Un parque en el centro / Voy y vuelvo

Un parque en el centro / Voy y vuelvo

Tenían razón quienes siempre defendieron la intervención de este espacio público.

Parque Bicentenario de Bogotá

El parque Bicentenario está ubicado sobre el corredor de la calle 26, entre carreras 5.ª y 7.ª.

Foto:

Juan Diego Buitrago / Archivo EL TIEMPO

13 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

El parque Bicentenario de Bogotá, en pleno corazón de la capital, se ha convertido en el nuevo referente para millones de personas que a diario transitan por el lugar. Se trata de un escenario que después de muchas controversias pudo ver la luz del día hace un año y que hoy vale la pena visitar y recorrer.

Está ubicado sobre el corredor de la calle 26, entre carreras 5.ª y 7.ª. Tiene una extensión de 8.324 metros cuadrados y consta de un conjunto de ocho plazoletas, más de 3.500 metros cuadrados de zonas verdes y 554 de senderos ecológicos. Como se recordará, fue concebido no solo como un proyecto urbanístico y arquitectónico, sino como una forma de recuperar la ruptura ecológica que se había ocasionado décadas atrás con su vecino, el parque de la Independencia, para dar paso a la avenida.

El Bicentenario ha vuelto a revitalizar el sector. Produce placer recorrer sus espacios bien cuidados y seguros –gracias a la labor de AsoSandiego y el apoyo de Colpatria–; apreciar las exposiciones de fotografía, ver la proyección de una película, asistir a un concierto al aire libre, detenerse a contemplar el paisaje, tomarse fotos o simplemente disfrutar de su entorno, que incluyen el Museo de Arte Moderno, la Biblioteca Nacional, la plaza de toros la Santamaría y el Planetario Distrital. Da gusto que lo que en su momento fue considerado uno de los lugares más deteriorados y peligrosos del centro, hoy luzca como una extensión de las universidades que tienen sus sedes muy cerca, pues los jóvenes han aprovechado el parque para desarrollar numerosos eventos culturales y recreativos.

Que los turistas o visitantes espontáneos hagan a diario una parada en el Bicentenario para posar al lado de un letrero gigante con la palabra Bogotá o que al mes se hagan hasta seis actividades culturales es muestra de que tenían razón quienes siempre defendieron la intervención de este espacio público. Solemos ser duros para criticar antes de que las obras se hagan, y cuando se ven los resultados pocos lo reconocen.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com@ernestocortes28

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