¿A qué juega el Eln?
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¿A qué juega el Eln?

Su miopía política podría mandar al traste el proceso de paz.

27 de junio 2017 , 11:22 p.m.

Aunque el atentado en el centro comercial Andino no haya estado entre los propósitos de la autoría intelectual, este acto terrorista afectó aún más la credibilidad en el proceso con el Eln. Y escribo “aún más” por cuanto no fue el atentado en sí la principal causa de afectación, sino la manera como la cúpula de esta guerrilla ha venido demostrando poseer una anacrónica y equivocada visión política para el contexto de la Colombia de hoy. La misma que, al parecer, calcula que un Presidente -premio nobel de paz- con “el sol a las espaldas” tendría cerrado el margen de maniobra para congelar o terminar el proceso.

Tan equivocada es la visión que, a diferencia de las Farc, han insistido hasta el cansancio hacer de la sociedad civil casi que el participante principal en la negociación, arguyendo que es de esa discusión de donde deben salir las decisiones más importantes de la mesa. Y la pregunta que surge es ¿Cree la cúpula del Eln que están ganando apoyo de esa “sociedad civil” para logar que sus representantes se sienten en la misma mesa con ustedes?

Por primera vez en mucho tiempo, las Farc no fueron señaladas entre las hipótesis de investigación del atentado del Centro Andino (ni siquiera en las especulaciones, salvo contadas excepciones) ¿Por qué? Sencillamente porque progresivamente han demostrado que su decisión de terminar con la violencia del conflicto no tiene reversa. En este punto cabe recordar que, en febrero de 2012, meses antes del inicio formal de negociaciones entre el Gobierno y las Farc, y sin que el primero hubiera siquiera hablado de desescalar el conflicto, declararon proscrito el secuestro como arma de lucha.

En contraste, y como inferencia lógica miembros del Eln, con o sin la aprobación de su cúpula, sí aparecieron desde el mismo día del atentado en una de las hipótesis de investigación, dados algunos antecedentes como el acto terrorista en el barrio La Macarena y por las actitudes y declaraciones de sus jefes desde que se instalaron las mesas de negociación. Tan evidente fue la sospecha hacia esta guerrilla que ellos mismos la percibieron y el mismo día produjeron un comunicado negando su participación y arguyendo algo así como que “no es su estilo”, lo cual puede ser cierto, pero no creíble por el grueso de la opinión.

En fin, el escepticismo en torno al proceso de paz con el Eln sigue creciendo por las acciones que adelanta el grupo guerrillero, como el secuestro de dos periodistas holandeses de lo cual son los principales sospechosos, o los ataques que continúan contra la infraestructura petrolera.

A pesar de lo anterior, el ELN continúa obstinado en su violación a la dignidad de la persona humana con hechos y posturas anacrónicas: “Nosotros seguimos reivindicando como rebeldes y alzados en armas, el derecho a privar de la libertad a quienes por diferentes circunstancias consideremos que deben hacerse merecedor a ello”, dijo Nicolás Rodríguez Bautista, alias “Gabino”, máximo cabecilla de este grupo.

Y agregó que “cuando iniciamos los diálogos con el Gobierno Nacional le planteamos la urgencia de un cese de fuego bilateral para que no ocurran ni muertos ni heridos de parte de las Fuerzas Armadas ni de la guerrilla”. Sin embargo, no es solo el secuestro de los dos periodistas holandeses, Derk Johannes Bolt, de 52 años, y Eugenio Ernest Marie Follender, de 68. También está de por medio el reciente plagio de dos uniformados, varios asesinatos y los ataques contra la infraestructura petrolera y estaciones de Policía.

A su turno el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, escribió en Twitter “el repudiable secuestro de periodistas holandeses como cualquier secuestro, dificulta negociaciones con Eln”. Pero esta no es la única ocasión en que Restrepo ha salido a dar esta declaración, lo ha hecho luego del asesinato de uniformados, quema de automotores, atentados al oleoducto y otros hechos en los que esta guerrilla ha aceptado su responsabilidad.

Así las cosas, hoy día la única esperanza de que el proceso de paz con el Eln no muera por inanición y por el contrario recupere credibilidad, es la de que se atienda el llamado de la jerarquía de la Iglesia Católica: “El llamamiento a percibir, desde adentro de nuestra alma común, aquella que prevalece sobre el conflicto nos da pie para formularles nuestro llamado a concertar y convenir un acuerdo bilateral del cese al fuego y hostilidades”.

CARLOS ALFONSO VELÁSQUEZ
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

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