Nuevos vientos para el ambiente en la ciudad / Opinión

Nuevos vientos para el ambiente en la ciudad / Opinión

Opinión de Néstor Rojas, de la Universidad Nacional, sobre la contaminación del aire en Bogotá.

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Los automotores que más emiten material particulado son los equipados con motores diésel.

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Archivo / EL TIEMPO

22 de octubre 2016 , 11:28 p.m.

La contaminación del aire le cuesta a Bogotá más de 2 billones de pesos anuales por cuenta de muertes tempranas y enfermedades que pueden ser atribuidas a los impactos del contaminante más crítico: el material particulado. La mayor parte de esta afectación se presenta en las localidades del suroccidente de la ciudad: Kennedy, Bosa, Ciudad Bolívar, Puente Aranda y Fontibón, sectores con alta densidad de población y en las cuales la norma colombiana de calidad del aire se excede de manera significativa.

Esto no quiere decir que estas son las únicas localidades con problemas de contaminación del aire. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aire de Bogotá tiene concentraciones de material particulado que exceden sus lineamientos. Las aseveraciones sobre la calidad del aire deben hacerse con mucho cuidado. Tomando como ejemplo las partículas de tamaño inferior a 10 micras (PM10), el promedio de la ciudad en los últimos años ha estado alrededor del límite establecido por la norma colombiana, 50 microgramos de partículas por cada metro cúbico de aire. En Kennedy, por ejemplo, alcanzó un nivel de 70. Y el lineamiento de la OMS es de 20.

Si solo se toma como parámetro la norma colombiana, un análisis ligero establecerá que la ciudad tiene un aire de buena calidad, pues cumple con dicha norma. Pero si se compara con el lineamiento de la OMS, claramente se concluirá que la calidad del aire no es buena. Respiramos aire contaminado, lo que afecta nuestra salud. Debemos reducir la concentración de partículas en el aire, lo cual solo se logra reduciendo sus emisiones.

En localidades mayoritariamente residenciales, como Suba, se estima que los vehículos automotores aportan el 60 por ciento del material particulado, el polvo aporta cerca del 10 por ciento y el 30 por ciento restante viene con el viento desde otras localidades o, incluso, de otros municipios. En zonas industriales, los vehículos automotores aportan el 35 por ciento, el polvo aporta casi un 20 por ciento y la industria, como es de esperarse, más del 40 por ciento. Los automotores que más emiten material particulado son los equipados con motores diésel –buses, camiones y camionetas–, así como las motocicletas, que cada día son más. En la industria, los hornos y calderas que queman combustibles sólidos y líquidos, y no han instalado controles de emisiones, son las fuentes más importantes. Las calles, mediante la resuspensión de polvo, constituyen una fuente sustancial.

La Administración distrital tiene claro qué debe hacer, pues su Secretaría de Ambiente estableció una serie medidas prioritarias en el Plan Decenal de Descontaminación del Aire 2010-2020. Durante los primeros cinco años de ejecución del plan, la concentración promedio de partículas en la ciudad efectivamente se redujo en cerca de un 15 por ciento, en buena parte debido al aporte de Ecopetrol con el abastecimiento de combustibles con mejores características y una apreciable reducción en el contenido de azufre del diésel.

La implementación del SITP jugó un papel considerable. Y ha habido algunos controles importantes a la industria, especialmente en el parque minero industrial de Usme. Sin embargo, la ejecución de las medidas más trascendentales del Plan Decenal no ha sido exitosa. El caso con mayor deuda es el de las emisiones de los buses y camiones de diésel, conocidos popularmente como ‘buses chimenea’. El Plan estableció que la medida más efectiva para reducir emisiones de estos vehículos era la instalación de filtros de partículas, que tienen el potencial de eliminar por completo las emisiones de humo negro visible. Los intentos por ejecutar esta medida en la pasada administración resultaron lamentablemente infructuosos y el actual gobierno distrital ha puesto el tema en el congelador.

A pesar de que se renovó parcialmente la flota de buses, en particular con los buses híbridos que circulan por la avenida El Dorado y la carrera 7.ª, la flota de las primeras dos fases de TransMilenio, ahora vieja y obsoleta, seguirá rodando y contaminando por varios años más, pese a que su reemplazo se debió hacer hace cinco años. Así las cosas, es predecible que la contaminación del aire en Bogotá volverá a aumentar en los próximos años, a menos que el alcalde retome el Plan Decenal y le dé, literalmente, un nuevo aire.

NÉSTOR ROJAS
Director del grupo de investigación ‘Calidad del aire’ de la Universidad Nacional

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