Esta fue la Bogotá que no estuvo con el Papa

Esta fue la Bogotá que no estuvo con el Papa

Se pudo ver a la capital despejada y sin trancones en el norte y sur de la ciudad.

Papa Francisco en Bogotá

La carrera 7.ª con calle 116 estuvo despejada la mayor parte del día, en contraste con las congestiones habituales.

Foto:

Hugo Parra / EL TIEMPO

07 de septiembre 2017 , 09:00 p.m.

Lo que se vivió este jueves en la otra Bogotá, esa que se quedó al margen del encuentro apostólico de Francisco con jóvenes en horas de la mañana, de la ruta del papamóvil y de la misa campal en el parque Simón Bolívar, dejó la sensación de tener dos ciudades en una sola.

Mientras se realizaban los actos de la visita del Papa, la capital lució con vías despejadas la mayor parte del tiempo, sin los atafagos de carros en los trancones y con unos cambios de clima que no dejaron de sorprender a los foráneos: llovió en al menos tres oportunidades y hubo mucho sol, especialmente en la mañana.

Parecían dos ciudades: una, multitudinaria, ferviente y activa en la plaza de Bolívar y el parque Simón Bolívar; la otra, solitaria, tranquila y con mínimas congestiones tanto en el norte como en sur, con andenes despejados, calles limpias y con esa sensación de seguridad por todos lados.

Y aunque para muchos bogotanos el día comenzó con dificultades de movilidad hacia sus trabajos debido a los desvíos que ocasionaron los cierres por la ruta del Papa, la nota predominante fue la de estar en una ciudad distinta a la cotidiana capital del país. La del día a día.

“Ojalá fuera así todo el tiempo”, expresó el taxista José Delio Barbosa, quien a las 10:18 de la mañana no llevaba sino una sola carrera de viaje. “El alcalde (Enrique) Peñalosa debería imponer pico y placa todo el día, sería una maravilla”, coincidió el taxista con varios conductores de automóvil particular que no tuvieron mayores inconvenientes a la hora de movilizarse, como María A. Gómez, quien dijo que “el tráfico fue una delicia”.

Cada uno vivió la realidad de la ciudad a su manera: los turistas mañaneros, por ejemplo, tuvieron que dar un gran rodeo por el centro para llegar al barrio histórico de La Candelaria, cuando en días normales simplemente tenían que cruzar una calle.

Quienes trabajan en el centro tampoco pudieron llegar a tiempo por las restricciones en la movilidad, como le ocurrió a Nelly Castillo, auxiliar de una cadena internacional de alimentos, que madrugó y de todas maneras llegó tarde por la falta de transporte. “Mucho protocolo para ingresar”, comentó Armando Arrieta, otro trabajador del negocio.

A medida que avanzó el día, el panorama cambió en algunos sectores.

En la troncal Caracas, por ejemplo, fueron evidentes los trancones de buses de TransMilenio, especialmente entre las calles 26 y 72, pues ese corredor soportó buena parte del transporte público.

En el norte de la ciudad, los automóviles particulares brillaron por su ausencia, en especial entre las calles 72 y 127 entre las carreras 7.ª y 15; lo mismo ocurrió en el sur, en la avenida Primero de Mayo, en la zona del Restrepo y en Kennedy, tradicionalmente congestionadas por el comercio de mercancías.

“Esto es una maravilla, es como si la ciudad hoy fuera otra”, dijo Marina de Mejía, una residente del barrio Santa Bárbara, en el norte, que se unió a otros vecinos para sacar a su mascota al parque.

No faltaron los ciclistas que aprovecharon la ausencia de carros para desplazarse por las vías vehiculares.

Durante un recorrido por toda la ciudad, EL TIEMPO encontró camiones estacionados esperando turno para descargar sus productos en la Central de Abastos, en un punto donde a diario se vive una congestión monumental.

Entre tanto, por la calle 73 con 56, a lo largo del caño Salitre, apostados a lado y lado de la vía, estuvieron parqueados más de 100 buses de servicio especial en una larga fila que ocupó cuadras enteras a la redonda, a la espera de la salida de los feligreses, sin causar mayores traumatismos.

Pasado el mediodía, el cielo se encapotó y se temió por una fuerte lluvia, pero el tema no pasó de una hora, aunque el cielo lució gris toda la tarde, en contraste con el azul soleado de la mañana. Después de esa amenaza, el sol volvió a brillar en algunos sectores, lo que hizo que el día estuviera en una continua incertidumbre climática.

Los centros comerciales también sintieron el impacto de la ciudad que se entregó a los oficios religiosos.

Al que sí le fue bien fue al puesto de vacunación de la Cruz Roja ubicado en la entrada 3 de Unicentro: antes de la 1 de la tarde ya había aplicado 40 vacunas, cuando el reporte en promedio no pasa de entre 5 y 10. En contraste, puntos para donación de sangre como el instalado en la plazoleta del 20 de Julio apremió por falta de voluntarios. Igual que la oficina de pasaportes de la calle 53, la cual estuvo desierta.

En todo caso fue un día muy especial, atípico, donde hubo comerciantes que aprovecharon para lavar las fachadas, limpiar los andenes, pintar y embellecer sus negocios. Otros salieron a hacer las diligencias pendientes, visitar a familiares o salir a tomar café.

O como Winston Alexis Gómez, que aprovechó el día para hacer el trasteo, mientras que Lina González, de una fábrica de cinturones en el sector de los cueros del Restrepo, se dedicó a organizar su almacén familiar ante la falta de clientes.

BOGOTÁ

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