Febrero 14 de 2007
El Carnaval de las Artes dejó claro que la fiesta en Barranquilla no es solo por la rumba
Del 8 al 11 de febrero La Arenosa contó con su propia fiesta de creación e intercambio cultural. Periodistas de la talla Jon Lee Anderson y escritores como Roberto Fontarrosa, fueron invitados
Es verdad, el carnaval es fiesta, es expresión, es alegría. Tal vez por eso el arte confabula a su favor, se convierte en el elemento que reclama a gritos su espacio, aunque todavía esté algo opacado por el brillo del mercado. Heriberto Fiorillo, director del Carnaval de las artes, y su codirector, Efraim Medina, bien lo saben y este año se tomaron a Barranquilla desde la cultura.
El Carnaval de las artes convocó a una serie de artistas del mundo. No se trató de un evento académico, sino más bien de un espacio de diversión, conversación y, claro, reflexión. Extranjeros y nacionales se unieron en una fiesta armonizada por el intercambio de ideas, en donde el impulso eléctrico de lo imprevisto, de la violación de convencionalismos y de la improvisación como cura contra lo estático fue la constante.
Periodistas de la talla de Jon Lee Anderson (Estados Unidos), que, sin duda, es uno de los grandes del oficio en el mundo, cronistas como Alberto Salcedo Ramos (Colombia), escritores como Roberto Fontanarrosa (Argentina) y Daniel Samper (Colombia), músicos como Chico Cesar (Brasil) y hasta actores como Róbinson Díaz, compusieron un verdadero "jam session", como dice Fiorillo.
"Es una inyección para Barranquilla, pues aquí no hay muchos programas culturales", dice Heriberto Fiorillo.
Efraim asegura que "el carnaval (de Barranquilla) se está volviendo previsible y estandarizado, como un producto empacado al vacío, y eso es lo peor que le puede pasar a una fiesta, porque pierde su alma". Esa fue la razón por la que se regalaron más de 220 entradas, una cifra considerable si se toma en cuenta que el teatro Amira de la Rosa (donde se desarrolló el Carnaval de las artes) tiene capacidad para 900 personas. Además, se convocó a personas de toda la ciudad para que hicieran parte del evento, lo que tampoco fue una tarea fácil, pues si bien hubo curiosidad, es difícil cambiar algunos prejuicios frente a la cultura y el arte.
Para Fiorillo, este tipo de iniciativas se traducen en ayudar a que la gente se ayude, pues "el conocimiento logra que las personas estén en control de su destino", asegura.
El éxito de esta primera edición se tradujo en la expectativa de los barranquilleros y la generosa asistencia de los invitados, que no desilusionaron al público, que se dio el lujo de oír (e intercambiar) las reflexiones y pensamientos de voces que resuenan en el planeta y que por unos días llegaron a la capital del Atlántico para hablar de la fiesta y la creación.
Invitados extranjeros
- Carlos Monsiváis, periodista y escritor mexicano
- Roberto Fontanarrosa, escritor y caricaturista argentino
- Donato Santori, constructor de máscaras italiano
- Yolanda Montes 'La Tongolele', bailarina y actriz mexicana
- Pancho Amat, músico cubano
- Chico Cesar, músico brasilero
- Jon Lee Anderson, periodista estadounidense
- Stefano Benni, escritor italiano
- Carlos Buono, músico argentino
- Florentino Gómez, director de cine de Guinea Bissau
La Cueva
Es la fundación gestora del Carnaval de las artes que preside Heriberto Fiorillo, pero también es restaurante y bar. Su nombre lo debe al lugar que frecuentaba el llamado 'grupo de Barranquilla', que era compuesto por personajes de la talla de Gabriel García
Márquez, Álvaro Cepeda Zamudio y Alfonso Fuenmayor, que se reunían en ese mismo lugar para tomarse unos tragos y hablar de la vida. Hoy La Cueva ofrece un espacio para comer y beber, pero sobre todo para pensar la cultura y para crear. Además, en el lugar se abre una importante plaza para jóvenes y niños, que encuentran un espacio en el que pueden expandir sus horizontes y acceder al arte.
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