Así se mueve el tráfico ilegal de animales exóticos en Bogotá

Así se mueve el tráfico ilegal de animales exóticos en Bogotá

Controles persisten, pero los negociantes se escabullen.

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Entre la venta legal de animales se camuflan traficantes de especies silvestres y exóticas.

Foto:

Abel Cárdenas / EL TIEMPO

15 de enero 2017 , 06:31 p.m.

‘Buscando a Nemo’ fue la película que puso de moda al exótico pez payaso, en el 2003. Ahora, en Bogotá está en la retina dicha especie, por cuanto la Secretaría Distrital de Ambiente incautó a principios de enero un grupo de estos y otros animales marinos que se exhibían en el centro comercial Atlantis Plaza. A la postre, los peces acabaron muertos porque, según la autoridad, eran un peligro para el ecosistema local. EL TIEMPO quiso saber qué tan difícil es encontrar tales especies en las calles y cuánto cuestan.

(Lea también: Polémica por peces sacrificados divide a los ambientalistas)

Cabe recordar que la venta de animales y peces exóticos, como los que vienen de mares lejanos, además de la fauna silvestre, está prohibida por la legislación colombiana (Ley 1333 del 2009 y artículo 328 del Código Penal Colombiano). Entre aquellas que no se pueden comercializar ni ingresar al país se encuentran variedades como los peces payaso, el cirujano, el mandarín, el real y el dragón. Tal restricción sube el costo de las acciones de los traficantes, quienes cobran más o menos dinero según el cliente que los busque.

No es fácil encontrar un ejemplar como ‘Nemo’. Hay que llenarse de paciencia, caminar y preguntar varias veces, hasta dar con el vendedor indicado. En la plaza de mercado del barrio Restrepo y en la avenida Caracas (entre calles 53 y 56), la mayoría de comerciantes de mascotas se muestran reacios a comentar sobre especies prohibidas. Pero la excepción, como en toda regla, aparece tarde o temprano.

Restrepo

Viernes 13 de enero, 10 a. m. La gente va y viene por el populoso sector comercial del Restrepo. La plaza de mercado, como en un día cualquiera, bulle de ofertas que invitan a degustar arrechón, morcilla, chorizo y otras extravagancias gastronómicas. En el segundo piso del edificio, el cacareo de las gallinas define que entramos en zona de animales. Conejos, cerdos enanos y pericos que no se callan compiten por antojar a los niños que pasan. Los vendedores tampoco se guardan las palabras y el “bienvenido, qué busca”, no se hace esperar.

Para tantear el terreno, primero se pregunta por dos animales silvestres cuya comercialización está restringida.

–¿Tiene iguana o lorito?

–No, están muy difíciles de conseguir. Ambiente (Secretaría y Policía) está encima, mucho control, y el tema es delicado –responde un vendedor con 15 años de experiencia–.

–¿Quién me puede ayudar? Son para llevar a una finca.

–Es difícil, una pendejada, porque se gana uno cualquier peso, pero se puede ir a la cárcel un montón de tiempo, más las multas.

La misma respuesta en casi todos los sitios hace pensar que la causa está perdida, hasta que un hombre con morral de cuero y gafas sobre la cabeza es casualmente sorprendido por el periodista en plena charla con un vendedor.

–Está muy difícil lo de conseguir un lorito. Me estaba pidiendo mucho (alguien indefinido aún). El observador espera que acaben la conversación y aborda al sujeto de gafas cuando ve la ocasión.

–Compadre, es que lo escuché y yo también estoy buscando un loro hablador, ¿dónde puedo encontrar uno?

–Vea, en el local de aquella esquina la señora le colabora. Pero la cosa es que está cobrando duro, y solo lo trae por encargo.

–¿Cuánto es duro?

–Unos 400.000 pesos. Pregúntele.

–¿Y es de los que hablan? ¿Es grande?

–Claro, le entregan uno grande.

En efecto, una mujer de unos 40 años, peliteñida, que en principio parece reacia, cede a la posibilidad de ganarse un dinero. Habría que pagarle 200.000 pesos antes, y luego la otra mitad, una vez llegue el pájaro, que se entrega en jaula cubierta. No da lugar a regates, y los loros pequeños (entre 100.000 y 200.000 pesos) están agotados. Iguanas y peces tipo ‘Nemo’, no vende.

En las ventas de peces del mismo sector nadie tiene el pez payaso.

