Patrocinado por:
Comente esta nota Enviar a un amigo Versión imprimible Error ortografía Reducir fuente Fuente predeterminada Ampliar fuente

Febrero 14 de 2007

Editorial / Carnaval de Barranquilla

Por: Isabela Santo Domingo, Directora.

De todos los especiales que hacemos para ustedes a lo largo del año, este es posiblemente el que tiene un significado, valga la redundancia, más especial para mí. Aparte de haber nacido en Barranquilla, el carnaval, que hoy, como todos los años, arranca en La Arenosa, es parte importante de mis recuerdos, motivo de orgullo para todos mis coterráneos y una de las muestras más importantes de cultura popular del mundo. Además de ser un verdadero ejemplo nacional de convivencia. Disfrutar del carnaval, vivirlo, verlo o incluso bailarlo, es una experiencia única y liberadora. Por eso, aparte de invitar a todos los colombianos a que disfruten de un evento cultural sin igual, quería dejarles algo para reflexionar: la descarnavalización del carnaval. Tal y como ha sucedido en Rio de Janeiro donde el carnaval se ha convertido en un "comercial" para los turistas, en un show montado solo para el beneficio de la televisión. Todo lo contrario a lo que sucede en el Carnaval de Salvador de Bahía, donde aún se respeta su esencia popular; y su importancia, dentro y fuera del país, reside precisamente en eso.

Acabo de regresar del Brasil y llegué con una imagen aterradora: si tanto los costeños, como los barranquilleros y el resto de los colombianos no empezamos a defender el Carnaval de Barranquilla, podríamos perderlo entre tanta comercialización y tantas reglas permanentemente impuestas para darle orden a un evento que, según lo dicta su misma naturaleza, no debe regirse por ningún parámetro y debe ser tan libre en sus distintas formas de expresión como siempre lo ha sido. Mucha concesión de palcos, mucha escarapela, mucho coordinador que no coordina nada, en fin... Solo espero que nuestro carnaval, nuestro Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, no termine convertido en otro de esos eventos, de los tantos que hay a diario en el país, que se centran en la forma y sacrifican el fondo. Ese fondo que nos convierte a los barranquilleros en seres únicos.

Cuando en las entrevistas me preguntan cuál es mi talento, respondo con una única verdad: haber nacido en Barranquilla. En mi ciudad la gente se toma el baile y el carnaval en serio, y por eso disfruta más la vida. Antes de despedirme quiero dar un aplauso a los gestores del Carnaval de las Artes al cual tuve el privilegio de asistir y del cual sale un artículo en esta edición. Lo último que quiero decir es que uno de los aciertos innegables del carnaval es su eslogan. No encuentro nada mejor para definirlo: Quien lo vive, es quien lo goza. Así que, anímense.

Enredados

¿Cuál es más bruta (o)?

Un bogotano, un caleño y un pastuso discutían para ver cuál de
los 3 tenía la esposa  más bruta.

El bogotano comenzó: es que mi mujer es muy bruta, ala. Imagínense que se compró una bicicleta todoterreno, de 18  velocidades, caballo de carbono, rines de lujo, espectacular, ala... Y la  muy bruta ni siquiera sabe montar en bicicleta.

El caleño dice: eso no es  nada, hermano... mi mujer es más bruta... vea que se mandó a construir una piscina olímpica con tres plataformas, dos trampolines y profundidad máxima... Y la  muy bruta ni siquiera sabe nadar.

El pastuso suelta la risa y les dice: eso no es nada, pues... mi esposa es todavía más bruta que las de sus mercedes. Imagínense que se fue de vacaciones para el Carnaval de  Barranquilla con unos amigos costeños, pero antes de irse, sin que ella se diera cuenta, yo le revisé la maleta y le encontré varias cajas de  condones... Y la muy bruta ni siquiera tiene pene.

 

<< Artículo 5 de 11 >>

Publicidad

Enlaces de texto

COPYRIGHT © 2007 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

Miembre GDAMiembro de GDA. Grupo de Diarios América.