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Postre de notas / Mensaje a todos los que pueden ser mis hijos

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Mensaje a todos los que pueden ser mis hijos

Queridos posibles hijos:

Ha llegado el momento de revelar el gran secreto. Tengo que hablar. Me pesan demasiado el silencio y la responsabilidad moral.

Hace unos años, ante los desastres de la guerra, la contaminación y la corrupción, un grupo de científicos cuyas nacionalidades no puedo revelar decidió que era urgente salvar la Tierra y pensó que esta empresa histórica no podía encomendárseles a quienes la han arruinado. Por lo tanto, había que crear unas generaciones nuevas dotadas de inteligencia superior, solidaridad, imaginación y, de ser posible, aspecto físico atractivo y simpática personalidad. Nació así el Banco Internacional de Semen (BIS), cuya existencia hoy destapo.

Los sabios consideraron que era imposible e innecesario producir siete millones de nuevos ciudadanos: bastarían unos pocos miles de líderes que guiaran el mundo hacia un futuro mejor. La clave era hallar un puñado de preclaros y reproductores varones y miles de mujeres que llevaran en sus entrañas su simiente.

Los escogidos fuimos treinta y tres. Ignoro los nombres de los otros. Solo sé que pertenecen a diversas nacionalidades y razas y que el único colombiano que clasificó fui yo. Por infidencias, me enteré luego de que no había en el grupo ejecutivos de bolsa, cantantes de balada, ni autores de libros de autoayuda.

Secretamente nos llevaron a un laboratorio y, una vez allí, cada uno realizó reiteradas donaciones fecundativas. Nada diré sobre los métodos para lograrlo ni los nombres de las bellísimas actrices y modelos que ayudaron a engrandecer el asunto. Al cabo de pocas semanas, el BIS había recogido material suficiente para realizar concepciones en todos los países del orbe. Parte indispensable del proyecto era el anonimato: las mujeres no podían saber que la donación provenía de uno de los treinta y tres hombres ejemplares, ni ellas podían ser escogidas por razones diferentes a su salud y su deseo de procrear. Lo contrario habría asimilado el plan de salvación a los horribles experimentos nazis.

La iniciativa era excelente. Pero la traicionó la agenda. Cuando ya estaban atesoradas las muestras, sobrevino la crisis internacional de la banca, el Fondo Monetario intervino el Banco de Semen y, como resultado, sus ampolletas se regaron de manera caótica por el mundo entero: he ahí otra tragedia de la globalización.

¿Qué tenemos ahora? Tenemos millares de niños que, sin que ellos, sus madres ni los donantes paternos lo sepan, son hijos de los treinta y tres superdotados. Se han dicho muchas mentiras. Algunos científicos me atribuyen la paternidad de Brad Pitt; pero es solo por la semejanza física, pues su edad lo descarta. Me preocupa, en cambio, que empiezan a aparecer en Japón y Halifax niños aficionados al vallenato y que han visto en Namibia, Serbia y Bakú a pequeñines que desarrollan calvicie prematura, se dejan la barba, adoran las rancheras de José Alfredo Jiménez y usan gafas.

Nada de esto prueba que sean mis hijos. Pero, ¿de dónde salen, entonces, los escolares hinchas de Santa Fe que pululan en Camerún, Madagascar y Barinas (Venezuela)? ¿Quién más puede ser el progenitor de esa nueva generación de niños alemanes y rusos que derrochan humor, belleza, gracia? ¿Cómo negar el origen de los jovencitos londinenses que odian los clubes sociales, se niegan a usar corbata y saben de memoria poemas de Quevedo y Carranza?

No quiero afirmar nada. Pero si algún sardino considera que puede ser producto de la quiebra del BIS, le ruego que me mande el regalo de Día del Padre a EL TIEMPO, Revista CARRUSEL, Bogotá, Colombia.

Mis agradecimientos de antemano.

Daniel Samper Pizano

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