–Eso cuesta mucho, es muy caro tenerlo porque la sola pecera marina vale como 5’000.000 de pesos. Por aquí dudo que lo consiga –dice la dependienta de otro almacén–.

–¿Pero lo han vendido antes? Estoy detrás de uno –inquiero–.

–Yo no, pero una señora que se fue vendía a 800.000 pesos el par. Mejor se compra uno de agua dulce bien bonito, y le vale 5.000 pesos.

Buscando a ‘Nemo’

Parecen incontables los negocios de mascotas sobre la avenida Caracas. Y entre preguntar una y otra vez por el pez ‘Nemo’ (todos entienden cuando uno lo refiere con ese nombre) y obtener respuestas negativas, por fin aparece una vendedora que se arriesga.

–Sí, pero... Ese es costoso, vale una plata.

–Sí, por eso lo estoy buscando, ya tengo pecera.

–Más o menos, 400.000 pesos cada uno, creo. ¿Para cuándo los necesitaría?

–Para ya, o cuando me los puedan entregar, un par.

–Espere hago una llamada –dice la mujer, al tiempo que marca en su celular, le pregunta a un tipo al otro lado de la línea y le advierte que sería para llevar dos ejemplares–. Asiente, dice ‘Ok’ y cuelga.

–Que le salen de 300.000 a 400.000 pesos, la pareja. Pero usted me tiene que dejar su celular, que él –el tipo del celular– lo llama y arregla con usted para entregárselo en su casa.

297 incautaciones entre 2015 y 2016

Antonio Nariño (allí está el mencionado barrio Restrepo), Chapinero, Teusaquillo y Fontibón son las localidades bogotanas que mayor tráfico de especies silvestres y exóticas presentan en Bogotá. Así lo dio a conocer la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA).

Al distinguir los tipos de incautaciones realizadas en esos dos últimos años, se encuentran descensos en las cifras. Mientras en el 2015 fueron incautados 752 animales silvestres (aquellos que son extraídos de su entorno natural, pero no representan riesgos para los ecosistemas locales), en el 2016 el número llegó a 405.

A su vez, el número de individuos exóticos decomisados (aquellos que vienen de entornos ajenos al colombiano y pueden generar algún desbalance en el ecosistema) por la autoridad distrital en el 2015 fue de 100, en tanto que el año pasado la cifra alcanzó los 40 animales. Sumados ambos periodos y los dos tipos de animales, se encuentra que hubo un total de 1.297 incautaciones.

“Los datos registrados hacen referencia solo al número de animales incautados en los operativos de control. No incluyen los decomisos realizados como resultado de las acciones del ejercicio de autoridad ambiental, como la vigilancia permanente en las terminales aéreas y terrestres, así como en establecimientos comerciales”, comunicó la SDA.

Por perjuicios ambientales relacionados con los casos reseñados, la misma entidad ha solicitado reparaciones que suman unos 200 millones de pesos, en aplicación del artículo 40 de la Ley 1333 del 2009, que contempla multas que alcanzan los 5.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes (s. m. l. m. v.).

Cabe mencionar también que en materia penal la sanción puede llegar hasta los 35.000 s. m. l. m. v., así como a penas de entre 48 y 108 meses de prisión.

Al observar el comportamiento de las localidades en ambos años, se encuentra que Teusaquillo tuvo 298 incautaciones en el 2015 y 9 en el 2016; Antonio Nariño, 218 y 0; Chapinero, 163 y 4; Fontibón, 1 y 39, y Los Mártires, 79 y 0.

Tráfico de proporción mundial

Natalia Pardo, vocera de la Plataforma Colombiana por los Animales, explicó que hay embarcaciones que viajan con peces por el mundo: “Hay interceptación de las autoridades de mar, pero los traficantes los botan al mar, con el peligro para los ecosistemas. Pero los que logran entrar al país, cuando llegan a los mercados, no hay autoridad que los controle”.

A diferencia de los animales silvestres colombianos, que se incautan y pueden volver a su medio, “los exóticos, víctimas de tráfico, no se salvan. Los sacrifican (por el riesgo que traen para el ecosistema)”, agregó.

Este negocio, según Interpol, mueve 25.000 millones de dólares cada año en el mundo. En Bogotá no hay cifras al respecto.

(Le puede interesar leer también: Millonario tráfico detrás de las mortales ranas doradas)

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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