Padres que abandonen a sus hijos recibirán hasta nueve años de cárcel

Padres que abandonen a sus hijos recibirán hasta nueve años de cárcel

Los papás biológicos pueden perder la patria potestad y el vínculo con el menor.

Prisión de hasta 108 meses a padres que abandonen a sus hijos

Muchos niños abandonados son encerrados por sus padres en sus propios hogares, a merced de los accidentes.

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Policía Metropolitana de Bogotá

04 de abril 2017 , 12:47 a.m.

Una llamada a la línea 123 alertó a la Policía de Infancia y Adolescencia. Algunos vecinos vieron cómo el rostro de una niña se alcanzaba a asomar por una ventana. Durante horas escucharon un llanto que no cesaba, mientras caía un torrencial aguacero.

La dramática escena provenía de una vivienda de dos plantas del barrio Jaboque, en la localidad de Engativá. “Rompimos los vidrios de la puerta. Encontramos a dos bebés, de uno y dos años, en total abandono, sucias”, dijo el mayor Rodrigo Mancera Moreno, jefe de Infancia y Adolescencia de la Policía Metropolitana de Bogotá. Completaban un día sin nadie a cargo, pidiendo auxilio con su escaso vocabulario, sin comer. Así las encontró la patrulla especializada.

Su madre apareció horas después. “Dijo que no tenía dinero para contratar una persona que las cuidara y que por eso las dejaba encerradas”. Según Mancera, la Policía atiende entre cuatro y cinco casos como estos cada semana; de hecho, este año ya han sido registrados 45 en solo en Bogotá, casi siempre comparten una misma característica: sus padres los dejan encerrados y solos, a merced de los accidentes caseros y sin comida. “Por lo general, estos niños nunca regresan a sus núcleos familiares porque sus padres ni siquiera se preocupan por rescatarlos”.

Pero no solo se le llama abandono a quien deja a sus hijos en un lugar desolado o en su propia vivienda y se va. Según el Instituto Colombiano de Bienestar (ICBF), el abandono es una forma de maltrato infantil que ocurre cuando los padres o representantes legales de un niño dejan de darle todo el amor, el cuidado y la protección que necesitan, y dejan de suplir sus necesidades básicas. Es decir, el abandono también puede ser físico, emocional o psicoactivo. Para la ley todas son injustificables.

Ese fue el caso de Pedro. Mientras su mamá trabajaba en restaurantes, cocinando durante largas jornadas con la esperanza de llevar algo de comer a sus cinco hijos, Daniel, de 8 años, era abusado por su hermano de 14 años en su propia casa, en Bosa. “Yo no sabía que eso no era normal, por eso, nunca le conté a mis padres, ellos nunca estaban”.

Luego, en la adolescencia, cuando ya se dio cuenta de que eso era un delito, se guardó su pesadilla por temor a ser recriminado. “La gente dice que yo soy gay por eso, pero no es así, la orientación es otra cosa, yo lo siento así”.

Sus días trascurrieron huyéndole a la verdad. “A los 16 años yo solo quería irme de la casa, trabajar, ayudar a mi mamá, olvidarme de esos días en los que teníamos que pedir comida en la calle. Pero no fue así, en la calle no hay trabajo para chicos como yo”. Trabajó lavando carros, comía en Unidad de Protección Integral (UPI) de la 32, hasta que fue capaz de contarle a la sicóloga del colegio lo que le había pasado. Fue la única manera de liberarse de esa depresión que lo invadía.

El resultado de esa confesión no fue lo que esperaba. “La doctora le contó todo a mi mamá; cuando la vi, sentí que le iba a dar un paro cardiaco, lloró, se arrodilló, fue muy duro”. Lo que siguió a ese encuentro fue poner en conocimiento de las autoridades todos los hechos. Hoy, Pedro está internado en una casa del Idiprón, lejos del cuidado que no le dieron sus padres. “Ahora quiero ser bachiller, ser periodista, vivir, ser un guerrero”.

Cifras lamentables

Solo en el año 2016 el ICBF abrió 526 procesos de protección de niños y adolescentes por abandono en la Regional Bogotá. En el primer mes del 2017 cerró con 27 casos.

Es recurrente que quienes incurren en estas prácticas sean personas que experimentaron conflictos con su maternidad o paternidad, que se convirtieron en padres a una muy corta edad y no tienen las habilidades o la madurez suficiente para asumirlo.

En otros casos, son personas que han vivido situaciones difíciles, como el abandono mismo, carencias afectivas, violencia intrafamiliar, rechazo, enfermedades mentales o consumo de drogas y alcohol. También hay casos de personas que tienen fuertes presiones familiares o, simplemente, deciden emprender otro proyecto de vida.

Los niños que ingresan al sistema de protección del ICBF por abandono presentan condiciones higiénicas inadecuadas, tienen bajo peso, carecen de atención en salud o están desescolarizados. “El abandono es lesivo para un niño, no solo atenta contra su vida e integridad, sino que genera rupturas del vínculo afectivo, con significativas consecuencias en la autoestima”, dijo Cristina Plazas, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

A lo que se enfrentan cuidadores

Abandonar un hijo puede ser el peor error de la vida de un padre de familia o cuidador. El Código Penal Colombiano establece una sanción de 32 a 108 meses de prisión para quien abandone a un niño, niña o adolescente. “Si el abandono se comete en un lugar despoblado o solitario, la pena aumenta hasta en una tercera parte”, explicó Cristina Plazas, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF).

Cuando esta institución conoce un caso de abandono, un defensor de Familia y su equipo interdisciplinario emprenden un proceso para restablecer sus derechos, que puede terminar con la pérdida de la patria potestad y la ruptura definitiva del vínculo entre el niño y sus padres biológicos. “Cada caso de abandono no solo debería conmocionar, sino movilizar al país. No podemos seguir siendo indiferentes ante los hechos de violencia contra nuestros niños”, agregó Plazas.

Los menores de edad abandonados y puestos a disposición del ICBF son atendidos por un equipo interdisciplinario conformado por psicólogo, trabajador social y nutricionista, quienes realizan la verificación de sus derechos e informan al Defensor de Familia para dar inicio al proceso de restablecimiento de derechos, quien determinará cuál es la medida de protección más idónea para el niño.

Dependiendo del caso, el Defensor puede ordenar su ubicación en un hogar sustituto o en una institución especializada que garantice sus derechos, mientras se determina si hay algún miembro de su familia extensa que se haga cargo de él o si debe ser declarado en adoptabilidad para que pueda recibir, de una nueva familia, todo el amor que merece.

Lo más lamentable es que en muchos casos los padres ni siquiera buscan a sus hijos.

CAROL MALAVER
Subeditora EL TIEMPO

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