¿Qué hacer con los 7.600 teléfonos públicos de ETB?

¿Qué hacer con los 7.600 teléfonos públicos de ETB?

Solo se usan 1.000 de estos. La empresa asegura que retirarlos costaría 4.000 millones de pesos.

Teléfonos públicos

De los 7.600 teléfonos públicos que hay en Bogotá, solo 1.000 se usan. Los vendedores de minutos fueron una competencia importante para estos aparatos.

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Ana Puentes

04 de agosto 2018 , 10:45 p.m.

Descuelgo el teléfono con cierto asco. Está lleno de polvo y telarañas. No hay tono. Repito la operación en el resto de Kennedy, y el panorama es el mismo: cabinas abandonadas a su suerte, llenas de grafitis, avisos publicitarios, teclas hundidas, pantallas rotas. En una mañana de recorrido no encontré uno que funcionara. Fue más fácil buscar un minuto a 200 pesos.

En Bogotá, los primeros teléfonos públicos se instalaron por decreto en 1956. En 1990 ya había 8.600, y funcionaban con monedas. En el 2000 eran 10.758, y utilizaban pago por tarjeta. En 2007 alcanzaron los 28.518.

Pero 62 años después de la primera llamada en los teléfonos tipo caseta, es casi un milagro encontrar algún teléfono público que funcione o al menos, esté limpio.

En 2018, la Empresa de Telefonía de Bogotá (ETB) tiene 7.600 teléfonos públicos instalados en la ciudad; de estos se usan apenas 1.000, “especialmente en cárceles, colegios y centros comunitarios. Sin embargo, la irrupción de las nuevas tecnologías ha hecho evidente una caída significativa en su uso”, dice un portavoz de la empresa.

Teléfonos públicos

Las cabinas son ahora parte del mobiliario de vendedores informales.

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Ana Puentes

Avanzo por la cuadra del Hospital de Kennedy; ninguno de los tres teléfonos públicos sirve. Una vendedora informal hizo de uno de ellos su estante de tintos y masa de arepas. “Hace más de un año dejó de servir, la gente lo dañó”, asegura.

No corresponde a la coyuntura de eficiencia en el gasto por la que pasa la compañía

Aunque la ETB explica que se hacen labores de limpieza, mantenimiento y retiro de los aparatos dañados, sacarlos completamente del espacio público costaría alrededor de 4.000 millones de pesos. Un costo inviable, según ellos: “No corresponde a la coyuntura de eficiencia en el gasto por la que pasa la compañía”.

Cuelgo una vez más, tampoco hay respuesta. Doy la vuelta a la cabina, falta la otra unidad. Una vendedora de ropa pide que me retire, necesita acomodar sus maniquíes sobre el punto metálico.

Alguna vez timbraron

En un principio, la ciudad carecía de teléfonos públicos, por lo que las llamadas se hacían en los cafés.

Solo en 1956 se instalaron las primeras cabinas por orden del Concejo. Las filas eran largas para hacer una llamada por 2 o 5 centavos: la conexión ahora era posible en barrios vulnerables.

ETB

Las primeras cabinas eran tipo burbuja.

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LIBRO ‘ETB. 131 AÑOS CONECTANDO VIDAS’

A principios de los 90 se pensó en innovación. Se instalaron sistemas para pago con tarjeta de crédito y se implementaron llamadas gratis a cambio de escuchar ocho segundos de propaganda. Comenzaba la decadencia.

Y lo cierto es que esto coincidió con el vandalismo, que siempre le encontró el quiebre al sistema. Cuando eran tipo monedero, rompían la caja para robar el producido. Cuando el pago fue por tarjeta, introdujeron objetos por las ranuras y los inutilizaron. Además, les quitaron las bocinas, se llevaron los cables, abollaron las bases de metal. Y cuando de ellos quedó solo el esqueleto, los llenaron de grafitis, les pegaron publicidad, los volvieron puntos de basura y dejaron que los perros orinaran sobre ellos.

A inicios de este siglo, la crisis era latente. Aunque se había habilitado una tarjeta prepago para promover su uso, los vendedores de minutos les ganaron terreno.

En 2014, en un intento por renovar las estructuras se hizo un plan piloto en 40 cabinas para ofrecer internet wifi gratis: permitiría la conexión simultánea de 20 personas con una velocidad de un mega. En su momento se dijo que para 2016 habría 6.000 nodos como estos. Hoy, el proyecto está detenido. Según la ETB, “su implementación no es compatible con el uso del espacio público reglamentado por las normas técnicas y urbanísticas para las estaciones de telecomunicaciones inalámbricas”.

Camino un par de cuadras más, descuelgo el último teléfono. Cerca, un vendedor de chicles y minutos me mira. “Mis celulares sí dan tono, niña”, dice riendo, y me extiende un viejo Nokia.

Le doy la espalda a la cabina. Más de 60 años de tradición y servicio quedaron hechos polvo y metal corroído.

¿Cómo lo hicieron otros países?

España: El diario El País informó que se prepara una ley que les quite su carácter de servicio público. Mantener las 15.000 cabinas de esa nación les cuesta 2 millones de euros a los operadores. Muy pocos colectivos han defendido su permanencia en las calles.

Estados Unidos: En Nueva York reemplazan los teléfonos tradicionales por aparatos de la empresa LinkNYC, una red de puntos inteligentes que, además de llamadas, ofrece el servicio gratuito de carga de batería, ubicación geográfica y conexión wifi. Se financian con publicidad digital. LinkNYC espera instalar 7.500 puntos en los próximos ocho años.

Reino Unido: Las populares cabinas rojas también entraron en desuso. Sin embargo, se dio la opción de comprarlas o adoptarlas para conservarlas. Otros las han convertido en bibliotecas o negocios.

ANA PUENTES
Escuela de Periodismo Multimedia de El Tiempo
En Twitter: @soypuentes

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