún título tecnológico y vinculado a la fuerza laboral. También tiene un sueño más actual y es poder darles Milo a los pequeños, porque cuando la plata le alcanza para comprarlo, comprueba que los niños crecen más.

Pintando caminos cuenta hoy con 90 personas que donan cada una 40.000 pesos mensuales, no tan rigurosamente, y una empresa que le da un millón de pesos cada mes. Del resto, no sabe, porque como le dijo a Dios cuando decidió vivir de su fundación y no sabía si tendría con qué comer, "yo me voy a ocupar de tus cosas, tú ocúpate de las mías".

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.

Volver arriba