¿Y por esto pagamos? / Voy y vuelvo

¿Y por esto pagamos? / Voy y vuelvo

Siguen sin terminarse las ampliaciones de las estaciones de Toberín, Mazurén y calle 146.

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En la autopista norte se presentan insufribles trancones todos los días.

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Archivo / EL TIEMPO

17 de septiembre 2016 , 08:26 p.m.

Quienes solemos usar la mal llamada autopista Norte lo hemos soportado todo: sus insufribles trancones, sus losas en mal estado, sus camiones de varias toneladas en mitad de la vía, sus motos que dan pavor, la fila sin fin de rutas escolares, huecos y remiendos, la salvajada de conductores de buses intermunicipales. Todo.

También hemos soportado los chistes que se hacen en torno a ella, como el que suele relatar Diego Santos, quien para descrestar a un turista extranjero al que había invitado a almorzar al norte le dijo que tomarían la autopista para mayor celeridad. Cuando el infortunado huésped se percató del taco espantoso de carros, buses y tractomulas, le preguntó a Santos: “¿Y cuándo llegamos a la autopista?” Avergonzado, el anfitrión solo respondió: “Es que preferí tomar por este atajo creyendo que sería más rápido”.

Decía que lo hemos soportado todo en la autopista Norte. Y estamos dispuestos a soportar más si resulta cierto aquello de que este corredor al fin será ampliado y revitalizado, así toque poner peaje para entrar a la ciudad. Pero lo que no estamos dispuestos a soportar los usuarios pagaimpuestos es la chambonada de lo que ha sucedido con las obras de ampliación de las estaciones de Toberín, Mazurén y calle 146.

Lo primero es la entrega de los trabajos, contratados en enero del 2014. A estas alturas, dos años y medio después, las estaciones permanecen exhibidas como monumentos abandonados y en perjuicio de miles de usuarios que creyeron que entrarían a funcionar en abril y luego en junio. Pero como muchos otros casos –hay 40 obras que los ciudadanos ya pagamos vía valorización y no se han hecho, ni han comenzado o ni siquiera se han diseñado–, los de estas estaciones llevan varios aplazamientos y pasaron de costar 17.200 millones de pesos a 23.000 millones, según informó el semanario ZONA. No hay derecho.

No soy ingeniero ni calculista, pero ¿alguien puede explicarme el sinsentido de que lo que iba a ser una simple ampliación de estaciones en la troncal norte se haya convertido en una pesadilla? No de otra forma se puede calificar que por culpa de un extraño esguince que deben hacer los conductores cuando se acercan al lugar de los trabajos, se pierda un carril. Usted viene en sentido sur-norte y, de repente, unas señales le indican que el carril mixto del costado occidental simplemente desaparece porque a los señores les quedó grande la estación. ¿Habrase visto? Y para suplir ese extraño y peligroso zigzag debió construirse un tercer carril, entre las calles 163B y 167.

¿En qué estaban pensando los contratistas? ¿Dónde estaba el interventor? ¿Los responsables del IDU del pasado gobierno aceptaron este sofisticado diseño? Hoy las estaciones lucen terminadas, pero sin funcionar. Y mucho me temo que se avecina un pleito con la nueva administración por el tema.

Seguramente habrá explicación, porque en estos casos siempre aparece una. Pero, de nuevo, los ciudadanos tendremos que quedarnos resignados.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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