Yinna Martínez reconstruye caras y vidas con su terapia

Yinna Martínez reconstruye caras y vidas con su terapia

Martínez hace máscaras para pacientes que han sufrido quemaduras y los ayudan en rehabilitación.

Reconstruye caras y vidas con su terapia

Yinna Martínez, terapeuta, lleva 14 años trabajando en el hospital Simón Bolívar.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

02 de agosto 2017 , 11:07 p.m.

Aunque a veces se siente vacía por no poder compartir con sus hijos la cantidad de tiempo que desea, también se siente feliz al ver en los rostros de sus pacientes una sonrisa de esperanza y un gesto de gratitud, luego de ayudarlos a ‘renacer’ cuando creían que ya todo estaba perdido.

Son el amor, la vocación, el esfuerzo y la pasión por lo que hace lo que lleva a la terapeuta Yinna Martínez a salir de su casa a las 6 de la mañana y volver a las 8 de la noche, más que con ojeras y cara de cansancio, con la satisfacción del deber cumplido.

No es fácil hacerles creer que es posible una nueva vida a aquellos que por accidente, o por culpa de otros, han sufrido algún tipo de quemadura en el cuerpo. Sin embargo, eso es lo que Yinna y el equipo de médicos, psicólogos y terapeutas del hospital Simón Bolívar hacen a diario.

Les enseñan a sus pacientes que tanto desde el punto de vista médico como espiritual es posible minimizar las heridas, las cicatrices, los golpes de la vida. La fórmula: una dosis de fe, fortaleza, ciencia y ganas de salir adelante.

“Unos 14 años, eso es lo que llevo trabajando en este hospital. Me encargo de la terapia ocupacional de los pacientes que vienen con quemaduras”, comenta la terapeuta, quien además, desde el 2013, se encarga de elaborar las máscaras transparentes para personas quemadas.

Desde hace cuatro años, este hospital, en cabeza de la Subred Norte, se ha venido convirtiendo en uno de los pioneros (en Latinoamérica) en el uso de estas máscaras, que reducen las cicatrices hasta en un 80 por ciento, beneficiando a casi 100 personas de distintas partes del país.

A nosotros nos capacitaron miembros de la organización internacional Médicos por la Paz en la elaboración de estas máscaras, con experiencia y ejemplos positivos en el Medio Oriente, debido al sinnúmero de mujeres cuyas caras son quemadas por culpa de hombres que les echaban ácido”, explica Yinna.

Desde ese entonces, no solo se ha dedicado a crear máscaras con láminas termoplásticas para cada uno de sus pacientes, sino a compartir sus conocimientos en algunas ciudades colombianas y países como Costa Rica y Nicaragua.

Lo que hacen estás máscaras es prevenir las hipertrofias –lesiones en la piel formadas por crecimientos exagerados del tejido cicatrizal–, pues hacen presión en el rostro de las personas para reducir la cantidad de oxígeno en ellas, que es el que hace que las cicatrices crezcan”, comenta Yinna, y agrega que antes de hacer máscaras transparentes, se deben armar unos moldes de yeso.

Pero su trabajo no se resume solo en ejercer el papel de terapeuta, también el de amiga y compañera de lucha de sus pacientes, quienes, incluso por encima de sus familiares, la ven como su confidente.

“Hay personas que nos dan a conocer sus sentimientos. Recuerdo casos como el de un joven cuyas quemaduras copaban casi un 70 por ciento del cuerpo; siempre decía: ‘Me quiero morir. Cuando salga del hospital me voy a morir’. Ahora es guardia del Inpec y está, más que nunca, aferrado a la vida”.

Entre sus pacientes también sobresale la pequeña –hoy de 13 años– que fue víctima de quemaduras a raíz de la caída de un avión sobre una panadería del barrio Villa Luz, en el 2015.

“Es la paciente con la que más he compartido. Recuerdo cuando la vi en la unidad de cuidados intensivos (UCI), estaba muy grave. Aunque sus padres fallecieron, ella se salvó. Las terapias con la niña comenzaban a las 7 de la mañana y se acababan a las 6 de la tarde. Hasta sus tareas las hacía aquí”, dice.

Ahora, luego de un esfuerzo tanto de la menor como de su tía –quien quedó a cargo– y del equipo médico del hospital, volvió a estudiar de manera presencial, aun cuando sus familiares y ella misma dudaban de la decisión.

Lo que buscamos es que ellos vuelvan a tomar la vida que llevaban antes, que entiendan que no hay por qué detenerse”, sentencia.

Y si bien ha cumplido con el reto de mejorar la calidad de vida de diversas personas, siente que le falta un sueño por alcanzar: “Hacer que todos, independientemente de los recursos económicos, o si pagan EPS o no, tengan acceso a estas máscaras, a este tipo de tecnologías”.

CARLOS ANDRÉS CUEVAS
Redacción EL TIEMPO ZONA

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