'Por limpiar me pagaban entre $5.000 y $8.000 el día'

'Por limpiar me pagaban entre $5.000 y $8.000 el día'

La abuela, como le dicen de cariño, soñaba con un lugar para reunirse a almorzar con su familia.

Así es la vida en las viviendas gratis que entregó el Distrito

Actualmente vive con su hija menor y con "Andresito", uno de sus nietos.

Foto:

Ana González Combariza / EL TIEMPO

29 de septiembre 2017 , 06:46 a.m.

Julia*, o 'la abuela' como le dicen de cariño sus vecinos, es una mujer de más de 50 años, quien no quiso revelar su edad.

Cuenta que un grupo armado fue el responsable de la muerte de su esposo, en el 2003, hace 14 años, en Yacopí (Cundinamarca). “Cuando eso pasó, uno de mis hijos tenía 14, el otro tenía 12 y el más pequeño 5 años. Ahorita tienen 30, 27 y 18”.

“Después de todo eso hablé con ellos y les dije: 'Bueno, mataron a su papá, tenemos que irnos, no podemos echar para atrás”. Y así fue, cuenta la abuela, mientras muestra su casa con orgullo.

Actualmente vive con su hija menor y con "Andresito", uno de sus nietos.

Llegó a Bogotá desplazada por la violencia. Primero buscó ayuda en la casa de su mamá pero, según comenta, la humillaron y despreciaron por no tener un trabajo estable. Luego se fue a vivir donde una amiga y su esposo, quien tenía una adicción por la marihuana, razón por la que tuvo que abandonar el lugar.

Así es la vida en las viviendas gratis que entregó el Distrito
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Ana González Combariza / EL TIEMPO

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Ana González Combariza / EL TIEMPO

Buscó un nuevo espacio para vivir junto con sus hijos mientras se desempeñaba como trabajadora doméstica. “Me pagaban entre $ 5.000 y $ 8.000 pesos el día”, recuerda. Se cansó de esa situación y resultó viviendo dentro de un salón comunal, donde le pagaban por hacer aseo y vigilar.

Luego de tres años en esa situación, la llamaron para decirle que le iban dar uno de los apartamentos que brindaba el Distrito. “¡No!, eso fue una bendición, una alegría. Yo vivía en Patio Bonito y me venía desde allá hasta Plaza de la Hoja para hablar con las personas encargadas y decirles que necesitaba ese apartamento para ya’ ”.

Afirma que lo mejor que le ha pasado desde que llegó a este lugar es que puede reunirse con su familia a almorzar y ver crecer a su nieto.

Desde donde vive tiene una vista casi panorámica de la carrera 30, el cruce del ferrocarril y los cerros orientales. Además de esto, el lugar favorito de su casa es la cocina. Su hijo le ayudó a modernizarla.

El día que conocimos su hogar, Julia* pensaba pintar una pared de un color diferente, tal vez verde o naranja, quería que cuando su hijo mayor fuera a visitarla viera el apartamento arreglado, como nuevo.

*Nombre cambiado por seguridad de la fuente.

ANA GONZÁLEZ COMBARIZA
Twitter: @Combariiza
ELTIEMPO.COM

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