Tensión en Rosales por futuro de la quebrada La Vieja de Bogotá

Tensión en Rosales por futuro de la quebrada La Vieja de Bogotá

Número de visitantes, segregación social, daño ecológico y seguridad, puntos álgidos del debate.

Quebrada La Vieja

Aún hay personas que llegan a realizar recorridos por el área de reserva, tras dos meses de su cierre; pero no pueden ingresar.

Foto:

Diego Santacruz

03 de noviembre 2017 , 06:03 p.m.

El cierre preventivo de la quebrada La Vieja –avenida Circunvalar con calle 71–, decidido gracias a la presión de vecinos de Rosales, y que esta semana completó dos meses, parece no tener fin.

Aunque el Acueducto entregó a la Corporación Autónoma Regional (CAR) los estudios de carga –que deben aclarar el verdadero número de visitas que soporta la quebrada–, ambas entidades no han acordado una fecha de reapertura.

La Corporación afirmó que, hace tres semanas, se reunió en una mesa técnica con la EAB y les solicitaron algunos ajustes a los estudios que estos últimos realizaron.

“Desde entonces no nos han llegado dichas modificaciones. Hasta que el Acueducto no las entregue, el sendero no se puede reabrir”, señalaron los voceros de la CAR.

Pese a que la entidad prefirió no dar a conocer las anotaciones que le hizo al documento, EL TIEMPO ZONA conoció lo que sería la primera versión en la que se recomienda que el número de visitas por día sea de 361 personas como máximo y de 735, para los fines de semana.

Es decir, más de 10.000 personas al mes (130.000 al año) podrían entrar a La Vieja sin afectar la calidad de su ecosistema.

Si bien esta cifra está muy por encima del número de las 42.000 entradas del 2015, cuando no se había decretado el nuevo horario del sendero (de 5 de la mañana a 4 de la tarde), también se sitúa por debajo de las del 2016, que fueron de casi 160.000.

El dato de 361 personas por día corresponde a la capacidad de carga efectiva de la quebrada, es decir, el volumen que puede soportar su infraestructura, personal y seguridad sin afectar las cualidades de su ecosistema, según el estudio de la EAB.

Con todo esto, a varios vecinos no les cuadra del todo el flujo de gente que propone este estudio, sobre todo a los residentes de Rosales, que denuncian un aumento en los problemas de orden y seguridad en la ronda de La Vieja que no pertenece al Acueducto –entre carrera cuarta y avenida Circunvalar–, desde los nuevos horarios.

Y, más recientemente, la comunidad reportó presencia de personas en el sendero que brincan la cerca que da paso a la quebrada aunque su cerramiento está bien señalizado.

Pero las quejas no solo vienen de los vecinos, los visitantes también denuncian maltratos y dicen recibir comentarios como: “fuera de acá, este no es su barrio” o “viera la cara de los que suben ahora aquí”.

Lo cierto es que, sin que el estudio de carga sea aprobado por la CAR, La Vieja seguirá cerrada, aun cuando es de los pocos senderos ecológicos –contando el páramo de las Moyas, la quebrada Las Delicias y el río San Francisco– que cuenta con seguridad y brinda un espacio saludable para los bogotanos.

Hay dos puntos en común entre quienes quieren la reapertura de La Vieja y quienes no: que el sendero sí se ha resentido y que sí se ha presentado segregación social, por lo que se debe implementar un plan de manejo integral y una campaña de cultura ciudadana.

‘El sendero nos trajo salud en todo sentido’

Andrés Plazas es miembro de la organización de ciudadanos Amigos de la Montaña. Desde 2016, los Amigos han logrado mejorar el acompañamiento policial y de paramédicos en La Vieja e instalar infraestructura; y hacia el futuro buscan señalizar sin impacto los caminos más seguros, por lo cual tienen una alianza con el Instituto Distrital de Turismo (IDT).

“No es que estemos privatizando la quebrada ni convirtiéndola en un atractivo turístico. Para nosotros es un puesto de salud. Por eso tenemos que mejorar su infraestructura, porque los bogotanos, de todas partes, tienen derecho a recibir sus servicios”, explicó.

Andrés afirma que, según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental de los ciudadanos depende de tener 10 metros cuadrados de espacio público verde. En Bogotá, esta cifra apenas alcanza a los 3,9, por ello la presencia de senderos que comuniquen con los cerros se hace necesaria, así como la difusión de horarios y normas para su visita.

‘No incluyeron a la comunidad en el estudio’

De acuerdo con Mauricio Rico, miembro de la junta directiva de Aquavieja, las preocupaciones de la comunidad de Rosales en cuanto al manejo actual y futuro del sendero de La Vieja se resumen en dos: la falta de participación ciudadana en la elaboración de los estudios de carga y que la quebrada se convierta en un atractivo turístico de la ciudad.

Según él, desde que en el 2016 se ampliaron los horarios de visita a la quebrada, el peregrinaje de los visitantes desde la carrera 2.ª ha generado varios problemas: ciclistas que bajan por el cauce de la quebrada, mascotas que ensuciando sus aguas, acumulación de basuras y hasta atracos.

Además, Rico afirma que, para Aquavieja y algunos vecinos de Rosales, es preocupante el trato dado al sendero por las autoridades turísticas de Bogotá.
“No se trata de que no vengan a la quebrada, sino de que no la pueden promocionar como un parque; es un sendero que tiene una función ecológica y su ronda, también”, dijo.

‘Hace 20 años nadie la visitaba, era el caño sucio del barrio’

Dos décadas antes nadie se atrevía a visitar la quebrada La Vieja. La ronda del cuerpo de agua, desde la carrera 4.ª hasta la avenida Circunvalar, era el caño de las casas y edificios de entonces. “La quebrada estaba cercada con alambre de púas, las aguas residuales llegaban a ella directamente; era el botadero de basura y vivían habitantes de calle”, recuerda Ximena Zambrano, exdirectora de Aquavieja.

Ella perteneció durante 17 años a esta organización ciudadana, que logró la recuperación de la quebrada, y fue su directora durante 12 años.

A raíz de los últimos problemas que ha tenido el barrio por el aumento descontrolado de visitantes, pero más por las quejas que recibía de varios de sus vecinos de Rosales, decidió apartarse del cargo.

Sin embargo, afirma que, como vecina de La Vieja, siempre seguirá difundiendo el legado que la recuperación de la quebrada les debe dejar a todos los bogotanos: “Esta quebrada es el mejor ejemplo de que es posible generar proyectos de recuperación, teniendo tres aspectos fundamentales: una comunidad comprometida y dispuesta a participar, la voluntad del las autoridades y el autosostenimiento”.

Precisamente, esos fueron los tres requisitos que cumplió Aquavieja y se convirtieron en un modelo para seguir.

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental de los ciudadanos depende de tener 10 metros cuadrados de espacio público verde.

En 1984, Josefina Castro, una vecina como cualquier otra, decidió descontaminar, con un grupo de voluntarios, la quebrada.

En ese primer intentó se enfermó por la contaminación del agua, así que a mediados de los 90 organizó la asociación y logró que Acueducto quitara las conexiones de aguas residuales.

Para el 2008, la asociación presentó el proyecto de descontaminación de la quebrada y su autosostenimiento, para que fuera aplicado a tres quebradas más de Chapinero: Las Moyas, Las Delicias y Morací. La propuesta ciudadana quedó aprobada en anterior POT de Bogotá.

EL TIEMPO ZONA

Sigue bajando para encontrar más contenido

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA